sábado, 29 de diciembre de 2012

Capítulo 38.
Un millón de rayadas.

Cuando salimos a flote, me goteó todo el agua de la melena de Leo en la nariz, me di cuenta así de lo desmesuradamente cerca que estábamos y lo nerviosa que eso me ponía, de forma tan radical.
Separé los labios esperando un beso, él acarició mi labio inferior con el pulgar, se rió de mi cara de tonta y volvió a hundirse conmigo boqueando.
Entonces sí tragué agua.
lm-¿Qué, está rica el agua?
da-¡Ahora verás!-Grité a la vez que me desprendía de él para atacarle.
lm-Si esperabas otra cosa no tienes más que decirlo para recibirlo.-Sonrió acercándose a mí de nuevo.
Sentí que, quizás, yo ni siquiera era la propietaria de ese beso, que me creía más de lo que debía y eso volvió a abrir la herida que cicatrizaba en mi interior.
da-No esperaba precisamente que me hundieras.
lm-Ven tonta.-Puso morritos. No me moví, no esperaba ceder como una idiota a que me volviese a coger en brazos y volver a creerme quien realmente yo no era.-¿Eh, no vas a venir?-Preguntó avanzando hacia mí.
Con toda mi fuerza, le salpiqué en la cara.
Empezamos una gran guerra y cuando, oficialmente le hube dado una paliza histórica, por fin le dejé acercarse a mí.
lm-¿Sabes qué hora es? ¡La hora de quitarse el top?
da-Tu lo que eres es tonto de nacimiento, ¿o ensayas en tu tiempo libre golpeándote la cabeza y esas cosas?
Soltó una carcajada.
lm-Y me quito en bañador.
da-¿Y el calzoncillo que llevas debajo?
lm-No ha colado, ¿no?
da-Ni un poquito.
Comimos y salimos a la calle a dar una vuelta.
Paseamos por un mercadillo medieval, Leo llevaba una careta, hasta que nos encontramos una notaría.
da-¿Sabes lo tonto que pareces así con una careta por la calle?
lm-Lo supongo. Tengo que hacer unos trámites, ¿quiéres darte un paseo por aquí? Y en una hora y media vuelves...
da-Me parece bien.
lm-¿No te perderás?
da-¿Me consideras estúpida? He vivido aquí ocho años.
lm-Bastante.-Le saqué la lengua.
Entró en la notaría, esa fue la última vez que le vi antes de empezar a cumplir la lista de locuras que tenía en la cabeza y que irían en cadena aquella ruinosa semana. 
Me alejé de la notaría y me hice un plano mental de la ciudad, estaba en la parte rica, solamente tenía que bajar un par de callejuelas para llegar a la otra zona, donde yo nací, donde me había criado. Empecé a correr, quería llegar porque sabía que allí no habría un rincón que no recordara, allí seguro que me encontraría como en casa. Llegué incluso a recordar la dirección de aquella que, catorce años atrás había sido mi casa, y allí es a donde me dirigí.
Fue para mí una sorpresa ver que no había cambiado nada en la fachada, sólo que ahora tenía un serio problema de humedades, y que se había convertido en una tienda de tatuajes. Me senté junto a la puerta un momento. Lo pensé dos veces y ...tuve un arranque de coraje, me levanté y empecé a leer en la puerta la hoja que exponía los horarios de apertura de la tienda. Cuando estaba a punto de leer "los viernes" la puerta se abrió, me encontré frente a frente con un chico de mi edad, muy alto, delgado y con el cuerpo plagado de tatuajes. Tenía el pelo muy largo, con rastas recogidas en una coleta baja, los ojos verdes, una perilla que en absoluto le favorecía, y un pircing en la ceja. 
ser-¿Querés algo?
da-¿Cuánto puedes tardar en hacerme un tatuaje pequeño, casi todo en negro...?
ser-Media hora como mucho. Si no te quejás, claro...
Miré mi reloj, me quedaba una hora y veinte minutos para tener que reunirme de nuevo con Leo.
Entré en "mi casa"/tienda de tatuajes. 
ser-Sentate allá.-Señaló una silla medio destartalada.
Me senté y llevé la mano al monedero.
da-¿Cuánto me va a costar?
ser-A vos nada, Danielita...-Sonrió y dejó ver una dentadura verdaderamente perfecta. Para las pintas que tenía, no debía de haber probado un cigarro en la vida.
Recorrí catorce años con la mente, con siete/ocho años sólo conocía dos personas que me llamaran así, mi madre, y un niño alto, poco mayor que yo, que adoraba meterse conmigo para que le persiguiera y jugáramos al escondite, mi primo Sergio. No me lo creía.
da-¿Sergio?
ser-Me halaga que no me reconocieras antes.
Le abracé.
da-Hace catorce años, Sergio, estás cambiadísimo.
ser-Y vos guapísima...Dicen que allá te volviste a encontrar con Leo. ¡Y ahora hablas como todos los gallegos!
da-Españoles.
ser-Como sea.-Sonrió.
da-Es cierto, volví a encontrarme con Leo.
Empezó a abrir las agujas y me pasó una crema parecida a la vaselina para que me la fuese echando.
da-En realidad eso quería que me tatúes  un diez, y la palabra sueño, en negro.
ser-Es mi deber como familiar que no te va a cobrar preguntarte si estás segura, que si la cosa no sale bien...
da-Diré que lo admiro como futbolista.







