viernes, 18 de mayo de 2012

Capítulo 37 :D

l-Estos días sin verte fueron los más largos y horribles de mi vida...perdóname.
i-Leo, han sido dos semanas, después de pasar dos semanas como estas puede haber pasado cualquier cosa. No puedes pretender que todo vuelva a la normalidad.
l-Ya, pero te conozco y sé que accederás a una segunda primera cita, una en condiciones, un picnik en la playa, de noche, pero sólo si quieres.
i-Claro que quiero.-Ni me lo pensé.
l-Bien, mañana, a las nueve en la puerta de mi casa. No me faltes.-El "me" lo decía todo.
Lo abracé y respiré hondo junto a su cuello, su aroma, su calor, sus besos, lo había añorado tanto... Subimos al coche y me llevó a casa, me dio un beso en la frente y volvió a irse.
l-Saluda a Rober, qué ideas tiene el chaval...-Había dicho ideas...mi hermano, sólo me bastaba pensarlo un poco para darme cuenta de que a nadie más que a él se le hubiese ocurrido algo como un secuestro, a nadie.
Entré en casa, él estaba sentado en el sofá mientras comía.
ro-¿Qué tal en el entrenamiento?
i-Genial...todo genial hasta que me ataron, me amordazaron y me metieron en el maletero de un coche.-Le repliqué.
ro-¿Pero ha funcionado?
i-¿Qué quiéres decir?
ro-Que si has vuelto ya con Leo.-Me ponía nerviosa cuando decía ya o aún en situaciones como era aquella.
i-Me ha pedido una cita mañana, voy a ir.
ro-Sé que no dejarías a Leo esperando, vas a estar allí como...media hora antes. Lo peor es que él llevará más de dos horas ya esperandote.
i-¿Qué hago entonces?-Me preocupé-¿Voy dos horas antes?
ro-Claro, así el tendrá dos horas más para disfrutar a tu lado como no las ha disfrutado nunca. Porque nunca pensó que fuese a perderte, y ahora que lo ha hecho...
Por la tarde vinieron Sara e Ibrahim a casa, Roberto tenía entrenamiento así que sólo les vio un rato. Ellos no dejaban de besarse y yo me acordaba de Leo con tantísima intensidad...
Cenaron en casa y se fueron, yo esperé a Roberto que llegaba tarde. Había salido con "unos amigos".
A las once llegó a casa, se presentó con Dani, Gerard, Pep, Mascherano y Leo.
gp-Te traemos al crío, no le hemos emborrachado ni nada, bueno, nosotros queríamos, pero se negó. Le hemos presentado famosillos y tal.
mas-El chaval tiene clase...
pg-Bueno Rober, de aquí a un par de años te quiero ver arriba. Con estos cuatro.
ro-Dalo por hecho, Pep.
Leo no dijo nada, sólo sonrió y me guiñó un ojo.
l-Bueno, hasta mañana.
ro y i-Adiós chicos.-Cerraron la puerta.
ro-¿Puedes dejar de babear ya?
i-No estoy babeando.-Le saqué la lengua.
ro-Pues poco ha faltado eh tronca!-Le miré y me reí.-Es muy divertido la cara que poneis cuando os mirais, es como...si el mundo os importase una mierda con tal de estar juntos, y joder...es verdad.
i-Ya...pero esque, ¿no te parece el hombre más perfecto del universo?
ro-¡No, ese soy yo!...Vete a dormir, que has tenido un día movidito.
Eso hice, le choqué la mano y me fui a la cama, aunque me costó bastante quedarme dormida recordando las palabras de Leo "yo te amo" había sido demasiado fuerte, yo no había ido al entrenamiento mentalizada de manera suficiente como para escuchar eso y mantenerme impasible. No.
A la mañana siguiente me levanté tarde, Roberto ya se había ido. Desayuné y empecé a arreglarme, me hice la cera, un moño, me puse un bikini sin tirantes, unas gafas de sol fosforitas, preparé la toalla y la ropa que llevaría y me maquillé sutilmente.
A las siete salí de casa con una camisa vaquera, unos pantalones muy cortos y unas sandalias. En la bolsa una toalla, unas latas de PEPSI y por supuesto un pintalabios.
