jueves, 25 de octubre de 2012


Capítulo 31

Una sorpresa, de repente noté que le temía a esa palabra.
da-Sara...te conozco, ¿qué es para ti una sorpresa?
sa-¡Hoy hay merienda de equipo! Me has hecho estropear la sorpresa.
da-Pero...
sa-¿No quieres verles?
da-Sí, ¡por supuesto que quiero! pero a lo mejor ellos no quieren verme a mí.
sa-Por favor, deja de decir paridas y vístete.
da-¿Qué me pongo?
Sara fue a mi habitación, abrió el armario y sacó unos pantalones cortos y una camiseta rosa.
sa-Está. Péinate y arréglate.
Eso hice, me arreglé rápidamente y nos fuimos a donde quedaban siempre.
da-Por cierto, ¿cómo tu por aquí?
sa-Gerard me ha pedido que me mude con él, en plan oficial, y todavía me queda alguna cosilla, así que he venido y me he acordado de que tu estás más sola que Adán el día de la madre y eso, que te vienes conmigo.
Reí, me di cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no me reía.
da-¿Y cómo es que es hoy la merienda?
sa-Porque ellos ya han acabado, de aquí a poco se van de vacaciones o con la selección, hay alguno que ya se habrá ido y no vendrá hoy...
Leo siempre era de los primeros en irse, así que di por hecho que no le vería esa tarde. Aunque sí que me apetecía.
Sara me ayudó a ponerme la camisa, por eso de que es difícil abrocharse con una escayola, y bajamos a su piso. Gerard esperaba con una caja en brazos, que soltó al verme.
gp-¡Dani! ¡Cuánto tiempo!
da-Demasiado, rubio.
gp-Jojo, parece que hubieses crecido y todo. Verás lo contento que se pone el enano cuando te vea...
Vale, entonces Leo no se había ido aun, pero seguro que era mi última oportunidad de verle y hablar con él antes de que se fuera. Tenía pensado abrazarle, sentir la fuerza de su espalda presionándome contra él, escuchar la dulzura de su voz... Bueno, a lo mejor era demasiado después de tantos meses sin hablar nos apenas. A lo mejor él no quería.
da-¿Os ireis juntos de vacaciones?
gp-Y con Cesc.
Reí. Siempre como Zippi y Zappe.
gp-¿Nos vamos señoritas?-Sonrió con esa carita suya que te anima el resto del día, por muy horrible que sea.
Fuimos a casa de Gerard a dejar las cosas, se cambiaron de ropa rápido y nos fuimos al local que cerraron expresamente para la merienda del club.
Entramos, junto a la puerta estaban Isaac, Marc y Dani. Isaac vino corriendo.
ic-¿Cómo estás Dani?-Preguntó abrazándome.
da-Pues...podríamos decir que estoy.-Puntualicé.
ic-Bueno, ¿pero bailar puedes? No me negarás eso...
da-Claro que no te voy a negar eso chiquitín-Sonreí.
ic-Que ya tengo veintiún años.
da-Pues eso, no se te ocurra pedir alcohol, tú batido de choco.
ic-Sigues igual de cabrona.
da-Oye niño, esa boca, que te la lavo con jabón.
Me sacó la lengua, se acercó Alves.
alv-¡Dani!
da-¡Dani!
alv-¿Cómo llevas ese bracito?
da-Va mejorando, despacio pero para arriba.
alv-¡Así me gusta!
da-Oye, ¿bailas luego conmigo? Siempre ha sido mi sueño bailar con un brasileño...
alv-Bueno, pero cuando no haya ningún celoso por aquí cerca...que soy brasileño.-Arqueó las cejas.
da-Mira que eres...
alv-Guapo.
da-No iba a decir eso...pero también.
alv-I'm sexy and I know it (8)
mb-Oye, tú, matado, deja de acaparar a la chiquilla...-Dani se fue a saludar al resto.
da-Hola peque.
mb-Muy buenas Dani, me he fijado en que vas a bailar ya con mucha gente, resérvame un hueco...si te parece bien...