jueves, 27 de diciembre de 2012


Capítulo 37:
La pregunta.

Leo y yo comimos y luego volvimos al caballo, allí hablamos durante horas, de todo un poco y sin embargo había una pregunta que hacía rato que me rondaba la cabeza, una pregunta cuya posible respuesta me asustaba. Ya la sentía como una duda existencial o algo parecido, y, aun a riesgo de morirme por un vuelco a la patata, decidí hacérsela.
da-¿Y en este mes que no nos hemos visto... cómo te ha ido lo de las churris?
lm-Pues fatal.-Respiré tranquila.-En verdad me lo pensé, pero es que últimamente estoy centrado en una amiga, y no cabe más en mi cabeza, eso me haría explotar.-Retiró el pelo de mi nuca para dejar mi cuello en una disposición perfecta para sus labios, me besó dulcemente la mientras acariciaba mi mano buena.
lm-¿Y vos los chicos, qué tal?
da-Si te digo la verdad, Jairo ha sido lo más parecido a una relación que he tenido este mes, y era mi compañero de vuelo.
lm-¿Y eso de que dice que sos encantadora?
da-¿No te pondrás celoso de un niño de dieciocho años?
lm-Seguramente más de lo que deba.
da-Eres muy mono...-Le di un beso en la mejilla.
lm-Bueno, ya está bien, tenemos que dejarnos de cursiladas, me toca delante, porque vamos a correr.
Saltó del caballo y me dio la mano para ayudarme a bajar.
Subimos de nuevo sólo que esta vez, él iba delante.
lm-¡Agárrate fuerte!-Gritó antes de dar un golpe en la cadera del caballo.
Eso hice, me sujeté con excesiva fuerza a su estómago y hundí la cabeza en su espalda.
lm-¿Tenés miedo?-Preguntó.
No respondí, era bastante obvio que yo no estaba en mi salsa.
Paró al caballo y noté cómo Leo se retorcía para mirarme, aunque debió serle muy difícil porque no desistí en mi abrazo.
Sentí en mi frente el latido de su corazón golpeando contra su pecho, y luego, cómo su respiración se aceleraba, pero aquello no tenía sentido porque estábamos parados y no había razón aparente para ponerse nervioso, entonces puntualicé en que la fuerza que estaba ejerciendo era suficiente como para ahogarles a él y al caballo, aflojé mi abrazo. Leo respiró hondo y luego se rió.
Me dio un beso en la parte de arriba de la cabeza.
lm-Ningún médico me dejaría estar contigo si supieran la facilidad que tenes para matarme.
da-Y para salvarte la vida. ¿O has olvidado eso?
lm-Creo que los médicos prefieren que no corra el riesgo...bájate anda, que nos vamos.
Salté del caballo y Leo a la vez, desmontamos las cosas que tenía Sexto puestas y nos fuimos.
[....................................................]
lm-Despierta ya, dormilona, que tenemos plan.
Le miré, estaba ya de pie, duchado, y se había puesto el bañador, a mi lado, sobre la cama (donde debería estar él) estaba una gran bandeja con comida.
lm-Espero que tengas hambre porque he pedido todo esto para ti.
da-Estarás de broma.-Dije sorprendida ante la cantidad de comida de la bandeja.
lm-Sí, JAJAJAJA, la mitad es para mí.
da-Mejor tres cuartos para ti...
Comimos hasta hartarnos, me duché y me puse el bikini y un vestido de playa, bajamos a la piscina climatizada del hotel.
Me quité el vestido y metí un pie.
lm-¿Fría?-Se burló.
da-Esto parece la sopa de mi padre...
Leo saltó al agua sin pensárselo dos veces.
lm-¡Hierve!
da-Lo que yo he dicho, como la sopa de mi padre, pero no escuchas...
Entré despacio y buceé hasta donde estaba Leo.
Un hombre vestido de traje se acercó a la orilla.
t-Buenos días, señor Lionel, ¿Quiere que cerremos la piscina para ustedes?, así podrán tener más intimidad...
lm-¿Eso se puede hacer...?
t-Cerraré yo mismo.
El hombre se fue y cerró las puertas, dejándonos una llave dentro para cuando quisiésemos salir.
Leo me sujetó y se hundió sin avisar.