Llegué a su casa a las siete y media y bastante nerviosa llamé a la puerta. Leo me abrió y yo entré casi de un salto, nos dimos dos besos.
i-¿Llego demasiado pronto? Porque ya me conoces, pero si quiere me puedo ir a dar una vuelta y yo ya volveré cuando tu quieras, bueno, claro, eso si quieres que vuelva, no tienes por qué querer, pero si quieres pues...pues mejor...-Me cortó la conversación antes de que empezase a ponerme morada por la falta de oxígeno que provocaba en no parar de hablar para respirar de vez en cuando.
l-Si, o sea, llegas pronto, pero es genial, ya estaba cansado de esperar.-Estaba tan nervioso como yo, pero lo reflejaba mucho menos.-He hecho unos sandwiches de chorizo y queso, espero que te gusten.
i-Me encantan.-Respondí riéndome.
l-Estás hermosa...¿Quiéres que nos vallamos ya, o quieres que estemos aquí?
i-A las ocho y media o así, aún es muy de día y no quiero que nos molesten...-Sonrió muy levemente, tímido.
l-¿Te pone celosa que me paren por la calle?-Levantó una ceja.
Me acerqué al sofá disimuladamente, cogí un cogín y se lo lancé a la cara...no le di, yo y mi puntería, en lugar de eso tiré un marco, lo miré, era una foto nuestra...
i-Bueno...hoy nos hacemos otra.
l-¡Vas a pagar por eso!-Y corrió detrás de mi para perdernos muy infantilmente en una guerra de cogines.

lunes, 14 de mayo de 2012


Capítulo 36 :)
ro-¿Sabes? Si yo fuese normal...y engañaran a mi hermana, tendría ganas de pegarle, pero hay algo ahí que me impide si quiera odiarle...o no querer volver a hablar con él. Ve mañana al entreno anda, he hablado con Gerard, quiero que vallas, es más, te obligo.
i-Tu también tienes que ir a entrenar...
ro-Puedo entrenar sin que tu me mires, ve.
Nos acostamos, sonó el despertador, desayuné y me fui al entreno, allí todo fue común, los chicos bromearon con Leo relatando sus dos goles la noche anterior, y poco más. No entendí por qué me habían hecho ir hasta que al final, Gerard me cogió a caballito y me hizo bajar al vestuario. Me tapó los ojos con una benda e intentó hacerlo bonito, para que yo no me quejara. Las manos, me las colocaron detrás entre Masche, Pep y Gerard, y las enrollaron con unas diez vueltas de cinta adesiva. Lo mismo hicieron con las piernas y luego me pusieron una mordaza. Todo extraño, pero lógico para saber que Gerard estaba en ese grupo de locos, hasta que me cogieron y empezaron a llevarme, como un saco de patatas al parking, y me encerraron en un maletero. Yo empecé a chillar sonidos sin sentido, ya que hablar no podía, el coche aceleró. Estaba tan oscuro que no se veía absolutamente una sombra, me quedé quieta, sentí los acelerones bruscos y velocidad reducida a la vez...esa forma inconfundible de moverse por ciudad, tenía que ser Leo. Entonces sí, me puse a chillar como una poseida. estaba muy asustada, a pesar de que conocía a Leo, no sabía de lo que era capaz en un arrebato tal como el que le estaba sufriendo, pero lo peor, quizá, era que mi hermano era cómplice, cómplice de secuestro, con sólo dieciseis años.
Calculé que estuve casi veinte minutos chillando y pataleando hasta que aparcamos. Leo bajó del coche y cerró su puerta. Oí sus pasos acercarse más y más al maletero y abrir el pestillo que nos separaba. Volví a chillar, enloquecida. Estábamos en un bosque y comprendí que no me serviría gritar...Leo tenía el dedo índice sobre la boca, pidiéndome silencio, me miraba a los ojos, él tenía tantas lágrimas como yo. Me di cuenta de que no tenía intención alguna de hacerme ningún daño, es más, sufría por mi.
