jueves, 27 de diciembre de 2012
Capítulo 37:
La pregunta.
Leo y yo comimos y luego volvimos al caballo, allí hablamos durante horas, de todo un poco y sin embargo había una pregunta que hacía rato que me rondaba la cabeza, una pregunta cuya posible respuesta me asustaba. Ya la sentía como una duda existencial o algo parecido, y, aun a riesgo de morirme por un vuelco a la patata, decidí hacérsela.
da-¿Y en este mes que no nos hemos visto... cómo te ha ido lo de las churris?
lm-Pues fatal.-Respiré tranquila.-En verdad me lo pensé, pero es que últimamente estoy centrado en una amiga, y no cabe más en mi cabeza, eso me haría explotar.-Retiró el pelo de mi nuca para dejar mi cuello en una disposición perfecta para sus labios, me besó dulcemente la mientras acariciaba mi mano buena.
lm-¿Y vos los chicos, qué tal?
da-Si te digo la verdad, Jairo ha sido lo más parecido a una relación que he tenido este mes, y era mi compañero de vuelo.
lm-¿Y eso de que dice que sos encantadora?
da-¿No te pondrás celoso de un niño de dieciocho años?
lm-Seguramente más de lo que deba.
da-Eres muy mono...-Le di un beso en la mejilla.
lm-Bueno, ya está bien, tenemos que dejarnos de cursiladas, me toca delante, porque vamos a correr.
Saltó del caballo y me dio la mano para ayudarme a bajar.
Subimos de nuevo sólo que esta vez, él iba delante.
lm-¡Agárrate fuerte!-Gritó antes de dar un golpe en la cadera del caballo.
Eso hice, me sujeté con excesiva fuerza a su estómago y hundí la cabeza en su espalda.
lm-¿Tenés miedo?-Preguntó.
No respondí, era bastante obvio que yo no estaba en mi salsa.
Paró al caballo y noté cómo Leo se retorcía para mirarme, aunque debió serle muy difícil porque no desistí en mi abrazo.
Sentí en mi frente el latido de su corazón golpeando contra su pecho, y luego, cómo su respiración se aceleraba, pero aquello no tenía sentido porque estábamos parados y no había razón aparente para ponerse nervioso, entonces puntualicé en que la fuerza que estaba ejerciendo era suficiente como para ahogarles a él y al caballo, aflojé mi abrazo. Leo respiró hondo y luego se rió.
Me dio un beso en la parte de arriba de la cabeza.
lm-Ningún médico me dejaría estar contigo si supieran la facilidad que tenes para matarme.
da-Y para salvarte la vida. ¿O has olvidado eso?
lm-Creo que los médicos prefieren que no corra el riesgo...bájate anda, que nos vamos.
Salté del caballo y Leo a la vez, desmontamos las cosas que tenía Sexto puestas y nos fuimos.
[....................................................]
lm-Despierta ya, dormilona, que tenemos plan.
Le miré, estaba ya de pie, duchado, y se había puesto el bañador, a mi lado, sobre la cama (donde debería estar él) estaba una gran bandeja con comida.
lm-Espero que tengas hambre porque he pedido todo esto para ti.
da-Estarás de broma.-Dije sorprendida ante la cantidad de comida de la bandeja.
lm-Sí, JAJAJAJA, la mitad es para mí.
da-Mejor tres cuartos para ti...
Comimos hasta hartarnos, me duché y me puse el bikini y un vestido de playa, bajamos a la piscina climatizada del hotel.
Me quité el vestido y metí un pie.
lm-¿Fría?-Se burló.
da-Esto parece la sopa de mi padre...
Leo saltó al agua sin pensárselo dos veces.
lm-¡Hierve!
da-Lo que yo he dicho, como la sopa de mi padre, pero no escuchas...
Entré despacio y buceé hasta donde estaba Leo.
Un hombre vestido de traje se acercó a la orilla.
t-Buenos días, señor Lionel, ¿Quiere que cerremos la piscina para ustedes?, así podrán tener más intimidad...
lm-¿Eso se puede hacer...?
t-Cerraré yo mismo.
El hombre se fue y cerró las puertas, dejándonos una llave dentro para cuando quisiésemos salir.
Leo me sujetó y se hundió sin avisar.
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