miércoles, 26 de diciembre de 2012


Capítulo 36:
Confesiones.

Me desperté abrazada a él, exactamente en la misma posición en la que nos habíamos dormido, le vi tan tranquilo, que no parecía él, no parecía ese pequeño que corre con un balón en los pies, y adelanta a quien se proponga. Al abrir los ojos, noté cómo el viento me helaba, y es que habíamos dormido con la ventana abierta.
Leo parecía tiritar, así que me estiré para intentar cerrarla sin molestarle, algo poco efectivo, porque Leo estranguló mi cintura para que no lo hiciera, como si fuese una serpiente. Aún dormía. Me abracé de nuevo a él como pude, intentando darle calor, con mi brazo escayolado, me aferré a su cuerpo, con mi mano libre, cogí la suya.  Le besé lentamente, para no despertarlo, ya que parecía un angelito. No se inmutó.
Empecé a hablarle al oído, como una cotorra borracha, parecía que no iba a callarme nunca, o eso sentí yo.
da-No tienes ni idea de lo que he deseado esto, poder abrazarte mientras dormimos, besarte, sentirte, eso ha sido lo peor, no sentir que estabas a mi lado en todo momento...echarte de menos, me ha dolido, muy profundamente, y ahora, estoy empezando a curarme...¿sabes? un mes sin ti es como...es más doloroso que un parto, aunque no sé lo que es parir pero, si se aguanta y sobrevive, no será tan horrible como esto. He soñado contigo  prácticamente cada noche, una y otra vez, y eso era lo mejor que me pasaba en todo el día, que en mis sueños, tu me querías tanto, como yo te quiero a ti...me gustaría que fuera real, pero eso no es posible...aún así, tengo la esperanza porque....porque te amo, Leo.-Le miré, esperando alguna clase de reacción, pero no, ni siquiera se movió, dormía como un oso hibernando, o peor.
Aún así me sentí satisfecha de haber sido suficientemente valiente como para contarle todo aquello.
En aquel instante tenía la consciencia dividida en tres partes razonables, la primera, esa que se sentía orgullosa de haberlo dicho todo, la segunda, la que me odiaba por haberlo dicho en voz alta, en el fondo parecía algo más oficial si lo expresaba, y no quería hacer oficial algo que posiblemente no acabaría bien, y la tercera era la más fuerte, la que ansiaba porque Leo lo hubiese escuchado todo, y sin embargo, también me odiaba por que...si lo había escuchado, ¿por qué no había respondido? En definitiva, me había vuelto loca, y no había forma de arreglarlo.
Un buen rato después, Leo se levantó de golpe. Saltó y me dio un beso en la frente.
lm-¡Vámonos dormilona, tengo que enseñarte algo!
da-Qué energías...normal, con lo que has dormido...
lm-¿Te gustan los caballos?-Arqueó una ceja.
da-Supongo.-Respondí sin enfocar a dónde quería dirigirse con esa estúpida pregunta.
Me puse un chándal, como él me indicó y nos fuimos.
Cogimos el coche, estuvimos en carretera casi una hora, algo callados los dos. Llegamos a las afueras de la ciudad.
da-¿Un club de hípica?-Pregunté extrañada.