Me cogió en brazos como a un bebé y me callé, quedando totalmente paralizada, me sentó, ayudándome a apoyar los pies, atados sobre el suelo del bosque.
l-Por favor Iria, no llores, porque yo me estoy muriendo por soltarte. Cuanto antes escuches esto, antes te soltaré. No pienso hacerte más daño del que te haya causado, sólo escúchame.- Vocalicé lo mejor posible para pedirle que el menos me quitase la mordaza. Lo hizo. Se puso de cuclillas en frente mio y pellizcó mi mejilla, sonriendo.-Perdonemé por esto.
i-Leo, no puedes hacer las cosas así, seguro que hay alguna forma por lo legal. Un mensaje, o ...
l-Ya he pasado el límite de mensajes por los que te pueden denunciar por acoso, no los has leido, y ya no es legal. Te he llamado demasiadas veces como para que no denegaran la orden de alejamiento...he intentado decírtelo a la cara en el entrenamiento del otro día, yestoy seguro de que no me hubieses abierto la puerta si hubiese ido a verte.
i-De todos modos, Leo, en dos semanas todo puede cambiar mucho, y de hecho, ha cambiado mucho.
l-En mi vida no, yo te sigo queriendo como hace dos semanas...y como siempre.
i-Poco.
Se acercó y volvió a colocarme la mordaza.
l-Escucha. Yo...tu el otro día pensaste que había pasado algo que no me entra en la cabeza ni siquiera. Dos no ejem si uno no quiere.-Me rei por el cambio que le había hecho Leo a la expresión.-Antonella se enteró de que estábamos juntos y vino a intentar "reconciliarnos"...Cuando viniste yo no llevaba camisa porque estaba en mi casa, echando la siesta, a gusto, hasta que ella se presentó. Y por lo del carmín en el cuello, bueno...-Sonrió.-Ella intentó llegar al labio, pero me puse de puntillas. Lo intentó, pero no consiguió nada de nada...bueno, puede que realmente consiguera separarnos, que era lo que quiso. Yo te amaba, y te amo a ti.-Leo no había dejado de mirarme a los ojos, ni parpadeado desde que me recolocó la mordaza. Con aquello último de "yo te amo" sentí una fuerza sobrenatural que tiraba de mi hacia él, e intentando desequilibrarme lo mínimo posible, apoyé mi cara en su hombro, a modo de abrazo sin manos. Aunque seguro, que de haber tenido manos y brazos libres, le hubiese besado de tal forma que hubiese subcionado cualquier casual resto de saliva de su dulce boca. Me quitó la mordaza, luego el esparadrapo de las manos y por último, me ayudó a quitarme el de los pies, rozando así sus manos con las mías.

jueves, 10 de mayo de 2012

Capítulo 35 (:
i-Lo siento...
ro-Díselo a él, que es el que está realmente jodido ahora. - "¿Encima soy yo la mala?¿Me pone los cuernos y va de víctima?" Me conciencié a mí misma de que yo no era culpable, y en realidad, era así.
Hablé con mi madre, ella estuvo muy de acuerdo con que me llevase a Roberto si de verdad, a sus casi dieciseis años le veían futuro, aunque eso sí, me prometió mudarse a Barcelona en menos de un año.
Comimos con Pep, dimos una vuelta por Madrid y nos fuimos corriendo al notario, a las siete y cinco, allí estaba mi padre, con su barba de dos días y la camisa manchada de alguna absurda asquerosidad...ketchup, salsa barbacoa...y eso si no pensabamos en la posibilidad de que se hubiese peleado, y fuese un resto humano.
mi-¡Ei hijo!
ro-Me llamo Roberto.-Contestó en plan borde.
mi-Qué mal os hizo a tu hermana y a ti la edad del pavo...-respondió él a la provocación de mi hermano, demostrando la misma madurez que un niño de quince años y trescientos sesenta y muy pocos días. Mi padre me miró y luego a Pep.-¿Y este pinpollo?
i-Es un amigo.
mi-¿Pero amigo, o amigo en plan Messi...? "Mierda, ¿no puedo pasar un fin de semana sin escuchar ese apellido? Claro, lógico, hay partido, eres su ex más reciente, y vas con Guardiola por la calle, no, no puedes, Iria."Me decía a mí misma.
pg-Amigo.-Ofreció la mano a mi padre a modo de saludo.
Miguel no tardó nada en firmar la custodia y nada más salir del notario fuimos a casa, a buscar las cosas de Roberto. Pep conoció a mi madre, que fue tan campechana como de costumbre(No sabía que Pep fuese famoso, así que no costó que lo fuera). Llegamos a las once a Barcelona y me llevé a Roberto a casa. Lo ayudé a dehacer las maletas y ambos nos fuimos a dormir. Por la mañana me le llevé a La Masía, ya que él aun no sabía ir solo, y tenía que entrenar. Estuve viéndole, lo llevaba muy bien...eso de ser "El Nuevo" en realidad, como cambiaba de instituto cada seis meses, por lo de mamá y Miguel, estaba acostumbrado.
