Novela :)
viernes, 11 de enero de 2013
Capítulo 39:
La familia.
ser-¿Estás completamente segura de que quiéres hacerlo?
da-Segurísima.-Dije algo asustada, mirando la aguja que Sergio sujetaba en la mano derecha.
ser-Bueno, pues te va a doler un poquito.
Me moví la camiseta para dejar en su disposición completamente el hueso de mi cadera.
ser-Uf, ahí te va a joder bien eh!
Acercó la máquina y me ofreció su mano para que apretase.
ser-Uno. Dos y tres.
Una vez empezó, por mucho que me doliese, no me quejé, quería tener tiempo suficiente como para dar una última vuelta a solas por mi ciudad.
Notaba como la aguja atravesaba mi piel con velocidad, y cómo me ardía cuanto más se acercaba al hueso. Acabó, me echó un spray para desinfectar y un gran parche.
ser-Quitate el parche en dos dias, y ponte crema cada noche. Levantó los ojos y me pasó un tubo de crema.
Saqué cincuenta euros y se los di.
da-Cámbialos mejor en el banco, porque no creo que puedas pagar en muchos sitios en euros.
ser-No, pero gracias igual.
Miré el reloj, quedaban cuarenta minutos para tener que volver.
da-¿Quién queda por aquí?
ser-Sabía que me ibas a preguntar eso. Levanta con cuidado y cerramos y nos vamos a ver a los abuelos. Llama a Leo, le dices que te vas a retrasar, quedais en una hora o así en la fuente del ciervo, él sabrá llegar.
da-Sé hasta yo, y me fui antes que él, y nunca había vuelto.
Caminé junto a Sergio hasta la casa de mis abuelos. Sergio se colocó delante de mí y llamó.
Abrió la puera el abuelo.
ser-Traje a alguien.-Abrazó al abuelo.
Al principio él me miró con desconfianza, pero luego se quedó mirando mis ojos, y su cara fue cambiando, y sus comisuras se tornaron hacia arriba.
ab-¡Dani!-Me abrazó y empezó a darme besos por toda la cara.-¡Marta!-Gritó, llamando a mi abuela. Se acercó caminando mi abuela, ella estaba peor que el abuelo, tenía el pelo completamente blanco y un bastón la ayudaba a caminar. Tenía un millón de arrugas y los párpados caídos. La abuela soltó el bastón que cayó con fuerza al suelo, y recorrió toda mi cara con las manos, como si no pudiese verme. Sonrió. Sergio que estaba a mi lado, también se rio por lo rápido que la abuela me había reconocido.
Abracé a la abuela alzándola un poco del suelo. Cuando la bajé me pellizcó el labio.
mar-Daniela se ha enamorado.-Sonrió intensamente, dejando ver una dentadura grande pero bien conservada, para la edad que tenía.
da-¿Cómo os va?
ab-Bien, bien...-Respondió el abuelo, despacio.-¿Vas a quedarte?
mar-¡Qué poco se nota la experiencia, Carlos! ¿Cómo va a quedarse, no te das cuenta de que tiene novio?
ab-¡Ella no lo dijo nada! ¿Cómo me voy a dar cuenta vieja?
mar-Hombres...
Sergio soltó un par de carcajadas.
ab-¿Y quién es el novio?
ser-Es Messi.
Miré a Sergio con rabia, se rio.
ab-¿Ése quién es?
mar-Es ese chico que venía de chiquito a pedirme la pelota al jardín, porque la colaba jugando.
Al verles así hablando de Leo me di cuenta de lo realmente mayores que estaban, ya que no lo tenían como un orgullo nacional como el resto, ni como alguien medianamente respetable, sólo por un chiquillo que de pequeño colaba la pelota en su jardín.
ab-¡Ah! Ya recuerdo, era buen chico, le fue bien.
ser-¿Bien dices, loco? Dudo que a ese chico se le colase la pelota en el jardín, es un maestro, no perdió una pelota en la vida...
mar-No entiendes, Sergio, claro que no la perdía, la colaba a propósito para entrar y que Daniela saliese a jugar con él.
da-Está desvariando.-Le dije a Sergio en un susurro.
ab-Es cierto, ése chico cuando entraba la daba un abrazo, la quería mucho, eran muy muy amigos.
ser-Si lo dice el abuelo quizás no desvaríe como crees...-Me dijo Sergio, en voz muy baja.
Me tomé un mate con ellos mientras les contaba cómo estaba todo por España, y luego me fui corriendo a la fuente del ciervo.