da-Me parece bien.
Alexis entró en la discoteca, saludó con las manos a todos y corrió a darme dos besos.
alex-¿Cómo estás Daniela?
da-Muy bien, y tú ¿qué tal andas chileno?
alex-Ah pues yo muy bien, primero avanzo un pie y luego otro, lo que pasa es que estaba triste porque hacía mucho que no te veía y .............(ininteligible) pero ya bien.
da-Esto...ya, claro, para no perder la costumbre...¿Bailas luego conmigo, no?
alex-¿Eso cómo le voy a negar yo a una señorita?
da-Ahora entiendo para qué sirven las clases de sintáxis...
alex-¿El qué?
da-No importa, tu luego baila conmigo.
alv-Pero ven acá tocaya que me pido primer...
Estuve bailando con Dani, bueno, más bien él bailaba y yo hacía monería delante de él, porque no conseguí seguirle el ritmo ni un poquito.
Alex vino después corriendo a por Dani y por mí.
alex-Pero ¿qué hiciste 'güevón' amazónico, ahora está esto muy arriba, vamos a quedar todos mal...
alv-Me has llamado huevón amazónico...¡Eso es racista hermano!
alex-Pero ¿eres tonto? ¿Cómo va a ser racista eso si soy de Chile?
alv-Nada, os aguantáis, ella quería un baile con un brasileño...ha quedado satisfecha.
Mi pokerface se exageraba por momentos.
alex-Bueno, ahora me pido yo entonces.
Bailé con Alexis y entonces, al acabar, mi perdición apareció por la puerta.
Primero entró Pep, se acercó y me dio dos besos, y al poco tiempo apareció Leo, se había dejado crecer el pelo y llevaba su preciosa media melena, una camiseta blanca con imágenes de Queen, unos vaqueros y unas convers. Se quitó las gafas de sol y echó una ojeada al local, entonces me vio, parada mirándole sin saber qué hacer, y vino directamente hacia mí en un camino en línea recta que se me hacía a cada paso más eterno. Paró a tan sólo treinta centímetros de mí. Mi nerviosismo iba en aumento, y eso lo sabía él, así que habló primero.
lm-Hola.
da-Ho-hola.-Tartamudeé.
lm-¿Cómo estás?
da-Bien.-Mentí.-¿Tú?
lm-Bien.-Mintió también, y desde luego a ninguno se nos daba bien.
Había olvidado mi guión preparado, qué hacer, qué decirle...simplemente le tenía delante y no sabía cómo podría reaccionar a eso, de pronto lo recordé todo.
Salté a su cuello y lo abracé, él tardó un poco en reaccionar, primero sonrió con ternura y luego llevó sus manos a mi cintura para abrazarme con fuerza.
lm-Te he echado de menos.
da-Y yo a ti.-Involuntariamente suspiré al decirlo, quedando como una completa idiota, enamorada de la idea de tenerle, pero a él no pareció incomodarle mi suspiro.
Acarició mi espalda de arriba a abajo.
lm-¿Has ido al médico últimamente?
da-Estoy ya bien, lo único que queda por recuperar es el brazo, los golpes ya están curados...pienso acabar de recuperarme pronto.
lm-Confío en ello.
Le di un beso en la mejilla y él a mí uno en la frente.
lm-Entonces si estás bien los médicos no se enfadarán conmigo si te propongo un baile.
da-No lo creo, además se enfadarían también con Alves, Alex, Cuenta y Marc...-Me miró raro.-Claro, que contigo me daría igual lo que dijesen los médicos.
lm-Pues bailemos.-Por primera vez desde que estaba allí Leo, separé la vista de él, todos los demás se habían sentado y nos miraban con una estúpida sonrisa en la cara.-Son todos boludos, no les hagas caso.
Empezamos a bailar como podíamos al ritmo de la música, vi como detrás de Leo, Gerard corría a decirle algo al DJ.