Comimos fuera, juntos, y las cuatro recibí la llamada de Pep. A las seis había entrenamiento, y al día siguiente era miércoles y había partido, la conclusión de esto era que el entreno iba a ser flojito. Roberto tenía clases, así que cogió el autobús y se fue de nuevo a La Masía, y yo, cogí otro y me fui a la Ciutat Esportiva.
Al llegar Leo fue al primero al que distinguí desde la lejanía, obviamente, era el que estaba sentado en el cesped, solo y alejado del resto del grupo.
Al verme él, se frotó los ojos y sonrió, y Gerard y Cesc, al ver su gesto de emoción, corrieron a abrazarle, supongo, ahora, que ese es uno de esos momentos en los que necesitas un abrazo, y no importa de quién. ¿Que cómo me sentí yo...? Pues bien, yo al ver su sonrisa, al verle contento, noté cómo se me aceleraba el corazón,  y cómo mi respiración se desacompasaba. Sentí ganas de abrazarlo, no podía, no debía, era el orgullo quien tenía la culpa, porque, si me hubiese dejado llevar por los impulsos amorosos, no le hubiese soltado nunca, jamás de los jamases. Por otro lado, estaba muy claro que no iba a perdonarle semejante traición como si nada, y no tenía pensado perdonarle, desde luego, nunca. Para mí, Leo había sido otro Don Juan, como los hay a patadas, que había conseguido encandilarme.
Gerard vino a hablar conmigo y Leo, aprovechó esto para correr junto a Gerard y junto a mí.
gp-Ven pasadomañana a entrenar, Iria, se te echa mucho en falta en los entrenos, y tus caras de estreñida en los partidos, también.
i-Bueno, vendré a verte, porque sé que me echas mucho de menos.
gp-Mucho Iria, yo mucho.-Se rio, y yo hice todo lo posible para que mi risa de respuesta pareciese menos falsa de lo que en realidad era. Y de repente se marchó a seguir el ritmo de Keita, porque supongo que yo estaba baja de forma, y Leo también.
l-¿Cómo te va?-Rompió el hielo.
i-Bien, ¿y a ti?...-Le respondí sin mirarle, no quise que viese la mentira en mis ojos.
Se encogió de hombros.
l-El sábado, bueno...no jugué, pero mañana sí, jugaré y marcaré, lo haré por...
i-Me alegro.-Le interrumpí antes de que dijese ese "vos" que pisaba fuerte rumbo a mi corazón.
l-Sí, me enteré de lo de Rober...enhorabuena, espero jugar algún día a su lado.
i-Leo, él es el fan y tu el ídolo, de momento, así que dale tiempo al tiempo, algún día lo desearás, pero por ahora, quien quiere jugar con el otro, es él. Me voy a hablar con Pep.-Salí huyendo de esa conversación que cada vez perdía más sentido. Leo había sido tan cortés que necesitaba otro ambiente, Dani, Gerard, Pinto, Adriano, Thiago...
Al acabar de entrenar salí zumbando a mi casa, con Roberto, que llevaba ya media hora esperándome.
El día siguiente, hasta por la noche no pasó nada interesante, pero a las diez, al salir yo de mi habitación, Roberto estaba tirado en el sofá, veía al Barça.
ro-Vamos 1-2, acaba de marcar Messi, y lo ha celebrado guay, ha ido a la cámara y ha dicho "Por siempre, y para siempre, yo te amo".
i-Pues bien por él.-No es que fuese una piedra sin sentimientos, esque no se me ocurrió otra cosa que decir, necesité un abrazo, y Roberto, que tiene mi ADN y esas cosas, lo supo, y me lo dio. Empecé a llorar a la vez que lo abrazaba.
i-Me engañó, Roberto, me engañó.-Le conté entre sollozos.

lunes, 7 de mayo de 2012

Capítulo 34 (:

Roberto, primero corrió en línea recta en spring y con el balón en los pies, y conmigo molestándole la carrera. Luego dio toques, veintitres para ser exactos, antes de que Pep le dijese que parase. Más tarde, después de darle un pequeño descanso, probó tiros de falta con los monigotes delante de la portería, y efectividad tirandome penaltis...aunque aquello no tenía mucho sentido, pero le pusimos a trece metros...
pg-n momento, voy a hacer una llamada.
ro-Vale, como usted quiera.-Pep salió del recinto, móvil en mano. Unos diez minutos después volvió a por nosotros.