Leo me esperaba con la mano sobre la cara, se ponía el sol y le daba el reflejo. Al verme se levantó y vino hacia mí.
da-Siento esto, es que he ido a ver a mis abuelos, porque me he encontrado con mi primo y...me han contado una cosita de ti.-Comenté guiñándole el ojo.
lm-Ay, miedo me estás dando.
da-Mis abuelos me han dicho que tu de pequeño colabas los balones en mi jardín para entrar en casa y que yo saliese a jugar contigo.
lm-Es muy posible.-Rio.-Pero que conste que no lo hacía con nadie más, a los demás les pegaba un grito, por si querían salir a jugar al fútbol.-Me guiñó un ojo burlón.
Cenamos fuera y luego volvimos al hotel.
lm-Que duermas bien, que mañana vamos a ir a un sitio que te va a gustar muchísimo.
Me abrazó y a mí, el olor de su pelo me hizo recordar algo.
sábado, 29 de diciembre de 2012
Capítulo 38.
Un millón de rayadas.
Cuando salimos a flote, me goteó todo el agua de la melena de Leo en la nariz, me di cuenta así de lo desmesuradamente cerca que estábamos y lo nerviosa que eso me ponía, de forma tan radical.
Cuando salimos a flote, me goteó todo el agua de la melena de Leo en la nariz, me di cuenta así de lo desmesuradamente cerca que estábamos y lo nerviosa que eso me ponía, de forma tan radical.
Separé los labios esperando un beso, él acarició mi labio inferior con el pulgar, se rió de mi cara de tonta y volvió a hundirse conmigo boqueando.
Entonces sí tragué agua.
lm-¿Qué, está rica el agua?
da-¡Ahora verás!-Grité a la vez que me desprendía de él para atacarle.
lm-Si esperabas otra cosa no tienes más que decirlo para recibirlo.-Sonrió acercándose a mí de nuevo.
Sentí que, quizás, yo ni siquiera era la propietaria de ese beso, que me creía más de lo que debía y eso volvió a abrir la herida que cicatrizaba en mi interior.
da-No esperaba precisamente que me hundieras.
lm-Ven tonta.-Puso morritos. No me moví, no esperaba ceder como una idiota a que me volviese a coger en brazos y volver a creerme quien realmente yo no era.-¿Eh, no vas a venir?-Preguntó avanzando hacia mí.
Con toda mi fuerza, le salpiqué en la cara.
Empezamos una gran guerra y cuando, oficialmente le hube dado una paliza histórica, por fin le dejé acercarse a mí.
lm-¿Sabes qué hora es? ¡La hora de quitarse el top?
da-Tu lo que eres es tonto de nacimiento, ¿o ensayas en tu tiempo libre golpeándote la cabeza y esas cosas?
Soltó una carcajada.
lm-Y me quito en bañador.
da-¿Y el calzoncillo que llevas debajo?
lm-No ha colado, ¿no?
da-Ni un poquito.
Comimos y salimos a la calle a dar una vuelta.
Paseamos por un mercadillo medieval, Leo llevaba una careta, hasta que nos encontramos una notaría.
da-¿Sabes lo tonto que pareces así con una careta por la calle?
lm-Lo supongo. Tengo que hacer unos trámites, ¿quiéres darte un paseo por aquí? Y en una hora y media vuelves...
da-Me parece bien.
lm-¿No te perderás?
da-¿Me consideras estúpida? He vivido aquí ocho años.
lm-Bastante.-Le saqué la lengua.
Entró en la notaría, esa fue la última vez que le vi antes de empezar a cumplir la lista de locuras que tenía en la cabeza y que irían en cadena aquella ruinosa semana.
Me alejé de la notaría y me hice un plano mental de la ciudad, estaba en la parte rica, solamente tenía que bajar un par de callejuelas para llegar a la otra zona, donde yo nací, donde me había criado. Empecé a correr, quería llegar porque sabía que allí no habría un rincón que no recordara, allí seguro que me encontraría como en casa. Llegué incluso a recordar la dirección de aquella que, catorce años atrás había sido mi casa, y allí es a donde me dirigí.
Fue para mí una sorpresa ver que no había cambiado nada en la fachada, sólo que ahora tenía un serio problema de humedades, y que se había convertido en una tienda de tatuajes. Me senté junto a la puerta un momento. Lo pensé dos veces y ...tuve un arranque de coraje, me levanté y empecé a leer en la puerta la hoja que exponía los horarios de apertura de la tienda. Cuando estaba a punto de leer "los viernes" la puerta se abrió, me encontré frente a frente con un chico de mi edad, muy alto, delgado y con el cuerpo plagado de tatuajes. Tenía el pelo muy largo, con rastas recogidas en una coleta baja, los ojos verdes, una perilla que en absoluto le favorecía, y un pircing en la ceja.
ser-¿Querés algo?
da-¿Cuánto puedes tardar en hacerme un tatuaje pequeño, casi todo en negro...?
ser-Media hora como mucho. Si no te quejás, claro...