lm-¿No te gustaban los caballos?
da-Sí, pero para verlos de lejos, muy lejos...
lm-Me viene perfecto entonces...-Rió entre dientes.
da-¿Por qué?
lm-Eso lo verás ahora...
Entramos dentro del pequeño edificio de madera que nos rodeaba.
ma-Hola Leo, ¿Lo de siempre?
lm-¿Qué tal Mariela? ¿Cómo va?
ma-Como todos los años, niñito..
lm-Te dije que no me llamaras niñ...da lo mismo, ¿está libre Sexto? Es que hoy vengo acompañado y Jandro es muy chiquito.
ma-Sí, cójanlo.
Leo me dirigió a los establos y abrió una puerta de la que despacio, salió un enorme y precioso caballo de color azabache.
lm-Este es Sexto y nos va a dar un largo paseo por el bosque hoy.
da-¿Encantada?-Leo se rió de mí.
Montó todos los cachivaches necesarios para que pudiéramos montarnos en el caballo, me ayudó a montar, y se sentó él detrás.
En caballo se puso en marcha y caminó despacio hasta fuera del establo.
Leo sujetó las riendas con una mano, y con la otra agarró mi tripa para evitar que yo me cayese, gritó alguna cosa rara y el animal se puso a correr, me acojoné, mucho.
Después de una hora corriendo por allí, nos dimos cuenta de que eran las tres y Leo sobretodo, tenía la natural necesidad de comer, así que buscamos un restaurante por allí, y al bajarnos del caballo, distinguí una figura muy especial.
Empecé a correr al grito de "Jairo", cuando me vio, me lancé a abrazarle.
ja-¿Qué haces vos acá?
da-Pues ya ves...¿y tu?
ja-Yo vine a dar un paseo con Perla.-Señaló una yegua de color canela que caminaba a un lado del restaurante.
Leo se acercó despacio.
da-Leo, este es...
lm-Jairo Tinelli.
ja-¿Cómo estás, hermano?-Chocaron sus manos a modo de saludo. Les miré extrañada.-Mi papá le busca patrocinadores, por cierto Dani, no me extraña que te vinieras desde allá, este es un partidazo.-Rió.
lm-Gracias Jairo.-Alzó la cabeza.
ja-Ya sí, gracias, pero que no me entere de que no la cuidas rebien, es encantadora.
lm-Sí, eso haré.
ja-¡Ah! Leo, ¿puedo decirte algo en privado?
Me aparté despacio y caminé hacia el restaurante, sin dejar de mirarlos, ¿por qué privado?
Hablaron algo y luego Jairo vino a despedirse.
Leo se sentó conmigo en la mesa que yo había escogido.
da-¿Qué hablabais?
lm-Es un secreto.
da-Pero es que yo no te guardo secretos...-Me quejé intentando sonsacar información.
lm-Me ha dicho que...te quiera, y que tu me quieres mucho. Casi me lo ha pedido.
da-¡Mentiroso!
lm-¿Yo? Nunca.
da-No, tu no, ¡Jairo!
lm-¡Eh! Todo lo que dijo es verdad.
da-¿Cómo lo sabes?-Intentaba picarle.
lm-¿Que me quieres? Es por...la cara que se te pone cuando me ves al despertarte.
da-No te rías de mi cara de dormida...
lm-No me rió, me encanta tu cara de dormida. Pero en realidad es porque has venido a Rosario detrás de mí sin haber dicho nada.
Se movió para poder besarme, ya que una mesa se interponía entre nuestros labios.




















sábado, 15 de diciembre de 2012


Capítulo 35:
 Rosario bajo mis pies.