Llamó a un taxi.
i-¿A dónde vamos Pep?
pg-A un centro de salud, a que le haga unas pruebas médicas ...resistencia...corazón y tal. Roberto y yo asentimos casi a la vez.
Se hizo las pruebas con unos electrodos,  en una máquina de correr, también una de fuerza, velocidad y reflejos. Roberto y yo salimos del hospital y nos sentamos a esperar a Pep en un banco, le estuvimos esperando como treinta minutos, básicamente lo que tardaron en darle las pruebas y hacer la llamada correspondiente.
pg-Chaval.-Rober se levantó del banco donde esperábamos.
ro-Dígame.
pg-Nos vamos a ver mucho, así que trátame de tú.
i-Eso quiere decir que...
pg-Está dentro.-Empecé a gritar letras repentinas, no me salía nada más, no sólo porque Ró estuviese dentro, sino por lo que esto significaba, ya que yo había prometido irme de Barcelona si no cogían a Roberto, y yo no quería irme.-Tienes seis partidos de prueba con los que van a ser tus compañeros. Vas a ser titular, a no ser que haya algún incidente, en todos. Si consigues marcar un gol y asistir al menos una vez en esos seis partidos, estás oficialmente en el equipo. Tendrás contraro oficial, por dos años.
ro-¿Don años?-Gritó de la emoción.
pg-Sí.
ro-Eso es casi hasta los dieciocho...si lo hago muy muy bien, podría jugar hasta un partido oficial.
pg-Si sigues así, jugarás más de uno.
i-Tenemos un problema. Nuestros padres están divorciados, él...no va a querer que nos le llevemos.
ro-Pero él no es mi padre, Iria.
i-Lamentablemente, cariño, es el tuyo y el mío.
pg-Pero vosotros ¿Cómo os llevai con él?
i-Yo llevo ya mucho sin verle porque al ser mayor de edad, tengo la posibilidad de elegir.
ro-Yo le odio, siempre llega un mes tarde a por mi. Estoy más con mamá, ...eso es lo único bueno de su impuntualidad.
pg-La única solución es que la custodia te la dé a ti, Iria.
Nada más escuchar eso cogí mi móvil y marqué donde decía "papá".
mi-¿Sí?
i-Hola papi!
mi-Esto no son horas de llamar
i-Son casi las dos, te llamaba porque quería pedirte tu parte de la custodia de Roberto.
mi-¿Y yo de eso...qué me llevo? Bueno...¿Dónde está el truco?
i-No hay truco papi, tu me cedes la custodia ante notario, y simplemente ya no tienes que ir a casa a llevártele, y aguantarle durante seis meses.
mi-¿Va a ser bueno para Alberto?
i-Roberto...sí, va a ser bueno, va a ir a un buen instituto, y a ser constante.
mi-¿Cuándo dices que firmamos?-Levanté el pulgar hacia Pep y Ro, en señal de victoria.
i-Esta tarde en el notario de debajo de tu casa, a las siete, llama y pide cita, urgente.
mi-Sí, hasta luego hija.-Colgó.
ro-¿Y bien?
i-Sí!-Chillé.
pg-Vas a vivir en La Masía, ¿no?
ro-Hombre, yo he pensado en vivir con Iria el tiempo que tarde en arreglarlo con Leo, y cuando vuelvan, para no molestarles, me voy a La Masía.
i-¿Cómo sabes que no estoy con Leo?-Pep se fue al darse cuenta de que era algo más o menos privado.
ro-No jugó el otro día, y no va a los entrenamientos, si estuviese lesionado, no habrías venido tu. estarías tan pegada a él que os aborreceríais sin parar de querer estar juntos. Sois así.
i-No pasamos todo el día juntos, ¿sabes?
ro-¿Qué paso?-Preguntó ignorando mis excusas baratas.
i-No conectábamos.-Mentí y su risa sarcástica empezó a alzarse sobre el resto de sonidos de la puerta de entrada de aquel hospital.
ro-Iria, escúchame bien.-Me miraba a los ojos con tanta fijeza que asustaba.-Jamás, en mis casi dieciseis años de vida, he visto a dos personas conectar de la misma manera de la que Leo y tu lo haceis. No esque esteis juntos por estar con alguien, estais juntos porque os necesitais ell uno al otro, cuando estais dos minutos sin hablaros, ambos acabais desviando la mirada, esperando a que la del otro se cruce y entrelazar vuestra mirada....Él, en cualquier partido que tu hayas visto desde el banquillo, ha echado más miradas al banco que en todo el resto de su vida como futbolista. No sé Iria...no puedes venir y decirme "no conectábamos".