Miré mi reloj, me quedaba una hora y veinte minutos para tener que reunirme de nuevo con Leo.
Entré en "mi casa"/tienda de tatuajes.
ser-Sentate allá.-Señaló una silla medio destartalada.
Me senté y llevé la mano al monedero.
da-¿Cuánto me va a costar?
ser-A vos nada, Danielita...-Sonrió y dejó ver una dentadura verdaderamente perfecta. Para las pintas que tenía, no debía de haber probado un cigarro en la vida.
Recorrí catorce años con la mente, con siete/ocho años sólo conocía dos personas que me llamaran así, mi madre, y un niño alto, poco mayor que yo, que adoraba meterse conmigo para que le persiguiera y jugáramos al escondite, mi primo Sergio. No me lo creía.
da-¿Sergio?
ser-Me halaga que no me reconocieras antes.
Le abracé.
da-Hace catorce años, Sergio, estás cambiadísimo.
ser-Y vos guapísima...Dicen que allá te volviste a encontrar con Leo. ¡Y ahora hablas como todos los gallegos!
da-Españoles.
ser-Como sea.-Sonrió.
da-Es cierto, volví a encontrarme con Leo.
Empezó a abrir las agujas y me pasó una crema parecida a la vaselina para que me la fuese echando.
da-En realidad eso quería que me tatúes un diez, y la palabra sueño, en negro.
ser-Es mi deber como familiar que no te va a cobrar preguntarte si estás segura, que si la cosa no sale bien...
da-Diré que lo admiro como futbolista.
jueves, 27 de diciembre de 2012
Capítulo 37:
La pregunta.
Leo y yo comimos y luego volvimos al caballo, allí hablamos durante horas, de todo un poco y sin embargo había una pregunta que hacía rato que me rondaba la cabeza, una pregunta cuya posible respuesta me asustaba. Ya la sentía como una duda existencial o algo parecido, y, aun a riesgo de morirme por un vuelco a la patata, decidí hacérsela.
da-¿Y en este mes que no nos hemos visto... cómo te ha ido lo de las churris?
lm-Pues fatal.-Respiré tranquila.-En verdad me lo pensé, pero es que últimamente estoy centrado en una amiga, y no cabe más en mi cabeza, eso me haría explotar.-Retiró el pelo de mi nuca para dejar mi cuello en una disposición perfecta para sus labios, me besó dulcemente la mientras acariciaba mi mano buena.
lm-¿Y vos los chicos, qué tal?
da-Si te digo la verdad, Jairo ha sido lo más parecido a una relación que he tenido este mes, y era mi compañero de vuelo.
lm-¿Y eso de que dice que sos encantadora?
da-¿No te pondrás celoso de un niño de dieciocho años?
lm-Seguramente más de lo que deba.
da-Eres muy mono...-Le di un beso en la mejilla.
lm-Bueno, ya está bien, tenemos que dejarnos de cursiladas, me toca delante, porque vamos a correr.
Saltó del caballo y me dio la mano para ayudarme a bajar.
Subimos de nuevo sólo que esta vez, él iba delante.
lm-¡Agárrate fuerte!-Gritó antes de dar un golpe en la cadera del caballo.
Eso hice, me sujeté con excesiva fuerza a su estómago y hundí la cabeza en su espalda.
lm-¿Tenés miedo?-Preguntó.
No respondí, era bastante obvio que yo no estaba en mi salsa.
Paró al caballo y noté cómo Leo se retorcía para mirarme, aunque debió serle muy difícil porque no desistí en mi abrazo.
Sentí en mi frente el latido de su corazón golpeando contra su pecho, y luego, cómo su respiración se aceleraba, pero aquello no tenía sentido porque estábamos parados y no había razón aparente para ponerse nervioso, entonces puntualicé en que la fuerza que estaba ejerciendo era suficiente como para ahogarles a él y al caballo, aflojé mi abrazo. Leo respiró hondo y luego se rió.
Me dio un beso en la parte de arriba de la cabeza.
lm-Ningún médico me dejaría estar contigo si supieran la facilidad que tenes para matarme.
da-Y para salvarte la vida. ¿O has olvidado eso?
lm-Creo que los médicos prefieren que no corra el riesgo...bájate anda, que nos vamos.
Salté del caballo y Leo a la vez, desmontamos las cosas que tenía Sexto puestas y nos fuimos.