viernes, 19 de octubre de 2012


Capítulo 30

Se levantó un rato después y cogió las bolsas de comida china que me había comprado.
lm-Tienes que estar MUERTITA de hambre.
Si no me lo hubiese dicho no me habría dado ni cuenta.
Me abrió los tuppers porque yo no podía con la escayola, cogí un tenedor y empecé a comer, pollo frito, creo.
da-¿Cuándo podremos irnos?
lm-Como tarde mañana, tienen que hacerte unas pruebas y comprobarlas, si todo está bien, esta misma tarde te darán el alta. Y todo saldrá bien así que...-Me guiñó el ojo.
Salió al pasillo a llamar a una enfermera, por suerte no trajo a la misma de antes.
Al acabar de comer me llevaron a una sala llena de focos, me desvestí y una médica me estuvo examinando, tenía el brazo no escayolado y las piernas amoratadas, me toqué la cara, no parecía tener nada puesto que yo debí de estar de espaldas al camión y no me tocó la cara.
dca-Estás muy bien, al principio no pensamos que esto fuese a salir tan bien, viniste llena de sangre, casi pierdes el brazo, pero ya está bien, hemos reconstruido lo mejor posible el hueso y llevas dentro un hierro, para que se coloque bien. Y qué suerte, porque le salvaste la vida...eso hará feliz a mucha gente...
da-No quiero que nadie lo sepa...
dca-¡Pero eres una heroína!
da-Me da igual, yo sólo quería que no le pasase nada, pero no quiero llevarme ningún reconocimiento por hacer lo que debía hacer.
lm-¿Segura?-Preguntó desde la otra punta de la habitación.
da-Segura.-Asentí.
lm-No diremos nada entonces. Si me preguntan, me caí en el jardín...
da-Y lo del brazo, doctora, ¿cuándo tardará...?
dca-Al menos cinco meses chiquilla...Te darán más de baja de todos modos...
da-Pero yo no quiero baja.
dca-Me ha dicho Leo que eres fisioterapeuta, ¿no pretenderás hacer masajes así, hija?
Miré a Leo triste y él se encogió de hombros.
Me dieron el alta unas horas después y salimos abrazados de allí, más que nada porque me costaba moverme por el dolor y podría caerme...pedimos un taxi (no hace falta mencionar que obviamente el coche quedó mucho peor que Leo y yo), y que además Leo había cogido un poco de miedo a conducir, aunque esas cosas no suelan pasar y no tuviese él la culpa.
Había sido una experiencia realmente traumática y resultado de esto fue que Leo y yo dejamos de vernos a menudo, él no tenía que venir a buscarme para el trabajo y yo no tenía que encargarme de sus músculos, así que perdimos razones para seguir viéndonos, y ganamos excusas, como esa de que queríamos olvidar el accidente.
Nos hablábamos si nos cruzábamos, pero cada vez menos.
Como se dice, no hay mal que por bien no venga, yo retomé el contacto con mis amigos, a los que invité un par de semanas a mi casa, lo pasaron bien...
Llamaba cada día a mi padre para hablar con él y cada semana me conectaba al Skype para hablar con mi abuela Melisa, la que vivía en Argentina.
Todo cambió, las pocas veces que volvimos a cruzarnos en dos meses fue en el Camp Nou, cuando yo iba a entregar el informe de mi estado de salud y a hablar con mi sustituto. Ambos estábamos hartos de esa situación, pero en el fondo, separarme de él, volver a lo que en algún momento llamé "mi rutina" me hacía bien, pero claro, aquello se encontraba demasiado en el fondo como para que yo lo llegase a notar.
En los momentos tan aburridos de soledad acababa pensando en todas las personas a las que allí encerrada echaba de menos, Gerard, Sara, Marc, Isaac, Dani, Pep, y sobretodo a Leo, y él era de quien más me acordaba, a todo le sacaba alguna excusa para acordarme de Leo, cada vez que veía un chino me acordaba de cuando Leo llamó al chino y subió a casa, o cuando echaban crackovia, y ya sin mencionar los partidos de fútbol o cualquier cosa en la que metieran al Barça de por medio.
En uno de esos deprimentes momentos, por suerte para mí, sonó el timbre. Abrí.
sa-¡Hola guarra! Hace mucho que no sé de ti...-Cambió su semblante y me miró enfadada.
da-Lo siento es que he estado ocupada...
sa-¿Comiendo helado de chocolate a cucharadas de la tarrina?
da-Pues ya ves...-Me hizo un poco de gracia.
sa-¿Qué haces en pijama un sábado a las cinco de la tarde?
da-Es que ayer estuve de marcha y claro, tengo resaca.
sa-Es mentira.
da-Sí, es mentira.
sa-¿Cuando fue la última vez que saliste a la calle?
da-Hará dos...¿tres días?
Sara se golpeó la frente contra la puerta a propósito.
sa-Guarda el helado y vístete que te tengo una sorpresa preparada. ¡Corre!-Pidió contenta.