viernes, 4 de mayo de 2012

Capítulo 33 (:

"¿Un Beltrán, decepcionar? Eso jamás". Pensé yo. ¿En qué cabeza cabía?
Empezamos el entrenamiento y Sara nos miraba desde la grada, estaba todo llenísimo de periodistas, lógico, era el primer entreno después de el clásico.
Al acabar, yo me fui de compras con Sara, comimos fuera y me compré un vestido azul precioso. Volví andando, llegué a la puerta de entrada al terreno de la casa, iba a llamar pero vi a lo lejos a Antonella, yéndose, abrochándose la camisa. Cogí las llaves y entré con toda la rapidez que mi cuerpo me permitía físicamente. Entré en casa...no  podía ser cierto...Leo no llevaba camisa, y tenía el cuello lleno de carmín. Estampé las llaves contra el suelo, enfurecida y fui directa a la habitación, cogí mi maleta del altillo del armario y eché toda la ropa dentro.
l-Puedo explicarlo...¡no es lo que parece!
i-No hace falta que me expliques nada, aunque ya sé que puedes.
Me sujetó del brazo, di un tirón y me marché, pensé por unos minutos, sin saber a dónde ir o cómo reaccionar, ya que la rabia me impedía pensar con claridad. Fui al banco, saqué dinero y llamé a la mujer que me había alquilado su piso en el que yo vivía antes de conocer a Leo. Ya tenía al menos dónde ir, y desde hacía unos meses, el club me daba algunos ingresos mensuales, aunque bastante menores que los de Leo, suficientes para llevar un día a día normalito. Cogí un taxi y fui a la casa, nada más entrar, encendí mi móvil, Leo no hacía más que llamarme y mandarme mensajes, pero yo ni los leí,  ni los escuché, los borré todos y volví a apagar el móvil. Llamé a Sara. Ella vino corriendo para que le contase lo que había pasado, pensó que era algo grave cuando me escuchó llorar, y realmente lo era. Se lo conté todo entre lágrimas sofocadas, pero ella seguía sin creérselo.
sa-Pero Iria, eso no puede ser así...Él te quiere, más que a esa...¡y que al mismo fútbol! No lo entiendo.-Negó con la cabeza, rotundamente. Interrumpida por mis sollozos.
i-Yo...me voy a morir, yo no había planificado mi vida sin él, no me había imaginado nada sin él, ni siquiera se me había pasado jamás por la cabeza que esto fuese a suceder. Pero ha sucedido.
sa-¿Qué vas a hacer?
i-Quedarme, si aceptan a mi hermano, sino...volveré a Madrid.
sa-¿Vas a renunciar a tu sueño, por un hombre?
i-Sara, parece que no lo entiendes...mi sueño es ese hombre, y yo no soy el suyo, él ha renunciado a mí. Si él considera a esa furcia mejor...pues que esté con ella, yo buscaré a alguien a quien merezca.
Estuvimos juntas hasta muy tarde.
Empearon a pasar los días, Gerard venía cada día a animarme, y sobretodo a pedirme que le concediese unos minutos a Leo, pero yo no quería verle, ni escucharle.
Aquella semana yo no hice nada, Sara me ayudaba a todo, me llamaba para que yo tuviese un sólo motivo por el cual levantarme de la cama, y me mandaba ir a la calle...o a la compra etc.
Pep me llamó una semana después. Quería que me fuese con ellos a Madrid, a ver la prueba de mi hermano, y eso hice. Me fui a Madrid, pero por mi cuenta, evitando cruzarme con cualquier trayectoria posible que pudiese cruzar un sólo jugador...o incluso un sólo aficionado. Alquilé mi hotel lejos del suyo, y no fui a ver el partido.
El domingo por la mañana me reuní con Pep en el polideportivo donde jugaba el equipo de mi hermano.
i-¡Vamos mi rubio!-Grité, nada más entrar y ver a mi hermano entrenando.