[....................................................]
lm-Despierta ya, dormilona, que tenemos plan.
Le miré, estaba ya de pie, duchado, y se había puesto el bañador, a mi lado, sobre la cama (donde debería estar él) estaba una gran bandeja con comida.
lm-Espero que tengas hambre porque he pedido todo esto para ti.
da-Estarás de broma.-Dije sorprendida ante la cantidad de comida de la bandeja.
lm-Sí, JAJAJAJA, la mitad es para mí.
da-Mejor tres cuartos para ti...
Comimos hasta hartarnos, me duché y me puse el bikini y un vestido de playa, bajamos a la piscina climatizada del hotel.
Me quité el vestido y metí un pie.
lm-¿Fría?-Se burló.
da-Esto parece la sopa de mi padre...
Leo saltó al agua sin pensárselo dos veces.
lm-¡Hierve!
da-Lo que yo he dicho, como la sopa de mi padre, pero no escuchas...
Entré despacio y buceé hasta donde estaba Leo.
Un hombre vestido de traje se acercó a la orilla.
t-Buenos días, señor Lionel, ¿Quiere que cerremos la piscina para ustedes?, así podrán tener más intimidad...
lm-¿Eso se puede hacer...?
t-Cerraré yo mismo.
El hombre se fue y cerró las puertas, dejándonos una llave dentro para cuando quisiésemos salir.
Leo me sujetó y se hundió sin avisar.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Capítulo 36:
Confesiones.
Me desperté abrazada a él, exactamente en la misma posición en la que nos habíamos dormido, le vi tan tranquilo, que no parecía él, no parecía ese pequeño que corre con un balón en los pies, y adelanta a quien se proponga. Al abrir los ojos, noté cómo el viento me helaba, y es que habíamos dormido con la ventana abierta.
Leo parecía tiritar, así que me estiré para intentar cerrarla sin molestarle, algo poco efectivo, porque Leo estranguló mi cintura para que no lo hiciera, como si fuese una serpiente. Aún dormía. Me abracé de nuevo a él como pude, intentando darle calor, con mi brazo escayolado, me aferré a su cuerpo, con mi mano libre, cogí la suya. Le besé lentamente, para no despertarlo, ya que parecía un angelito. No se inmutó.
Empecé a hablarle al oído, como una cotorra borracha, parecía que no iba a callarme nunca, o eso sentí yo.
da-No tienes ni idea de lo que he deseado esto, poder abrazarte mientras dormimos, besarte, sentirte, eso ha sido lo peor, no sentir que estabas a mi lado en todo momento...echarte de menos, me ha dolido, muy profundamente, y ahora, estoy empezando a curarme...¿sabes? un mes sin ti es como...es más doloroso que un parto, aunque no sé lo que es parir pero, si se aguanta y sobrevive, no será tan horrible como esto. He soñado contigo prácticamente cada noche, una y otra vez, y eso era lo mejor que me pasaba en todo el día, que en mis sueños, tu me querías tanto, como yo te quiero a ti...me gustaría que fuera real, pero eso no es posible...aún así, tengo la esperanza porque....porque te amo, Leo.-Le miré, esperando alguna clase de reacción, pero no, ni siquiera se movió, dormía como un oso hibernando, o peor.
Aún así me sentí satisfecha de haber sido suficientemente valiente como para contarle todo aquello.
En aquel instante tenía la consciencia dividida en tres partes razonables, la primera, esa que se sentía orgullosa de haberlo dicho todo, la segunda, la que me odiaba por haberlo dicho en voz alta, en el fondo parecía algo más oficial si lo expresaba, y no quería hacer oficial algo que posiblemente no acabaría bien, y la tercera era la más fuerte, la que ansiaba porque Leo lo hubiese escuchado todo, y sin embargo, también me odiaba por que...si lo había escuchado, ¿por qué no había respondido? En definitiva, me había vuelto loca, y no había forma de arreglarlo.
Un buen rato después, Leo se levantó de golpe. Saltó y me dio un beso en la frente.
lm-¡Vámonos dormilona, tengo que enseñarte algo!
da-Qué energías...normal, con lo que has dormido...
lm-¿Te gustan los caballos?-Arqueó una ceja.
da-Supongo.-Respondí sin enfocar a dónde quería dirigirse con esa estúpida pregunta.
Me puse un chándal, como él me indicó y nos fuimos.
Cogimos el coche, estuvimos en carretera casi una hora, algo callados los dos. Llegamos a las afueras de la ciudad.
da-¿Un club de hípica?-Pregunté extrañada.
lm-¿No te gustaban los caballos?
da-Sí, pero para verlos de lejos, muy lejos...
lm-Me viene perfecto entonces...-Rió entre dientes.
da-¿Por qué?
lm-Eso lo verás ahora...