domingo, 14 de octubre de 2012


Capítulo 29

Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.
Una hora tan melosos que desde fuera debíamos dar mucho asco.
Una hora, hasta que la realidad se dio la vuelta y vino a buscarnos en forma de despertador.
Me dio un beso en la frente y saltó de la cama.
Empezó a vestirse y yo hice lo mismo, él había comprado un montón de ropa de mi talla, e incluso había pedido al club uniformes de mi talla, lo cual agradecí mucho.
Me duché, me vestí y salimos directos al entreno.
Estábamos ya de camino y no sé lo que pasó, sólo recuerdo ver un camión venirse hacia nosotros en dirección prohibida, cada vez acercándose más a nuestro coche, pero casi todo iba para el lado de Leo. Sólo recuerdo que él se quedó completamente paralizado, y que yo apreté su mano con mucha fuerza.
[.........................]
Abrí los ojos poco a poco, pensé que había sido todo un sueño al principio, el techo de la habitación donde me encontraba era y blanco, y la ventana muy amplia, olía a hospital, no había sido un sueño...
La luz casi me cegaba, enfoqué la vista a un lado, de donde provenía un pitido intermitente al que yo estaba conectada.
Incliné la cabeza, el pitido aceleró, llevaba un tubo metido en la nariz, y otro en el brazo, vendado, me dolía, era difícil moverme.
Una mujer con una camisa y un pantalón horriblemente verdoso entró en la habitación.
e-Veo que por fin te has despertado, ¿cómo se puede dormir tanto?-Sonrió.-¿Cómo te encuentras?
Iba a contestarla cuando una pregunta me saltó a la cabeza, casi me ahogaba al no encontrar la respuesta en aquella agobiante habitación, el pitido aceleró mucho más.
e-Tranquila, respira hondo y túmbate.
Me senté e intenté arrancarme los tubos, pero no lo conseguí. Me mareé.
e-¡Por favor, túmbate!-Pidió viniendo hacia mí con rapidez.
da-¿Dónde está?
e-Tranquilízate por favor. ¡Te va a dar algo! ¡Doctor!-Gritó pidiendo ayuda y dándole al botón de detrás de mi cabeza, refiriéndose a mis constantes, que cada vez parecían menos regulares.
da-¿Dónde está Leo?-Pregunté gritando, intentando liberarme de la enfermera y los tubos.
Una exagerada angustia se concentró en mi garganta y mi pecho, respirar me dolía, y hablar también, un médico entró en la habitación, me sentí muy mareada, me sujetó antes de caerme desplomada contra el suelo. Perdí el conocimiento.
Al despertar temía abrir los ojos, y volver a estar sola en la habitación, volver a encontrarme con la misma enfermera que lo único que haría sería mandarme tumbarme, y no responder a aquello que tanto me angustiaba, ¿dónde se había metido Leo? ¿Por qué no estaba conmigo cuando me levanté? ¿Estaría bien? ¿Reaccionó e hizo girar el coche? ¿Estaría en ese hospital acaso...? O quizás yo simplemente me hubiese vuelto loca, barajé todas esas posibilidades en mi cabeza en un par de segundos, y aun sin haber abierto los ojos, noté calidez en mi mano buena, la que no me dolía, entonces sí, giré la cabeza y abrí los ojos despacio.
Leo parecía perfectamente, no parecía tener ni una venda, ni un hematoma, nada, absolutamente, más que un arañazo curado con betadine en el pómulo.
Miré sus piernas, tampoco llevaba ninguna venda. Aún así, dormía sobre el sillón verde que había colocado pegado a mi cama.
Acaricié su mano. Abrió los ojos, y la sonrisa.
lm-Buenos días dormilona.
da-¿Estás bien?-Mi voz sonó más grave y baja de lo que me esperaba.
lm-Estás llena de enchufes, escayolada, tienes todo el cuerpo lleno de moretones, y llevas casi dos días durmiendo, y me preguntas si yo estoy bien...y yo estoy sentado con nada más que un arañazo, y se supone que cuidando de ti.
da-Yo ya sé cómo estoy, no me hace falta preguntártelo, pero tu, ¿cómo te encuentras?
Leo se rio.
lm-Muy bien ahora que has despertado.
da-¿Dónde estabas cuando me levanté?
lm-Me dijeron que te levantarías en menos de una hora, pensé que estarías hambrienta y como es tan horrible la comida del hospital, bajé a un chino.-Señaló unas bolsas de las que venía un olor más que apetecible.
da-Me asusté mucho.-Le conté algo avergonzada.
lm-Lo sé, y no deberías preocuparte tantísimo por mí, sino por ti.
da-Qué estupidez, siempre me importará más tu salud que la mía, es mi trabajo...
lm-Me di cuenta de eso en el coche...-No lo entendí.
da-No recuerdo muy bien qué pasó, sólo que venía para nosotros un camión.
lm-Venía y me quedé parado, y tu al ver que el camión venía para mí, te desabrochaste el cinturón y saltaste encima mío, y pusiste tu brazo en mi cabeza, y ahora...mira cómo está tu brazo. Los médicos dijeron que un poco más de tiempo y lo hubieran tenido que amputar. Así que no está de más decir, que me salvaste la vida.
da-Y tú...¿te dolió?
lm-Me dolió más que te doliera a vos.-Me besó la mano.