Estuve con Pep, comentando el partido, ambos evitábamos el tema de Leo, aunque a los dos nos ocupaba completamente las ideas.
i-¿Cuánto quedamos ayer, Pep?
pg-¿No lo viste?-Negué para responderle.-0-1...gol de Xavi, él, se lo dedicó a Leo, nos hubiera sido más fácil si Leo hubiese venido.-Le miré sorprendida. ¿Leo no estaba en Madrid, qué le había ocurrido?-Últimamente no viene a algunos entrenamientos, no quiso venir para jugar, cuando viene a los entrenamientos, corre a los vestuarios, se sienta en el suelo, y mira a la pared, hasta que acabamos y tiene oportunidad de salir corriendo, y se encierra en sí mismo. "¿Me echa de menos?" Pensé yo.-Ven al próximo entreno, aunque sólo sea para que te vea en persona, y no en el fondo de su móvil.
Me lo pensé mientras volvía la mirada a mi hermano, que lo estaba haciendo muy bien. Asentí, pero no lo hice por el bien de Leo, sino por el equipo...ante todo, culé, me dije a mí misma para excusarme.
Ambos continuamos mirando a mi hermano, él jugaba, y juega de lateral, por supuesto, ganó él, 6-1, dos goles y dos asistencias de Roberto. Por supuesto, la calidad de mi hermano destacaba sobre cualquier otro chaval de su edad que jugase en su posición. El resto de chavales se hicieron unas fotos con Pep y se marcharon al vestuario, pero Roberto se quedó para hacer las pruebas en solitario.

martes, 1 de mayo de 2012

Capítulo 32
sa-Fuimos a su casa...y esta mañana no me ha dejado salir de la cama hasta que no le he dicho que me quedaba en su casa, con él...Así que...¡Ahora somos "vecinas"!
l-Sí, nosotros también lo hemos pasado bien.
sa-No des más detalles superpan.
i-Sí, mejor ahorrate nuestros detalles.
Sara fue a la habitación y empezó a sacar sus cosas del armario, yo la ayudé a hacer la maleta, después de un rato, Leo subió las escaleras cantando como si no hubiese un alma en la casa.
l-Soy superpan soy superpan super super super super superpan, yo puedo volaaaaaar...
Acabamos la maleta. Sonó el timbre. Ibi venía a recoger a Sara en su día libre. Leo corrió a abrir la puerta, Ibrahim entró sonriendo.
l-Vienes a llevártela...
ia-Sí.-Chocó su mano contra la de Leo. Al verla bajar se le entreabrió una encantadora sonrisa.
ia-¿Estás lista?
sa-Sí.-Asintió con firmeza, una sola vez.
ia-Pues...vámonos.
En una mano cogió la maleta y en la otra la cintura de Sara.
sa-Adios Leo, adios Iria!
ia-Adios Leo...gracias Iria.-Sonreimos, se fueron.
Leo y yo nos dedicamos una mirada cómplice. Me dio un beso en la frente.
l-Vamos a hacer la comida. Son las dos.
Entramos en la cocina, hicimos pollo frito y lo llevamos a la mesa del jardín. Empezamos a comer y se me ocurrió una pregunta que me daba bastante curiosidad.
i-Leo...cuando dejes de jugar...sobre los treinta y cinco, ¿a qué vas a dedicarte?
l-¿Cómo?
i-Quiero decir...¿Vas a estar toda la vida de brazos cruzados?
l-¿Pero por quién me tomas? Iria...¿Me has visto hacer el vago alguna vez? ...y...aunque lo hiciera, ¿no crees que ya he hecho más que muchas personas ancianas en toda su vida?-Alzaba la voz por cada palabra.
i-No me he expresado bien...
l-Te has extresado perfectamente. No me esperaba esa pregunta de vos.-Se levantó de la silla y cogió el playo, lo llevó en la cocina y se sentó en el sofá mientras encendía la televisión y subía el volumen lo más alto posible.