Entramos dentro del pequeño edificio de madera que nos rodeaba.
ma-Hola Leo, ¿Lo de siempre?
lm-¿Qué tal Mariela? ¿Cómo va?
ma-Como todos los años, niñito..
lm-Te dije que no me llamaras niñ...da lo mismo, ¿está libre Sexto? Es que hoy vengo acompañado y Jandro es muy chiquito.
ma-Sí, cójanlo.
Leo me dirigió a los establos y abrió una puerta de la que despacio, salió un enorme y precioso caballo de color azabache.
lm-Este es Sexto y nos va a dar un largo paseo por el bosque hoy.
da-¿Encantada?-Leo se rió de mí.
Montó todos los cachivaches necesarios para que pudiéramos montarnos en el caballo, me ayudó a montar, y se sentó él detrás.
En caballo se puso en marcha y caminó despacio hasta fuera del establo.
Leo sujetó las riendas con una mano, y con la otra agarró mi tripa para evitar que yo me cayese, gritó alguna cosa rara y el animal se puso a correr, me acojoné, mucho.
Después de una hora corriendo por allí, nos dimos cuenta de que eran las tres y Leo sobretodo, tenía la natural necesidad de comer, así que buscamos un restaurante por allí, y al bajarnos del caballo, distinguí una figura muy especial.
Empecé a correr al grito de "Jairo", cuando me vio, me lancé a abrazarle.
ja-¿Qué haces vos acá?
da-Pues ya ves...¿y tu?
ja-Yo vine a dar un paseo con Perla.-Señaló una yegua de color canela que caminaba a un lado del restaurante.
Leo se acercó despacio.
da-Leo, este es...
lm-Jairo Tinelli.
ja-¿Cómo estás, hermano?-Chocaron sus manos a modo de saludo. Les miré extrañada.-Mi papá le busca patrocinadores, por cierto Dani, no me extraña que te vinieras desde allá, este es un partidazo.-Rió.
lm-Gracias Jairo.-Alzó la cabeza.
ja-Ya sí, gracias, pero que no me entere de que no la cuidas rebien, es encantadora.
lm-Sí, eso haré.
ja-¡Ah! Leo, ¿puedo decirte algo en privado?
Me aparté despacio y caminé hacia el restaurante, sin dejar de mirarlos, ¿por qué privado?
Hablaron algo y luego Jairo vino a despedirse.
Leo se sentó conmigo en la mesa que yo había escogido.
da-¿Qué hablabais?
lm-Es un secreto.
da-Pero es que yo no te guardo secretos...-Me quejé intentando sonsacar información.
lm-Me ha dicho que...te quiera, y que tu me quieres mucho. Casi me lo ha pedido.
da-¡Mentiroso!
lm-¿Yo? Nunca.
da-No, tu no, ¡Jairo!
lm-¡Eh! Todo lo que dijo es verdad.
da-¿Cómo lo sabes?-Intentaba picarle.
lm-¿Que me quieres? Es por...la cara que se te pone cuando me ves al despertarte.
da-No te rías de mi cara de dormida...
lm-No me rió, me encanta tu cara de dormida. Pero en realidad es porque has venido a Rosario detrás de mí sin haber dicho nada.
Se movió para poder besarme, ya que una mesa se interponía entre nuestros labios.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Capítulo 35:
Rosario bajo mis pies.
Ya que no sabía cómo entretenerme para que no me diese un ataque de ansiedad, empecé a prestarle atención a la película que había puesta, trataba de un hombre y una adolescente que se enamoraban. Al principio se ignoraban porque la diferencia de edad era demasiada. Después de esto se daban cuenta de que nada importaba, el chico buscaba a la chica que se había mudado para olvidarle, y la encontraba. Aquello me hizo sonreír, quizás detrás de mi paranoia quedaba algo de esperanza.
Por fín, después de tantísimas horas, en micrófono del avión se abrió.
"Atención viajeros, les habla su cuarto piloto, abróchense los cinturones, vamos a aterrizar, espero que el viaje les haya resultado placentero y corto, y que vuelvan a viajar con la compañía".
jai-Espera mal ése capullo, no sabe ni despegar sin desviar el ala izquierda.-Me reí, Jairo enfadado era muy divertido.
da-¿Te ha gustado la película?
jai-No, pero supongo que a vos sí como eres chica.-Reí de nuevo, decía lo que pensaba sin callarse nada, y aquello era realmente simpático en ciertas situaciones.
