martes, 1 de mayo de 2012

Capítulo 32
sa-Fuimos a su casa...y esta mañana no me ha dejado salir de la cama hasta que no le he dicho que me quedaba en su casa, con él...Así que...¡Ahora somos "vecinas"!
l-Sí, nosotros también lo hemos pasado bien.
sa-No des más detalles superpan.
i-Sí, mejor ahorrate nuestros detalles.
Sara fue a la habitación y empezó a sacar sus cosas del armario, yo la ayudé a hacer la maleta, después de un rato, Leo subió las escaleras cantando como si no hubiese un alma en la casa.
l-Soy superpan soy superpan super super super super superpan, yo puedo volaaaaaar...
Acabamos la maleta. Sonó el timbre. Ibi venía a recoger a Sara en su día libre. Leo corrió a abrir la puerta, Ibrahim entró sonriendo.
l-Vienes a llevártela...
ia-Sí.-Chocó su mano contra la de Leo. Al verla bajar se le entreabrió una encantadora sonrisa.
ia-¿Estás lista?
sa-Sí.-Asintió con firmeza, una sola vez.
ia-Pues...vámonos.
En una mano cogió la maleta y en la otra la cintura de Sara.
sa-Adios Leo, adios Iria!
ia-Adios Leo...gracias Iria.-Sonreimos, se fueron.
Leo y yo nos dedicamos una mirada cómplice. Me dio un beso en la frente.
l-Vamos a hacer la comida. Son las dos.
Entramos en la cocina, hicimos pollo frito y lo llevamos a la mesa del jardín. Empezamos a comer y se me ocurrió una pregunta que me daba bastante curiosidad.
i-Leo...cuando dejes de jugar...sobre los treinta y cinco, ¿a qué vas a dedicarte?
l-¿Cómo?
i-Quiero decir...¿Vas a estar toda la vida de brazos cruzados?
l-¿Pero por quién me tomas? Iria...¿Me has visto hacer el vago alguna vez? ...y...aunque lo hiciera, ¿no crees que ya he hecho más que muchas personas ancianas en toda su vida?-Alzaba la voz por cada palabra.
i-No me he expresado bien...
l-Te has extresado perfectamente. No me esperaba esa pregunta de vos.-Se levantó de la silla y cogió el playo, lo llevó en la cocina y se sentó en el sofá mientras encendía la televisión y subía el volumen lo más alto posible.
Yo me quedé quieta un momento, y en mi cabeza retumbaban siete palabras. "No me esperaba esa pregunta de vos". Lo escuchaba una y otra vez, en mi cabeza, me sentí un monstruo, lo había decepcionado. Quería llorar, pero no podía permitirme llorar ahí, delante de él. Me levanté con rabia, pasando delante de él, corrí a la habitación y cerré la puerta, tirándome bocaabajo sobre la cama. Pasaron las horas y yo no era capaz de moverme, las cuatro, las cinco, las seis, las siete, las ocho...nueve...diez... Me llegó un mensaje al móvil, lo abrí. "Sal a comer algo." Dejé el móvil sobre la cama, pegado a mi mano y volví a tumbar la cabeza contra las sábanas. Un minuto después llegó otro. "Sal, sé que has leido el mensaje". Me moría de rabia, no quería recibir otro puñetero mensaje, cogí el teléfono móvil y lo estampé contra una pared.
Al rato Leo llamó a la puerta, no contesté, abrió y entró. Traía una bandeja con uno de sus ya famosos sandwiches de chorizo y queso, una lata de Pepsi, y una rosa, recién cortada del jardín. Lo dejó todo sobre la cama y se sentó a mi lado, puso su mano sobre mi gemelo y lo acarició, despacio.
i-Vete.
l-Resulta que estás en mi cama, que está en mi habitación, que está en mi casa.-Me limpié las lágrimas de la cara. Él sonrió.
i-Vale pues...haré las maletas y me iré dentro de un rato.
l-Vamos, no digas tonterías y come.-Mi estómago me delató con un enorme rugido.-Estás muerta de hambre, come algo.-Acarició de nuevo mi gemelo de arriba a abajo.
i-Leo, perdóname.-Le supliqué, poniéndo las manos juntas como si estubiese rezándole.-Si no te tengo me muero.
Por favor, perdóname por todo lo que haya podido molestar que yo haya hecho, o dicho, desde que nos conocemos. Perdón.-Las lágrimas bajadan en carrera por mis mejillas.
l-Estás más que perdonada, desde el mismo momento en el que me enojaste, o desde antes incluso.-Dijo arrodillándose frente a mí y cogiéndome la cara.-No puedo enfadarme contigo...jamás. Deja de llorar.-Rogó limpiándome las lágrimas. Le besé con fuerza.-Come.-Dijo echándome una mirada a la bandeja. Asentí y apreté su mano con la mía.
i-No te vallas.
l-No me iré.
Deboré el sandwich que Leo me había preparado mientras él se reía.
l-¿Estubiste llorando desde que comimos?-Asentí. Me frotó el brazo, desde el hombro al codo. Abrió el armario y cogió su pijama. Se empezó a desvestir mientras yo le observaba, y sentía voces celestiales en cada centímetro que me descubría de su cuerpo.-¿Qué miras?
i-Tu sabrás.-Le guiñé el ojo, se lanzó a la cama sin haber terminado de ponerse el pantalón y empezó a hacerme cosquillas. Yo me puse a patalear de una manera exagerada, se tumbó sobre mi para evitar que siguiese moviéndome con brusqueza y terminó de subirse el pantalón.
l-¿Y ahora qué?
i-Ahora me sueltas!-Exigí.
Se hizo el muerto dejando caer sobre mí todo su peso. Cerró los ojos y se movió para tumbarse sobre la cama y dejarme libre. Me puse el pijama bajo su atenta mirada que no perdía detalle.
l-¡Qué linda!
i-Sí, ahora...
l-Como Dios te trajo al mundo...bueno, casi.-Me puse el pijama y me tumbé a su lado, me abrazó y esperó despierto a que yo me durmiese para dormirse él.
Sonó el despertador, Leo se levantó saltando como si le hubiesen pisado, apagó el despertador con respiración más que acelerada.
i-¡Estás...bien?
l-He tenido una pesadilla.
i-¿Qué pasaba?-Me puse nerviosa.
l-Que me levantaba y te habías ido, y...he hecho todo lo posible para despertarme, y no podía, me volvía loco...
i-Estoy aquí.-Le abracé y el escondió la cara sobre mi pecho.
i-Vamos a vestirnos.
Se levantó con desasosiego y me abrazó. Le besé.
i-Vístete Leo, que vamos a llegar tarde.
Nos duchamos, nos vestimos, desayunamos y nos fuimos al entrenamiento. Al llegar me dirigí directamente a Pep.
i-¿Te acuerdas de mi hermano?
pg-Roberto, sí...¿Qué?
i-Quiere hacer las pruebas para la masía...
pg-Pues...en unos días, cuando vallamos a jugar al Calderón, la semana que viene, le hago la prueba. Que no me descepcione, aunque no lo hará si juega como su hermana.




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