miércoles, 10 de octubre de 2012


Capítulo 28

lm-Te quiero.-Susurró sin que yo pudiera verle, quizás por eso lo hizo, es más fácil sin mirar a los ojos. Me confundió, no queríamos nada serio, ¿no debería agobiarnos acaso un te quiero tan firme como aquel?
da-Leo, no quiero una relación...
lm-Yo tampoco.
Sin quitarme el chaleco fluorescente de los ojos, desabrochó mi abrigo y metió sus manos en mi cintura. Estaban heladas. No me quejé.
Me besó, con suavidad, pero fue un largo beso, que quería que hubiese durado eternamente, fue el beso perfecto.
Escondí mis manos en los bolsillos traseros de su pantalón, gimió una risa tonta.
da-Es que tengo frías las manos-Me excusé.
lm-Sí, ya...claro.
da-Quiero poder verte ya...
Me quitó el chaleco, tenía las mejillas rojas.
da-Tienes frío.-Reí.-Te vas a resfriar, luego te dolerá la tripa y...
lm-¡Deja mi panza!-Reí de nuevo.
Volví a besarle.
Me dio la mano y salimos andando a donde quisiese llevarme. Era un pueblo que yo hubiese descrito como típicamente andaluz, con casitas blancas de cal, y todo lleno de macetas con preciosas flores, a lo lejos había una gran casa de piedra, era un restaurante y ahí era a donde íbamos.
da-¿No cierran los martes?
lm-...Es la clarísima ventaja de ser Messi, no nos cierran los martes.
Leo abrió la puerta sin si quiera llamar, un hombre trajeado vino a recibirnos.
lm-Ché, ¿Cómo te va?-Se le puso el acento fuerte, y habló rápido, eso significaba que el otro hombre era argentino, le pasaba siempre.
se-Bien bien, Lio, y ¿esta muchacha? ¿La amiga que me dijiste el otro día?
lm-Ella es, pero si no llega a serlo...hubiese sido bastante incómodo...
se-¡Me faltaron los modales Lio!-Rieron a la vez. Ni de coña me estaba enterando...-Encantado, soy Sergio.-Me dijo.
da-Sí, soy Daniela...
se-Hermoso nombre.
Leo se rio intentando no mirarme cuando se reía.
lm-En verdad no la gusta mucho su nombre...
Sergio nos acompañó a una mesa centrada, lejos de las ventanas con las que podrían intentar entrar los que nos vieran pasar, aunque no parecía vivir mucha gente en el pueblo, una pena.
da-Oye ¿qué fue lo que le dijiste el otro día? ¿Cuándo fue eso?
lm-Es una tontería, Dani...
da-Pues cuéntamela, por favor.-Puse pucheritos, y a eso no se me resistía nadie, menos mi padre.
lm-Vine aquí a comer el martes pasado, y le dije que estuviese atento porque traería una chica en poco tiempo...
da-¿Y era yo?
lm-¡Claro! ¿Quién si no vos?
da-Pero el martes fue el día en el que nos conocimos, ¿no?
lm-Sí, pero tenía que avisarle, para que estuviese preparado, a demás, nadie sabe en verdad qué día nos conocimos, sólo que hace mucho tiempo...allá por Rosario.-Me guiñó un ojo.-Una cosita tengo yo que avisarte, cuando nos casemos, el convite tendrá que celebrarse aquí...
da-¿Cuando qué?
lm-Por mí ahora...
da-Eres raro.
lm-Era una broma, pero que no se te olvide que tiene que ser aquí.
da-No, tranquilo, si yo me voy a acordar de esto por mucho tiempo...
Acabamos de comer, Leo pagó porque en un gesto más machista que caballeroso, me negó pagar, claro que no estoy segura de que con mi presupuesto yo hubiese podido pagar aquello.
Salimos de la mano y me enseñó todo el pueblo.
A la vuelta, ya al llegar a su casa, pasó, encendió las luces y volvió a recogerme en brazos al umbral de la puerta, y besándonos, llegamos a la habitación. [............................................................]
Me desperté a su lado, abrazada a él con tanta fuerza que es posible que le estuviese dificultando la respiración, me despegué un poco y él sonrió, estaba despierto.
lm-Siempre haces lo mismo, despiertas muy pronto, y queda una hora para que suene el despertador.
da-Pero es que nos dormimos a las ocho. ¿Cómo pretendes que siga durmiendo?
lm-No hace falta que duermas, puedes fingirlo...
da-Me niego en rotundidad.-Se rió, siempre se reía de mí.
Me senté sobre la cama y él delante, me abrazó con brazos y piernas.
da-No puedo moverme.
lm-Y eso es porque yo no quiero que te puedas mover.
Me giré con fuerza y le empujé en el pecho, cayó con fuerza sobre la cama.
Me tumbé sobre él.
lm-Bruta...a partir de ahora nos podemos ir a dormir todos los días a las ocho, menos cuando tenga partido, claro...
da-Vale.-Dije abrazándole con fuerza.
Me gustaba como sonaba que pensase dormir más días conmigo.
Me sostuvo con firmeza, como si no me fuese a soltar nunca.
lm-¿Te he dicho alguna vez que te quiero?
da-Unas cuantas...
lm-Pues te quiero más aún.
da-No, yo más.
lm-No, no puedes imaginar lo que te quiero yo...
da-Ya, pero yo por más tiempo.
Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.