La azafata gritó.
az-Señores pasajeros, ahora sí vamos a proceder a la maniobra de aterrizaje, por favor, siéntense y abróchense los cinturones.
Hicimos caso.
jai-Bueno, esto parece nuestro final, mucha suerte con eso de tu chico, o lo que sea, y espero que volvamos a vernos.
da-Sí, gracias, seguro que nos veremos por ahí.
jai-El mundo es un pañuelo.
Lo abracé, el avión comenzó a inclinarse.
da-Gracias por haber estado veinte horas intentando entretenerme.
jai-¿Te diste cuenta?
da-No has utilizado la sutileza como arma que digamos.
El avión paró, Jairo miró por la ventanilla, estábamos en el suelo.
jai-Ha sido todo un placer.
Todo el mundo salió deprisa excepto yo, puesto que todo el mundo tenía un verdadero destino, o una familia que le esperaba abajo, mientras tanto yo pasearía por Rosario durante horas sin saber dónde meterme, o cómo llegar a lo que un día fue mi hogar.
Bajé del avión y esperé la última la cola que me devolvería mi maleta. Esperaba que no me la hubieran perdido porque entonces... Esperé casi un hora a que mi maleta llegase, al salir con ella rodando, era completamente de noche, y el aeropuerto estaba prácticamente tan vacío como el Prat, claro que siendo día de diario, y de noche, no me pareció raro.
Todas las personas de mi avión ya se había ido o esperaban un taxi en la puerta. Salí a la puerta, una silueta saltó buscando a alguien, detrás de ese chico moreno y nervioso seguían unas diez personas.
"¿Qué hace él ahí?"-Me pregunté.-"¿No debería estar en su casa, durmiendo?"
Me quedé quieta porque no sabía cómo reaccionar, quizás esperaba para llevar a algún familiar, o amigo. Se hizo fotos lo más rápido posible con las personas que le seguían y luego corrió a la puerta mientras buscaba con la mirada, me vio. Sonrió y corrió más rápido, driblando todo lo que tenía delante. Avancé lo más rápido que mi maletas y mis entumecidas piernas me permitieron.
Una vez estuvimos uno frente a otro frenamos.
lm-Lo sabía. Tenías que venir.
da-Y yo sabía que no me había podido volver loca.
Leo reprimió una risa frunciendo el labio hacia un lado.
Levantó la mano y me acarició la mejilla con suavidad, le sonreí lo mejor que pude.
lm-¿puedo...?
Asentí sabiendo qué se refería, llevó sus manos a mi cintura y me besó, mientras, yo me agarraba con fuerza a el cuello de su camiseta.
Tardamos tiempo en separarnos.
lm-No sabes cuánto echaba esto de menos.-Confesó al separarse, y me miró a los ojos, parpadeando varias veces.
da-Podrías haberme besado antes de irte.
lm-No lo supe...que me querías tanto como para venir sin saber...-Intentó aclararse a sí mismo las ideas.
Me cogió la maleta y se dio la vuelta.
Estaba tenso, fuimos a su coche y una vez dentro se relajó por fín.
lm-Llevo esperando en el parking durante casi dos horas.
da-Llevo volando durante casi un día.
lm-Vos al menos habrás dormido bien. Yo en cuando lleguemos tengo que irme a la cama.
da-No he dormido, es que estaba demasiado nerviosa, porque no sabía que haría al llegar.
Me miró el brazo escayolado, llevaba un rato doliéndome y se fijó.
lm-¿Estás bien?
da-Sólo es el cansancio.
Tardamos muy poco en llegar al hotel, en completo silencio.
Al llegar me puse el pijama y él un chandal y nos echamos a dormir, aunque a mí me costó un poco porque estaba muy emocionada, iba a despertarme a su lado como si nada, podría abrazarle mientras dormía, mirarle, sentir su respiración acompasada. Hacía demasiado que no conocía esa adorada sensación.
Claro que yo veía cómo mi felicidad llegaba con demasiada prisa, y dicen que lo que rápido viene, rápido se va.
martes, 11 de diciembre de 2012
Capítulo 34: El viaje:
jai-Soy Jairo, encantado.
da-Daniela.-Sonreí. Me recordaba un poco a Leo, aunque puede que fuese parte de mi pérdida de cabeza, porque no se parecían en nada.
jai-Paramos en Canarias por casi una hora, y allí repostamos, luego vamos directos a a Ciudad de Mexico, luego pararemos en Brasilia, y ya de allá a Santa Fe.
da-Debo suponer por tu acento que bajas el Argentina.
jai-Muy aguda.-Sonrió.-¿Y vos?
da-Te acompaño.
jai-Has tenido suerte, has dado con un muy interesante compañero de viajes.
da-¿Y cómo un chico de tu edad sólo en un viaje tan largo?
jai-Tengo dieciocho años, no subestimes...yo estudio acá, y en verano, cuando me dan las vacaciones, me voy allí, es más aburrido porque como allá es otoño...pero me voy con mi papá, él es empresario y me quiere llevar a sus fiestas ahora que soy mayor de edad.
da-Parece...genial.