Ya que no sabía cómo entretenerme para que no me diese un ataque de ansiedad, empecé a prestarle atención a la película que había puesta, trataba de un hombre y una adolescente que se enamoraban. Al principio se ignoraban porque la diferencia de edad era demasiada. Después de esto se daban cuenta de que nada importaba, el chico buscaba a la chica que se había mudado para olvidarle, y la encontraba. Aquello me hizo sonreír, quizás detrás de mi paranoia quedaba algo de esperanza.
Por fín, después de tantísimas horas, en micrófono del avión se abrió.
"Atención viajeros, les habla su cuarto piloto, abróchense los cinturones, vamos a aterrizar, espero que el viaje les haya resultado placentero y corto, y que vuelvan a viajar con la compañía".
jai-Espera mal ése capullo, no sabe ni despegar sin desviar el ala izquierda.-Me reí, Jairo enfadado era muy divertido.
da-¿Te ha gustado la película?
jai-No, pero supongo que a vos sí como eres chica.-Reí de nuevo, decía lo que pensaba sin callarse nada, y aquello era realmente simpático en ciertas situaciones.
La azafata gritó.
az-Señores pasajeros, ahora sí vamos a proceder a la maniobra de aterrizaje, por favor, siéntense y abróchense los cinturones.
Hicimos caso.
jai-Bueno, esto parece nuestro final, mucha suerte con eso de tu chico, o lo que sea, y espero que volvamos a vernos.
da-Sí, gracias, seguro que nos veremos por ahí.
jai-El mundo es un pañuelo.
Lo abracé, el avión comenzó a inclinarse.
da-Gracias por haber estado veinte horas intentando entretenerme.
jai-¿Te diste cuenta?
da-No has utilizado la sutileza como arma que digamos.
El avión paró, Jairo miró por la ventanilla, estábamos en el suelo.
jai-Ha sido todo un placer.
Todo el mundo salió deprisa excepto yo, puesto que todo el mundo tenía un verdadero destino, o una familia que le esperaba abajo, mientras tanto yo pasearía por Rosario durante horas sin saber dónde meterme, o cómo llegar a lo que un día fue mi hogar.
Bajé del avión y esperé la última la cola que me devolvería mi maleta. Esperaba que no me la hubieran perdido porque entonces... Esperé casi un hora a que mi maleta llegase, al salir con ella rodando, era completamente de noche, y el aeropuerto estaba prácticamente tan vacío como el Prat, claro que siendo día de diario, y de noche, no me pareció raro.
Todas las personas de mi avión ya se había ido o esperaban un taxi en la puerta. Salí a la puerta, una silueta saltó buscando a alguien, detrás de ese chico moreno y nervioso seguían unas diez personas.
"¿Qué hace él ahí?"-Me pregunté.-"¿No debería estar en su casa, durmiendo?"
Me quedé quieta porque no sabía cómo reaccionar, quizás esperaba para llevar a algún familiar, o amigo. Se hizo fotos lo más rápido posible con las personas que le seguían y luego corrió a la puerta mientras buscaba con la mirada, me vio. Sonrió y corrió más rápido, driblando todo lo que tenía delante. Avancé lo más rápido que mi maletas y mis entumecidas piernas me permitieron.
Una vez estuvimos uno frente a otro frenamos.
lm-Lo sabía. Tenías que venir.
da-Y yo sabía que no me había podido volver loca.
Leo reprimió una risa frunciendo el labio hacia un lado.
Levantó la mano y me acarició la mejilla con suavidad, le sonreí lo mejor que pude.
lm-¿puedo...?
Asentí sabiendo  qué se refería, llevó sus manos a mi cintura y me besó, mientras, yo me agarraba con fuerza a el cuello de su camiseta.
Tardamos tiempo en separarnos.
lm-No sabes cuánto echaba esto de menos.-Confesó al separarse, y me miró a los ojos, parpadeando varias veces.
da-Podrías haberme besado antes de irte.
lm-No lo supe...que me querías tanto como para venir sin saber...-Intentó aclararse a sí mismo las ideas.
Me cogió la maleta y se dio la vuelta.
Estaba tenso, fuimos a su coche y una vez dentro se relajó por fín.
lm-Llevo esperando en el parking durante casi dos horas.
da-Llevo volando durante casi un día.
lm-Vos al menos habrás dormido bien. Yo en cuando lleguemos tengo que irme a la cama.
da-No he dormido, es que estaba demasiado nerviosa, porque no sabía que haría al llegar.
Me miró el brazo escayolado, llevaba un rato doliéndome y se fijó.
lm-¿Estás bien?
da-Sólo es el cansancio.
Tardamos muy poco en llegar al hotel, en completo silencio.
Al llegar me puse el pijama y él un chandal y nos echamos a dormir, aunque a mí me costó un poco porque estaba muy emocionada, iba a despertarme a su lado como si nada, podría abrazarle mientras dormía, mirarle, sentir su respiración acompasada. Hacía demasiado que no conocía esa adorada sensación.
Claro que yo veía cómo mi felicidad llegaba con demasiada prisa, y dicen que lo que rápido viene, rápido se va.