domingo, 7 de octubre de 2012


Capítulo 27

da-Pero yo no quiero ningún regalo.-Le solté el brazo.-Lo único que quería por mi cumpleaños era pasar el día a tu lado. Levantarme y verte antes que a nadie...y no has estado. Todo hubiese sido más fácil si me hubieses felicitado anoche y me hubieses levantado esta mañana...con un beso muy fuerte y...
Leo miró al suelo avergonzado.
lm-¿Me perdonarás ahora si te doy un beso muy fuerte?
Me reí, había sido muy fácil, y a la vez muy difícil, no me salía hablar así cuando no estaba llorando...así que me toqué la cara. Sí, lo estaba. Asentí a su pregunta.
Subió su mano de mi mano a mi hombro, luego fue al cuello y apartó mi pelo de la cara, para poderme besar. Se acercó despacio esperando a que yo también quisiese, y tocándole las manos, me acerqué mientras me besaba.
Me rodeó por el hombro y salimos al pasillo, mientras me seguía besando.
da-No creo que sea buena idea que vallas besando a tu fisio por los pasillos del trabajo.
lm-Sólo te estoy animando para que dejes de llorar...y felicitandote, así que en este caso no es malo.
Pep entró en el pasillo y vio a Leo besándome contra un pared, mientras yo me agarraba a sus hombros.
pg-Leo...
lm-La estoy felicitando, ya salgo.
pg-Sí, termina de felicitarla y date diez vueltas al campo.
lm-¡Mister!
pg-Poco castigo es, Leo...no puedo hacer excepciones contigo...que te me aficionas a estas cosas de llegar tarde...
Pep salió.
lm-Sigo siendo su favorito.-Rio antes de volver a besarme.
Salimos y Leo, después de dar diez vueltas al campo, se unió al partido del grupo.
Yo no paraba de mirarle, y bien se dieron cuenta Gerard y Pep, que se reían de mí cada vez que me veían.
pg-Chicos, hay una nueva pareja entre nosotros...
Eso era raro, porque aunque no fuésemos oficialmente pareja porque habíamos dejado claro que no queríamos nada serio, no me molestó..y a Leo tampoco.
Los chicos me miraron a mí directamente... como no.
gp-Sí, yo ya lo sabía, Leo es que es un ligón...
lm-Pijo de mierda sos vos...
pg-¡Leo!
lm-¡Fue con cariño! Vaya día llevo...
cp-Uy sí, qué cariño, se nota mucho.
Gerard le tiró del pelo a Leo y todo zanjado.
Acabó en entrenamiento, cogimos las cosas y salimos al aparcamiento, estaba todo lleno de periodistas, por "suerte", esa mañana Leo no me había llevado, así que para no levantar más sospechas, cada uno fue en su coche.
Ambos sabíamos que si había esa cantidad de gente en el parking, en su casa habría muchas más gente esperándole en la puerta.
Contábamos con la ventaja de que todos los coches del parking eran prácticamente iguales. Llegué antes a casa y aparqué muy cerca de la puerta, había un par de fotógrafos allí, me tapé la cara y entré, había dejado el parking para que Leo aparcase.
Subí a casa y esperé sentada a que Leo llamase a la puerta muy rápido, como siempre que andaba nervioso.
Tardó. Dejó las llaves del coche junto a la mesita de la puerta.
da-Qué curioso...llevas las iniciales de Gerard en tus llaves.-Le miré con cara interrogatoria.
lm-Nos hemos cambiado coches con la plantilla para confundir a la prensa, ha sido muy divertido.
da-¿Y por qué has tardado tanto? Te echaba de menos...
Sacó de su bolsillo un pin que decía "para la más linda".
lm-Antes de ir a entrenar estaba todo cerrado...y como no querías nada...pues...es un detalle.
Me dio una hoja arrugada que sacó de su otro bolsillo. La abrí y leí.
lm-Es una tontería pero...a lo mejor te gusta.
"Vale por un beso y lo que vos quieras".
da-¿Lo que yo quiera?
lm-Eso pone...
da-¿Se pueden pedir dos cosas?
lm-Anda que la que no quería regalo...-Rio.-Lo que quieras.
da-Quiero...más de un beso, y una tarde contigo.
lm-No se hable más. Arréglate que nos vamos.-Dijo recogiendo las llaves del coche de Gerard.
Me puse una camisa ajustada de cuadros y unos vaqueros.
Bajamos al coche y buscó una bufanda o algo así en el coche de Gerard, como no había, cogió un chaleco fluorescente y me tapó los ojos con él.
da-¿Te puedo hacer una pregunta...?
lm-Eso ya lo era.
da-¿Te puedo hacer más de una pregunta?
lm-Es tu cumpleaños...no te lo voy a negar.
da-Antes has dicho que me odiabas por cómo te hago sentirte...¿cómo es eso?
Tardó un poco en contestarme...
lm-¿Has sentido alguna vez mariposas en el estómago?
da-Sí.-Me gustaba que hablase de eso.
lm-Las mías son tan fuertes, y van tan rápido, que me parece que fuera a vomitar.
da-Perdón.-Sonreí.
lm-Nada, me siento mejor así que si no lo sintiese...-Acarició mi mano un momento y devolvió la suya al volante.
Estuvimos treinta minutos en el coche hasta que me ayudó a bajar dándome la mano. Olía a hierva mojada...y pueblo, se puso delante de mí, hasta que estuvo tan cerca que pude notar como su aliento se mezclaba con el mío, quería besarle, pero no le veía...