Jairo me había hecho darme cuenta de un fallo, allí era otoño, y bien entrado.
da-Otoño...bien.
Jairo se gastó una carcajada a mi costa.
jai-Yo olvidé eso la última vez y tuve que comprarme ropa..., pero no te precupes, mi papá dice que este año el calentamiento global está ayudando mucho al turismo, así que creo que no hace tanto frío como otras veces.
Realmente aquello no me tranquilizó en absoluto.
jai-Seguro que vas por el novio...
da-¿Me puedes explicar por qué todo el mundo piensa eso?
jai-Parece lo más obvio, no sé, una chica joven y guapa como vos que se va sola a la otra punta del mundo, sin tener ni idea de dónde para su avión, ni del tiempo que hace allá, parece la típica historia de la chica española que se enamora del turista argentino y él se vuelve y ella va detrás y se reencuentran en el aeropuerto, y se besan hasta ahogarse, seguro...¿no?
da-Te ha quedado muy bonito, pero has fallado un poco, primero, yo soy argentina, aunque no lo parezca, segundo, él trabaja en Barcelona, y tercero, es muy dudoso que me espere en el aeropuerto, porque no sabe nada.
Sentí presión en el pecho, estábamos despegando.
jai-Aún así, estaba muy claro, acerté la mayoría. ¿Cuánto hace que marchó él?
da-Ni dos días.
jai-Buah! Entonces estás re-pillada, no esperaste nada.
da-Es que...bueno, siento como que él me espera.
jai-Espero que vaya muy bien.
Pasamos las horas hablando de política, fútbol, cine, fútbol, amor, fútbol...sinceramente, para ser Jairo un niño de dieciocho años con esos aires orgullosos era muy inteligente y guapo. Si todos los políticos fuesen la mitad de pícaros e inteligentes de lo que lo es él...
da-Felicita a tu padre de mi parte, te juro que le ha salido muy bien eso de tu educación.
jai-Me lo dicen mucho.-Rio.
Habíamos pasado 19 horas en el avión cuando aún estábamos en Brasilia.
jai-Te tenés que tranquilizar, porque a ver, ya sólo quedan un par de horas y...
da-No puedo, cuando llegue allí no sé cómo voy a encontrarle.
jai-Pero si tienes su móvil, no tienes más que llamar.
En las últimas horas nos dedicábamos a ver películas, unos en el avión estaban nerviosos porque necesitaban dormir, y otros sin embargo lo aborrecían, y querían estirar las piernas, lo que estaba claro es que todos deseábamos con impaciencia acabar ese largo viaje.
Hacía horas que echaba de menos sentir los dedos de los pies, y que odiaba el hormigueo que recorría mi cuerpo consiguiendo así aumentar con rapidez mi nerviosismo.
La angustia de pensar que no le encontraría me oprimía el pecho contra el asiento y sin embargo la esperanza de encontrarle me hacía darme cuenta de que por cada minuto mi locura avanzaba por mi cerebro como si fuese la misma sangre y que, si seguía así acabaría matando a la gente por mirarme mal, o pegándole un tiro a John Lennon...
Todo esto, sumado a la presión que se acumulaba en el ambiente y aparecía y desaparecía cuando le daba la gana me hacían tener un enorme dolor de cabeza. Jairo se había dado cuenta y por ello prefería hablarme sólo cuando era necesario.
da-Me estoy volviendo loca Jairo.
jai-¡Qué mentira!, llevo 20 horas con vos y te aseguro que sos la persona más en su sano juicio que he conocido últimamente.
da-Sí, porque últimamente no has conocido a nadie más que a mí, tienes poco donde elegir.
jai-Otro comentario sano, tranquila, hay gente que simplemente ve cosas antes de que pasen, y no tienen por qué estar locas. Los sueños se adelantan a la realidad, así que tranquila....
sábado, 24 de noviembre de 2012
Capítulo 33.
Las visiones.
Acabé por ponerme a ver la tele. Me sorprendió a mi misma lo bipolar que podía llegar a ser de un día para otro, y todo por culpa de Leo. Fue un día especialmente aburrido. Vi un par de películas y después hablé con mi padre por teléfono y con mi abuela que no sé cómo había conseguido mi teléfono.