martes, 11 de diciembre de 2012


Capítulo 34: El viaje:

jai-Soy Jairo, encantado.
da-Daniela.-Sonreí. Me recordaba un poco a Leo, aunque puede que fuese parte de mi pérdida de cabeza, porque no se parecían en nada.
jai-Paramos en Canarias por casi una hora, y allí repostamos, luego vamos directos a a Ciudad de Mexico, luego pararemos en Brasilia, y ya de allá a Santa Fe.
da-Debo suponer por tu acento que bajas el Argentina.
jai-Muy aguda.-Sonrió.-¿Y vos?
da-Te acompaño.
jai-Has tenido suerte, has dado con un muy interesante compañero de viajes.
da-¿Y cómo un chico de tu edad sólo en un viaje tan largo?
jai-Tengo dieciocho años, no subestimes...yo estudio acá, y en verano, cuando me dan las vacaciones, me voy allí, es más aburrido porque como allá es otoño...pero me voy con mi papá, él es empresario y me quiere llevar a sus fiestas ahora que soy mayor de edad.
da-Parece...genial.
Jairo me había hecho darme cuenta de un fallo, allí era otoño, y bien entrado.
da-Otoño...bien.
Jairo se gastó una carcajada a mi costa.
jai-Yo olvidé eso la última vez y tuve que comprarme ropa..., pero no te precupes, mi papá dice que este año el calentamiento global está ayudando mucho al turismo, así que creo que no hace tanto frío como otras veces.
Realmente aquello no me tranquilizó en absoluto.
jai-Seguro que vas por el novio...
da-¿Me puedes explicar por qué todo el mundo piensa eso?
jai-Parece lo más obvio, no sé, una chica joven y guapa como vos que se va sola a la otra punta del mundo, sin tener ni idea de dónde para su avión, ni del tiempo que hace allá, parece la típica historia de la chica española que se enamora del turista argentino y él se vuelve y ella va detrás y se reencuentran en el aeropuerto, y se besan hasta ahogarse, seguro...¿no?
da-Te ha quedado muy bonito, pero has fallado un poco, primero, yo soy argentina, aunque no lo parezca, segundo, él trabaja en Barcelona, y tercero, es muy dudoso que me espere en el aeropuerto, porque no sabe nada.
Sentí presión en el pecho, estábamos despegando.
jai-Aún así, estaba muy claro, acerté la mayoría. ¿Cuánto hace que marchó él?
da-Ni dos días.
jai-Buah! Entonces estás re-pillada, no esperaste nada.
da-Es que...bueno, siento como que él me espera.
jai-Espero que vaya muy bien.
Pasamos las horas hablando de política, fútbol, cine, fútbol, amor, fútbol...sinceramente, para ser Jairo un niño de dieciocho años con esos aires orgullosos era muy inteligente y guapo. Si todos los políticos fuesen la mitad de pícaros e inteligentes de lo que lo es él...
da-Felicita a tu padre de mi parte, te juro que le ha salido muy bien eso de tu educación.
jai-Me lo dicen mucho.-Rio.
Habíamos pasado 19 horas en el avión cuando aún estábamos en Brasilia.
jai-Te tenés que tranquilizar, porque a ver, ya sólo quedan un par de horas y...
da-No puedo, cuando llegue allí no sé cómo voy a encontrarle.
jai-Pero si tienes su móvil, no tienes más que llamar.
En las últimas horas nos dedicábamos a ver películas, unos en el avión estaban nerviosos porque necesitaban dormir, y otros sin embargo lo aborrecían, y querían estirar las piernas, lo que estaba claro es que todos deseábamos con impaciencia acabar ese largo viaje.
Hacía horas que echaba de menos sentir los dedos de los pies, y que odiaba el hormigueo que recorría mi cuerpo consiguiendo así aumentar con rapidez mi nerviosismo.
La angustia de pensar que no le encontraría me oprimía el pecho contra el asiento y sin embargo la esperanza de encontrarle me hacía darme cuenta de que por cada minuto mi locura avanzaba por mi cerebro como si fuese la misma sangre y que, si seguía así acabaría matando a la gente por mirarme mal, o pegándole un tiro a John Lennon...
Todo esto, sumado a la presión que se acumulaba en el ambiente y aparecía y desaparecía cuando le daba la gana me hacían tener un enorme dolor de cabeza. Jairo se había dado cuenta y por ello prefería hablarme sólo cuando era necesario.
da-Me estoy volviendo loca Jairo.
jai-¡Qué mentira!, llevo 20 horas con vos y te aseguro que sos la persona más en su sano juicio que he conocido últimamente.
da-Sí, porque últimamente no has conocido a nadie más que a mí, tienes poco donde elegir.
jai-Otro comentario sano, tranquila, hay gente que simplemente ve cosas antes de que pasen, y no tienen por qué estar locas. Los sueños se adelantan a la realidad, así que tranquila....