miércoles, 3 de octubre de 2012


Capítulo 26

Le busqué la ropa, unos vaqueros y una camisa preciosa de color rosa.
Pensé un rato lo que hacerle en el pelo mientras se cambiaba, cuando salió de la habitación no pude evitar reírme.
Llevaba el cinturón mal puesto y un cuello para arriba y otro para abajo.
da-Ven aquí, Ronaldo, que no sabes vestirte.
lm-¡Eh! No me acostumbro a la camisa y...¡los pantalones de la equipación tienen goma, no hay que poner cinturón...!
Le coloqué con propiedad el cinturón y le bajé los cuellos mientras él me miraba a los ojos. Sonrió cuando me acerqué para besarle con suavidad.
lm-No soy tan tonto...lo había hecho a posta.-Me guiñó el ojo.
da-Pues peínate solito.
lm-Eso sí que no sé.-Giró la sonrisa.
Saqué el secador y el peine.
da-Perfecto has quedado.
lm-Eso vos.-Dijo girándose para besarme.
da-Vámonos a mi casa...que son las ocho y media, y la chica soy yo...y me tengo que arreglar.
Fuimos a mi casa, me puse un vestido beige de tirantes, me hice un moño y me maquillé un poco.
Me miré en el espejo, Leo vino desde detrás y cruzó sus brazos en mi estómago. Me besó un hombro aprovechando que se me había caído el tirante, y luego lo subió cuidadosamente.
da-¿Cómo estoy?
lm-Como siempre, relinda, hermosa...-Susurró en mi oído.
Mi giré para que me dijese eso mirándome a los ojos, pero cuando yo le miré, se me olvidó lo que le iba a decir... Me perdí en su mirada, hasta que sus manos se colocaron en mi cintura, y las mías en sus hombros, me besó.
Compramos una tarta de camino a casa de Gerard, porque por suerte Sara se encargaba de hacer la comida, el
resto éramos bastante inútiles en el campo de la cocina, Gerard incluído.
Al llegar Sara y Gerard estaban perfectamente arreglados, y la comida olía a gloria...sé que no soy objetiva, pero Leo iba más guapo.
Fuimos todos a la cocina para no dejar marginada a Sara.
Cuando Gerard la miraba, sonreía, con esa risita suya de siempre, le brillaban los ojos, se le veía muy feliz.
Pusimos todo en la mesa, menos Gerard, que se encargó de llevar en brazos a Sara.
Leo y yo nos pusimos a un lado de la mesa y Gerard y Sara al otro.
Gerard se meaba de la risa cuando Leo y yo nos dábamos de comer, parecíamos tontos del culo, desde cualquier punto de vista.
Al acabar de cenar nos tumbamos en los sofás y empezamos a hablar.
lm-Dani ...una duda...¿cuántos años tenés?
Sara y Geri se empezaron a reír, muy normal que Leo no supiese mi edad...claro.
da-¿Qué hora es?
gp-Las doce y ocho.
da-Veintidós.
sa-¿Es tu cumpleaños?
da-Sí...eso parece.
sa-¡Muchas felicidades!
gp-¡Oh, pero si Dani se nos hace mayor! ¡Feliz cumpleaños!
lm-No me habías dicho nada...
da-No me lo habías preguntado.
lm-Ya, pero no es justo.
da-Sí lo es. Tu tampoco me has dicho nunca cuando es tu cumpleaños.
lm-¿Cuándo es?
da-El veinticuatro de junio.
lm-¿Ves? No es justo, tu ya sabías el mío.
da-Es que está en wikipedia. Además, ya te sabes el mío...
lm-Me he enfadado.
gp-Se ha enrabietado, se le pasa mañana, verás.-Rio.
Nos fuimos no muy tarde porque al día siguiente sí había entreno.
Leo me dejó en casa y no se quedó a dormir porque se había enrabietado seriamente.
Por la mañana cogí el coche y me fui a trabajar, como cada día. Desayuné en la mesa de Gerard y Sara, Leo se había ido con los chicos y yo me sentía un poco sujetavelas. Leo parecía contento sin mí, eso me hizo sentir mal.
Gerard se levantó y se subió en la silla gritando.
gp-Chicos, hoy es el cumple de Daniela, la muy viejuna tiene ya veintidós años.
da-Idiota, me sacas tres.-Grité nerviosa intentando bajarle de la silla de un empujón.
Los chicos aplaudieron y empezaron a cantar el cumpleaños feliz, menos Leo.
Ya en la sesión, ayudé a Andresque tenía una pierna agarrotada y le dolía estirar. Luego corrí a hablar con Pep.
da-Oye...veo a Leo cojear un pelín, mándamelo para abajo.
pg-Ahora mismo va.
Entré en el vestuario y pensé en qué decirle, aunque, como siempre, acabaría siendo espontánea porque no iba a saber qué decirle.
De todas formas, yo no había hecho nada malo, pero eso sí, no iba a perderle por no querer olvidar una idiotez, si le tenía que pedir perdón por nada, lo haría.
Leo entró mirando al suelo...
da-Quítate el zapato.
lm-Estoy perfectamente, gracias por preocuparte. Me voy.
da-No, espera por favor.-Dije sujatándole del brazo. Me miró a los ojos muy nervioso.-Explícame razonablemente por qué te has enfadado conmigo.
lm-No me avisaste de esto...¡nadie me dijo que iba a sentirme así cuando te conociera!...ya te odié por cómo me
haces sentir, pero no puedo evitar estar contigo...y no me dijiste nada del cumpleaños, y no pude comprarte
nada...y...-Miró para la puerta, estaba tan nervioso que me hizo sentir mejor.

