Capítulo 35 (:
i-Lo siento...
ro-Díselo a él, que es el que está realmente jodido ahora. - "¿Encima soy yo la mala?¿Me pone los cuernos y va de víctima?" Me conciencié a mí misma de que yo no era culpable, y en realidad, era así.
Hablé con mi madre, ella estuvo muy de acuerdo con que me llevase a Roberto si de verdad, a sus casi dieciseis años le veían futuro, aunque eso sí, me prometió mudarse a Barcelona en menos de un año.
Comimos con Pep, dimos una vuelta por Madrid y nos fuimos corriendo al notario, a las siete y cinco, allí estaba mi padre, con su barba de dos días y la camisa manchada de alguna absurda asquerosidad...ketchup, salsa barbacoa...y eso si no pensabamos en la posibilidad de que se hubiese peleado, y fuese un resto humano.
mi-¡Ei hijo!
ro-Me llamo Roberto.-Contestó en plan borde.
mi-Qué mal os hizo a tu hermana y a ti la edad del pavo...-respondió él a la provocación de mi hermano, demostrando la misma madurez que un niño de quince años y trescientos sesenta y muy pocos días. Mi padre me miró y luego a Pep.-¿Y este pinpollo?
i-Es un amigo.
mi-¿Pero amigo, o amigo en plan Messi...? "Mierda, ¿no puedo pasar un fin de semana sin escuchar ese apellido? Claro, lógico, hay partido, eres su ex más reciente, y vas con Guardiola por la calle, no, no puedes, Iria."Me decía a mí misma.
pg-Amigo.-Ofreció la mano a mi padre a modo de saludo.
Miguel no tardó nada en firmar la custodia y nada más salir del notario fuimos a casa, a buscar las cosas de Roberto. Pep conoció a mi madre, que fue tan campechana como de costumbre(No sabía que Pep fuese famoso, así que no costó que lo fuera). Llegamos a las once a Barcelona y me llevé a Roberto a casa. Lo ayudé a dehacer las maletas y ambos nos fuimos a dormir. Por la mañana me le llevé a La Masía, ya que él aun no sabía ir solo, y tenía que entrenar. Estuve viéndole, lo llevaba muy bien...eso de ser "El Nuevo" en realidad, como cambiaba de instituto cada seis meses, por lo de mamá y Miguel, estaba acostumbrado.
Comimos fuera, juntos, y las cuatro recibí la llamada de Pep. A las seis había entrenamiento, y al día siguiente era miércoles y había partido, la conclusión de esto era que el entreno iba a ser flojito. Roberto tenía clases, así que cogió el autobús y se fue de nuevo a La Masía, y yo, cogí otro y me fui a la Ciutat Esportiva.
Al llegar Leo fue al primero al que distinguí desde la lejanía, obviamente, era el que estaba sentado en el cesped, solo y alejado del resto del grupo.
Al verme él, se frotó los ojos y sonrió, y Gerard y Cesc, al ver su gesto de emoción, corrieron a abrazarle, supongo, ahora, que ese es uno de esos momentos en los que necesitas un abrazo, y no importa de quién. ¿Que cómo me sentí yo...? Pues bien, yo al ver su sonrisa, al verle contento, noté cómo se me aceleraba el corazón, y cómo mi respiración se desacompasaba. Sentí ganas de abrazarlo, no podía, no debía, era el orgullo quien tenía la culpa, porque, si me hubiese dejado llevar por los impulsos amorosos, no le hubiese soltado nunca, jamás de los jamases. Por otro lado, estaba muy claro que no iba a perdonarle semejante traición como si nada, y no tenía pensado perdonarle, desde luego, nunca. Para mí, Leo había sido otro Don Juan, como los hay a patadas, que había conseguido encandilarme.
Gerard vino a hablar conmigo y Leo, aprovechó esto para correr junto a Gerard y junto a mí.
gp-Ven pasadomañana a entrenar, Iria, se te echa mucho en falta en los entrenos, y tus caras de estreñida en los partidos, también.
i-Bueno, vendré a verte, porque sé que me echas mucho de menos.
gp-Mucho Iria, yo mucho.-Se rio, y yo hice todo lo posible para que mi risa de respuesta pareciese menos falsa de lo que en realidad era. Y de repente se marchó a seguir el ritmo de Keita, porque supongo que yo estaba baja de forma, y Leo también.
l-¿Cómo te va?-Rompió el hielo.
i-Bien, ¿y a ti?...-Le respondí sin mirarle, no quise que viese la mentira en mis ojos.
Se encogió de hombros.
l-El sábado, bueno...no jugué, pero mañana sí, jugaré y marcaré, lo haré por...
i-Me alegro.-Le interrumpí antes de que dijese ese "vos" que pisaba fuerte rumbo a mi corazón.
l-Sí, me enteré de lo de Rober...enhorabuena, espero jugar algún día a su lado.
i-Leo, él es el fan y tu el ídolo, de momento, así que dale tiempo al tiempo, algún día lo desearás, pero por ahora, quien quiere jugar con el otro, es él. Me voy a hablar con Pep.-Salí huyendo de esa conversación que cada vez perdía más sentido. Leo había sido tan cortés que necesitaba otro ambiente, Dani, Gerard, Pinto, Adriano, Thiago...
Al acabar de entrenar salí zumbando a mi casa, con Roberto, que llevaba ya media hora esperándome.
El día siguiente, hasta por la noche no pasó nada interesante, pero a las diez, al salir yo de mi habitación, Roberto estaba tirado en el sofá, veía al Barça.
ro-Vamos 1-2, acaba de marcar Messi, y lo ha celebrado guay, ha ido a la cámara y ha dicho "Por siempre, y para siempre, yo te amo".
i-Pues bien por él.-No es que fuese una piedra sin sentimientos, esque no se me ocurrió otra cosa que decir, necesité un abrazo, y Roberto, que tiene mi ADN y esas cosas, lo supo, y me lo dio. Empecé a llorar a la vez que lo abrazaba.
i-Me engañó, Roberto, me engañó.-Le conté entre sollozos.
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