sábado, 24 de noviembre de 2012


Capítulo 33.

Las visiones.
Acabé por ponerme a ver la tele. Me sorprendió a mi misma lo bipolar que podía llegar a ser de un día para otro, y todo por culpa de Leo. Fue un día especialmente aburrido. Vi un par de películas y después hablé con mi padre por teléfono y con mi abuela que no sé cómo había conseguido mi teléfono.
Me fui a dormir, por la noche recibí una llamada de Leo.
da-¿Si?
lm-Por favor, ven, te necesito.
da-No puedo.
lm-Sí, ven, yo te quiero...
da-Pero no, yo no.-Y mentirle me dolió en el alma.
Me mareé, todo me daba vueltas, se me mezclaban los colores de la habitación, chillé y se me abrieron los ojos, era todo un sueño...o más bien una pesadilla, pero entonces me pregunté lo más difícil, ¿era una pesadilla cualquiera o mi subconsciente quiere decirme algo? Presentía algo y entonces cuadró.
Mis esperanzas de que me quisiese llevar, mis ganas de irme de compras de repente y meterlo todo en una maleta y sobretodo la pesadilla en la que Leo me pedía que me fuese con él me lo dejaban todo claro, sólo había dos razones por las cuales podría ocurrirme aquello, la primera, Leo quería que fuese, y la segunda, me había vuelto completamente majara. Eran las tres de la madrugada, me vestí, cogí la maleta y salí directa al aeropuerto.
Hacía mucho que no conducía porque con la escayola me costaba un poco coger el volante, pero como no había nadie por la calle, no suponía ningún peligro público. Nada más entrar corrí a una recepción, estaba casi vacío, por las horas, el día que era etc...
da-Dígame cuánto queda para el próximo vuelo a Santa Fe, Argentina.
x-Tres horas, y tienes muchas suerte porque normalmente sólo sale uno al día, y no sé por qué hoy van dos, chica, así que...
da-Vale, pues cóbreme.-Puse mi tarjeta sobre la mesa y saqué el pasaporte, la pasó por su máquina.
x-¿Quiéres billete de vuelta?
da-No hace falta, no sé cuándo volveré.
x-¿Llevas maleta?
da-Menos de veinticinco kilos.
x-Factúrala ya, que luego viene más gente y hay cola.
da-Sí, muchas gracias.-Dije sin aliento, buscando dónde facturar la maleta con la mirada.
x-¿Es por amor, verdad?-Curioseó la regordeta mujer que me atendía.
da-Sí.-Respondí sin pensármelo dos veces.
x-Pues mucha suerte, ya me contarás si es que vuelves.
Asentí sonriendo, cogí la maleta y corrí para facturarla, tenía la necesidad de estar ya subida en el avión, para poder salir lo antes posible, aunque eso no dependía precisamente de mí.
Tardé media hora en facturar la maleta, y luego pasé al área de mi avión, aunque aún quedaban dos horas para salir.
estuve sentada y sola más de una hora hasta que la terminal empezó a llenarse de empleados que notificaban el estado del avión, antes de que nadie pudiera subir, era un viaje largo y no tendría ninguna gracia sufrir una averia cruzando el océano.
Pusieron la escalera y se abrieron las puertas.