Yo me quedé quieta un momento, y en mi cabeza retumbaban siete palabras. "No me esperaba esa pregunta de vos". Lo escuchaba una y otra vez, en mi cabeza, me sentí un monstruo, lo había decepcionado. Quería llorar, pero no podía permitirme llorar ahí, delante de él. Me levanté con rabia, pasando delante de él, corrí a la habitación y cerré la puerta, tirándome bocaabajo sobre la cama. Pasaron las horas y yo no era capaz de moverme, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho...nueve...diez... Me llegó un mensaje al móvil, lo abrí. "Sal a comer algo." Dejé el móvil sobre la cama, pegado a mi mano y volví a tumbar la cabeza contra las sábanas. Un minuto después llegó otro. "Sal, sé que has leido el mensaje". Me moría de rabia, no quería recibir otro puñetero mensaje, cogí el teléfono móvil y lo estampé contra una pared.
Al rato Leo llamó a la puerta, no contesté, abrió y entró. Traía una bandeja con uno de sus ya famosos sandwiches de chorizo y queso, una lata de Pepsi, y una rosa, recién cortada del jardín. Lo dejó todo sobre la cama y se sentó a mi lado, puso su mano sobre mi gemelo y lo acarició, despacio.
i-Vete.
l-Resulta que estás en mi cama, que está en mi habitación, que está en mi casa.-Me limpié las lágrimas de la cara. Él sonrió.
i-Vale pues...haré las maletas y me iré dentro de un rato.
l-Vamos, no digas tonterías y come.-Mi estómago me delató con un enorme rugido.-Estás muerta de hambre, come algo.-Acarició de nuevo mi gemelo de arriba a abajo.
i-Leo, perdóname.-Le supliqué, poniéndo las manos juntas como si estubiese rezándole.-Si no te tengo me muero.
Por favor, perdóname por todo lo que haya podido molestar que yo haya hecho, o dicho, desde que nos conocemos. Perdón.-Las lágrimas bajadan en carrera por mis mejillas.
l-Estás más que perdonada, desde el mismo momento en el que me enojaste, o desde antes incluso.-Dijo arrodillándose frente a mí y cogiéndome la cara.-No puedo enfadarme contigo...jamás. Deja de llorar.-Rogó limpiándome las lágrimas. Le besé con fuerza.-Come.-Dijo echándome una mirada a la bandeja. Asentí y apreté su mano con la mía.
i-No te vallas.
l-No me iré.
Deboré el sandwich que Leo me había preparado mientras él se reía.
l-¿Estubiste llorando desde que comimos?-Asentí. Me frotó el brazo, desde el hombro al codo. Abrió el armario y cogió su pijama. Se empezó a desvestir mientras yo le observaba, y sentía voces celestiales en cada centímetro que me descubría de su cuerpo.-¿Qué miras?
i-Tu sabrás.-Le guiñé el ojo, se lanzó a la cama sin haber terminado de ponerse el pantalón y empezó a hacerme cosquillas. Yo me puse a patalear de una manera exagerada, se tumbó sobre mi para evitar que siguiese moviéndome con brusqueza y terminó de subirse el pantalón.
l-¿Y ahora qué?
i-Ahora me sueltas!-Exigí.
Se hizo el muerto dejando caer sobre mí todo su peso. Cerró los ojos y se movió para tumbarse sobre la cama y dejarme libre. Me puse el pijama bajo su atenta mirada que no perdía detalle.
l-¡Qué linda!
i-Sí, ahora...
l-Como Dios te trajo al mundo...bueno, casi.-Me puse el pijama y me tumbé a su lado, me abrazó y esperó despierto a que yo me durmiese para dormirse él.
Sonó el despertador, Leo se levantó saltando como si le hubiesen pisado, apagó el despertador con respiración más que acelerada.
i-¡Estás...bien?
l-He tenido una pesadilla.
i-¿Qué pasaba?-Me puse nerviosa.
l-Que me levantaba y te habías ido, y...he hecho todo lo posible para despertarme, y no podía, me volvía loco...
i-Estoy aquí.-Le abracé y el escondió la cara sobre mi pecho.
i-Vamos a vestirnos.
Se levantó con desasosiego y me abrazó. Le besé.
i-Vístete Leo, que vamos a llegar tarde.
Nos duchamos, nos vestimos, desayunamos y nos fuimos al entrenamiento. Al llegar me dirigí directamente a Pep.
i-¿Te acuerdas de mi hermano?
pg-Roberto, sí...¿Qué?
i-Quiere hacer las pruebas para la masía...
pg-Pues...en unos días, cuando vallamos a jugar al Calderón, la semana que viene, le hago la prueba. Que no me descepcione, aunque no lo hará si juega como su hermana.