Me fui a dormir, por la noche recibí una llamada de Leo.
da-¿Si?
lm-Por favor, ven, te necesito.
da-No puedo.
lm-Sí, ven, yo te quiero...
da-Pero no, yo no.-Y mentirle me dolió en el alma.
Me mareé, todo me daba vueltas, se me mezclaban los colores de la habitación, chillé y se me abrieron los ojos, era todo un sueño...o más bien una pesadilla, pero entonces me pregunté lo más difícil, ¿era una pesadilla cualquiera o mi subconsciente quiere decirme algo? Presentía algo y entonces cuadró.
Mis esperanzas de que me quisiese llevar, mis ganas de irme de compras de repente y meterlo todo en una maleta y sobretodo la pesadilla en la que Leo me pedía que me fuese con él me lo dejaban todo claro, sólo había dos razones por las cuales podría ocurrirme aquello, la primera, Leo quería que fuese, y la segunda, me había vuelto completamente majara. Eran las tres de la madrugada, me vestí, cogí la maleta y salí directa al aeropuerto.
Hacía mucho que no conducía porque con la escayola me costaba un poco coger el volante, pero como no había nadie por la calle, no suponía ningún peligro público. Nada más entrar corrí a una recepción, estaba casi vacío, por las horas, el día que era etc...
da-Dígame cuánto queda para el próximo vuelo a Santa Fe, Argentina.
x-Tres horas, y tienes muchas suerte porque normalmente sólo sale uno al día, y no sé por qué hoy van dos, chica, así que...
da-Vale, pues cóbreme.-Puse mi tarjeta sobre la mesa y saqué el pasaporte, la pasó por su máquina.
x-¿Quiéres billete de vuelta?
da-No hace falta, no sé cuándo volveré.
x-¿Llevas maleta?
da-Menos de veinticinco kilos.
x-Factúrala ya, que luego viene más gente y hay cola.
da-Sí, muchas gracias.-Dije sin aliento, buscando dónde facturar la maleta con la mirada.
x-¿Es por amor, verdad?-Curioseó la regordeta mujer que me atendía.
da-Sí.-Respondí sin pensármelo dos veces.
x-Pues mucha suerte, ya me contarás si es que vuelves.
Asentí sonriendo, cogí la maleta y corrí para facturarla, tenía la necesidad de estar ya subida en el avión, para poder salir lo antes posible, aunque eso no dependía precisamente de mí.
Tardé media hora en facturar la maleta, y luego pasé al área de mi avión, aunque aún quedaban dos horas para salir.
estuve sentada y sola más de una hora hasta que la terminal empezó a llenarse de empleados que notificaban el estado del avión, antes de que nadie pudiera subir, era un viaje largo y no tendría ninguna gracia sufrir una averia cruzando el océano.
Pusieron la escalera y se abrieron las puertas.
"Pasajeros del vuelo 061 con salida Barcelona, destino Santa Fe, Argentina, las puertas de su avión están abiertas a la espera de sus tripulantes, pasen por la terminal número 11, el vuelo tendrá salida en 50 minutos". Fui la primera en subir, poco a poco se empezó a llenar, me senté en mi sitio y me quedé dormida. Me levantó una voz dulce de mujer, miré al pasillo, una mujer alta, rubia y esbelta, con un impecable uniforme sostenía una especie de micrófono.
"Buenas noches señores pasajeros, les doy la bienvenida al vuelo 061, debo recordarles que está prohibido levantarse en los aterrizajes y despegues, las instrucciones podrán escucharlas con sus cascos ya conectados o leerlas en el folleto pegado al asiento delantero, si tienen alguna duda o me necesitan para algo pulsen el botón verde de su mando, gracias y que les sea agradable."
jai-Pues qué mierda.
No me había percatado hasta entonces que tenía un joven a mi lado, lo cual era raro porque mi asiento daba al pasillo y el suyo estaba junto a la ventanilla, y sin embargo no me había despertado cuando él pasó a su asiento. Era rubio y tenía un rostro infaltil bastante dulce.
da-¿Qué dices?
jai-Que este vuelo es una mierda, mi padre se volvió a equivocar y me pilló en vuelo que para varias veces. Es injusto.
Me fijé en la ropa del chico y por lo que pude comprobar, era la persona más pija que había visto en mi vida.
da-¿Y sabes dónde para?
jai-Estás un poco perdida en esto.-Rio.
da-Llevo sin salir de España, ocho años...
jai-Entonces estás muy verde.
Se me había olvidado mencionaros que el chico tenía un encandilador acento argentino.
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