sábado, 9 de junio de 2012
Capítulo 38 :)
Antes de irnos a la playa estuvimos hablando, sobretodo de mi hermano, y de lo que habíamos hecho aquellas dos semanas, todo se resumía en llorar, llorar y llorar,
en pasarlo mal, en mi orgullo, en sus ideas. Parecía que ninguno hubiese sonreído ni una sola vez desde esa tarde en la que ambos lo extropeamos todo, y era verdad.
l-Nunca me voy a perdonar lo que te hice ayer.
i-¿Qué me hiciste? Ah sí, llevarme al bosque a decirme en privado lo que sientes por mí.-Dije quitándole importancia a lo del secuestro y tal...
l-No, atarte y meterte en el maletero de un coche.
Miré al suelo.
i-Ya te he perdonado sonrías.
Sonrió y casi me mareé. Había necesitado tanto ver su sonrisa en momentos como ese...
A las ocho y media nos fuimos a la playa y no tardamos nada en llegar, por suerte no había nadie ya que estaba muy oscuro y hacía fresco. Pusimos las toallas.
Leo se quitó la rop,a quedándose en bañador.
l-¿No te quitas eso?
i-¿Quiéres verme en bikini en nuestra primera cita?
l-Te he visto mucho más desnuda.
i-Hace frío.
l-Déjame arroparte.-Susurró con la dulzura del caramelo más azucarado.
Me deshice de la ropa y me abrazó, rozando mis brazos con la yema de sus dedos. Temblando de amor entre sus brazos.
i-Me voy a bañar.
l-Yo te miro.-Se rio de su cobardía a la hora de meterse en el agua. Me soltó a desgana.
Entré en el agua, necesitaba helada, lo cual era perfecto, porque necesitaba un buen 'jarro' de agua fría para despertarme de ese sueño, o asegurarme de que aquello
estuviese siendo real. "¿Qué me he fumado" Pensé. "¿Un unicornio azul marino?" Entré, nadé un poco y volví. Leo me esperaba con una toalla abierta. Me la puso
cubriéndome entera y volvió a abraarme. Tropecé y caimos al suelo y él se puso a reir, y yo con él.
l-Nuestra primera cita y ya estoy encima de ti.
i-Pues no bajes, Leo.-Había momentos en los que, si nada externo nos llamaba, y nos concentrábamos, podíamos pasar horas mirándonos sin aburrirnos. Comimos
los sandwiches y luego dimos un paseo por la playa, de la mano. Llegamos a unas rocas, se sentó en una de ellas y me sentó a su lado.
l-Quería pedirte que todo vuelva a ser como antes. Yo no te mentiría, y menos de esa forma.
i-Nunca ha dejado de ser como antes porque en ningún momento he dejado de quererte.
Me levanté y eché a andar, pero él corrió y se puso justo delante de mi, creó que midió el centro y todo.
l-¿No pretenderás irte de rositas después de haber dicho eso, no?
i-¿A qué te refieres?
l-A nuestro primer beso.
Cogió mis manos y las colocó en su cuello y luego me rodeó por la cintura, antes de darme un segundo primer beso, que en nada se pareció al que había sido el
primero y que recordaba con detalle.
l-Por siempre.-Asentí, porque con aquel beso habíamos sellado más que nuestros labios, habíamos sellado nuestro amor.
Cogió su móvil y puso música.
i-¿El quinteto de cuerda de Boccherinni?
l-No lo sé, me lo pasó tu hermano, ayer.-Me cogió la mano y y su mano libre la colocó sobre mi cintura, yo, le puse mi mano libre sobre el hombro. Bailamos esa y
otras muchas canciones hasta que las piernas me desfallecieron. Cualquier excusa era buena para cogerle la mano y apoyar mi cabeza sobre su pecho.
Nos soltamos y continuamos nuestro paseo, corrimos, él detrás de mi la mayoría de las veces puesto que yo soy más rápida. jugamos, paseamos, y nos besamos
hasta tarde.
l-¿Vamos a casa?
i-No me acuesto con nadie en la primera cita. Además de que mi hermano está solo.
l-Nadie ha hablado de sexo. Y...si es por eso, podemos ir a tu casa y ver...una película.
i-Me apetece.-Recogimos las cosas y nos fuimos a mi casa.
Llamé al telefonillo.
ro-¿Quién es?
i-Rober, subo con Leo.
ro-Vale, campo despejado, me encierro.
i-No vamos a haber nada, vamos a ver una peli, ¡idiota!-Respondí antes las risas nerviosas de Leo.
ro-Vale. Os las voy preparando.
Subimos y entramos en casa.
ro-Aquí están las de miedo y aquí las románticas.-Dijo señalando dos montones de CD's.
No me acuerdo de cual vimos, sólo de que no le hicimos ni caso a la película. Yo me sentía demasiado ocupada para poder abarcar sus abrazos y besos a la vez, y
Leo demasiado abarrotado por la intensidad de mis besos y mis abrazos. Acabó la película y nos fuimos a dormir.
Era lo que más añoraba hasta esa noche. Dormir sin él no podía ser bueno.
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