Capítulo 25

lm-Te voy a llevar a un sitio muy especial, se llama "mi casa".
Poco a poco se me dibujó una sonrisa en la cara, Leo no era de confianzas suficientes como para llevar a su casa a cualquiera a la primera de cambio.
Llegamos a su casa, era un enorme chalette de dos pisos, aunque en el de arriba sólo había una enorme habitación.
Un jardín precioso que se asemejaba a una selva tropical, donde en medio lucía la gran piscina, un cenador, y un sofá de esos que tienen columpio.
lm-La cocina...el baño...la habitación de invitados, ahí está la cama...-Arqueó una ceja.
Subimos las escaleras.
lm-Y esta es mi habitación...pero la conocerás más intensamente.-Era tan poco sutil a veces...
En cuanto acabamos de ver la casa, bajamos al jardín a sentarnos en el sofá-columpio, bueno, en realidad no fue así, él se sentó y yo aproveché para tumbar la cabeza sobre su regazo, mientras él me acariciaba el pelo
con tanta dulzura que me hacía sentirme frágil en sus brazos, yo empezaba a temer que me rompiese si apretaba más...me contemplaba cariñoso, como nunca antes lo había estado y yo me estaba adormilando.
Todo parecía perfecto cuando de repente estropeé la escena...no fue a propósito, pero algo así sí.
lm-¿Soy yo o tu estómago acaba de pedirme que no le deje morir de esta manera tan horrible?
da-¡No le escuches, estoy muy a gusto!¡Mis tripas son bobas!
lm-A las princesas hay que tratarlas como tal.-Sonrió, tanteando mi reacción.
"Ahora se nos pone cursi, una de cal y otra de arena".
Se levantó con cuidado de no tirarme y me ayudó a levantarme del sofá-columpio.
Fuimos de la mano a la nevera pero la verdad es que ninguno éramos un gran cheff. Comida prefabricada y tuppers de mamá era de lo que Leo sobrevivía a menudo, por suerte, muchas veces se quedaban a comer en el club. La comida de Sara era la única explicación por la cual Leo está vivo.
Comimos y luego me senté en la encimera a debatir con Leo, con las piernas abiertas un poco, siempre dejándolo espacio para abrazarme y darme calor cuando lo necesitaba.
lm-¿Por qué no se nos ocurrió a nosotros lo del chocolate que hizo Gerard...?
da-No me hacían falta florituras, sabías muy bien.-Se rió intentando contenerse con la boca cerrada.
lm-Ya me di cuenta anoche...-Levantó las cejas dos veces.
da-Pero vamos...que si quieres chocolate la próxima vez... no me importará. Lo único que luego hay que darse una ducha, ¿sabes? porque no me vestiría con todo el pringue...
lm-Eso es...-Se le abrieron los ojos.-...lo más tentador que he oído nunca.
Me miró a los ojos mordiéndose el labio, premeditando lo que pensaba hacer.
Me zarandeó con fuerza tirándome de la encimera y agarrándome a él, corrió conmigo en brazos a la nevera.
l-Ábrela.-Gritó muy decidido. Lo hice, señaló un bote de nata con los ojos y lo cogí mientras me entraba la risa.-No tiene gracia, me va a dar una taquicardia...
Cerré la nevera y salimos corriendo a la primera habitación que vimos aparecer a lo largo del pasillo y lo que vino es otra historia.
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Sobre las seis nos fuimos al sofá a echarnos la siesta (hacía muchísima falta reponer fuerzas después de tanto tranqueteo) Leo se tumbó ignorando sus volúmenes corporales, o quizás los míos, y ocupó todo el espacio del sofá, sin ningún problema, me tumbé sobre él, lo abracé con brazos y piernas, como un bebé y me quedé dormida...
Cuando me levanté, Leo cogía mi mano derecha con su izquierda, la otra estaba muy ocupada, rodeando mi cintura
para que no me cayese del sofá. Me miraba con cuidado, estaba muy despierto. Puso mala cara cuando abrí los ojos y le miré.
da-¿Qué te pasa?-Le pregunté apretando mi mano contra la suya.
lm-Te has despertado...
da-¿Y eso te enfada porque...?-Me sorprendían bastante sus reacciones.
lm-Pareces tan buena cuando duermes...no como cuando te despiertas, que eres un diablo...que me come por dentro...pero me gusta mirarte.
Algo se movió dentro de mí al escuchar sus palabras. Le besé. Yo...no sabía nada de mis sentimientos, estaba muy confusa...y él también parecía estarlo...
da-¿Has estado...mirándome...una hora?-Pregunté mirando al reloj.
lm-Sí, y si no te importa, tumba la cabeza, porque voy a seguir haciéndolo. Me da paz.
Apreté su mano y agaché la cabeza.
da-Como sigas diciéndome esas cosas, y siendo tan bueno conmigo, vas a tener muchas siestas para mirarme.
lm-Espero que sean muchas más.
Sonreí para mis adentros y él acarició mi cuerpo de arriba a abajo, con cuidado, paseaba la yema de sus dedos por mi cuerpo con delicadeza, era hasta ridículo.
Estuvimos así casi una hora más, hasta que decidimos arreglarnos, no por ganas, sino por obligación.
Era un poco lioso porque Leo tenía que vestirse allí en su casa y yo tenía que ir a la mía a por mis cosas y arreglarme allí, así que me puse a prepararle, por suerte, ya estábamos duchados.