"Pasajeros del vuelo 061 con salida Barcelona, destino Santa Fe, Argentina, las puertas de su avión están abiertas a la espera de sus tripulantes, pasen por la terminal número 11, el vuelo tendrá salida en 50 minutos". Fui la primera en subir, poco a poco se empezó a llenar, me senté en mi sitio y me quedé dormida. Me levantó una voz dulce de mujer, miré al pasillo, una mujer alta, rubia y esbelta, con un impecable uniforme sostenía una especie de micrófono.
"Buenas noches señores pasajeros, les doy la bienvenida al vuelo 061, debo recordarles que está prohibido levantarse en los aterrizajes y despegues, las instrucciones podrán escucharlas con sus cascos ya conectados o leerlas en el folleto pegado al asiento delantero, si tienen alguna duda o me necesitan para algo pulsen el botón verde de su mando, gracias y que les sea agradable."
jai-Pues qué mierda.
No me había percatado hasta entonces que tenía un joven a mi lado, lo cual era raro porque mi asiento daba al pasillo y el suyo estaba junto a la ventanilla, y sin embargo no me había despertado cuando él pasó a su asiento. Era rubio y tenía un rostro infaltil bastante dulce.
da-¿Qué dices?
jai-Que este vuelo es una mierda, mi padre se volvió a equivocar y me pilló en vuelo que para varias veces. Es injusto.
Me fijé en la ropa del chico y por lo que pude comprobar, era la persona más pija que había visto en mi vida.
da-¿Y sabes dónde para?
jai-Estás un poco perdida en esto.-Rio.
da-Llevo sin salir de España, ocho años...
jai-Entonces estás muy verde.
Se me había olvidado mencionaros que el chico tenía un encandilador acento argentino.

sábado, 17 de noviembre de 2012


Capítulo 32

Pocos segundos después de que Gerard hablase con el chico que pinchaba, la canción cambió y empezó a sonar 'Dígale', Leo sonrió pensando que era casualidad, y yo sabiendo lo que había pasado, y llevó sus manos a mi cintura, y yo las mías a su cuello.
Gerard corrió a la mesa a por Sara, y al pasar delante de mí le di las gracias sin emitir sonido, me guiñó un ojo y sacó a Sara a bailar.
Apoyé la cabeza en el hombro de Leo y él acarició mi brazo izquierdo que ahora se había vuelto el bueno.
da-¿Vas a ir de vacaciones a...?
lm-A Rosario.-Me cortó la frase antes de que pudiese decir nada.
da-¿Cuándo te irás?
lm-Pasado mañana, me voy a ir casi dos meses...
Se me paró el corazón al oir que estaría dos meses sin poder abrazarle, otros dos malditos meses...aunque mi corazón albergó la mínima posibilidad de que me llevase con él, puede que no estuviésemos como antes, pero eso no quería decir que no quisiésemos que fuese así, y yo tenía claro que quería volver a estar con él en cada momento, sin que resultase un agobio o me pusiese nerviosa al hablarle... Además, si salía mal yo allí tenía casa.
lm-Me alegro mucho de que hayas venido, no quería irme sin saber cómo estabas, y cómo estaba todo entre nosotros, ...ya sabes, para saber si todo sigue igual. -Supe por lo que había dicho que no pensaba llevarme y me derrumbé.
da-Y ¿para ti lo está?
lm-Yo a tu lado me siento como siempre, para mí todo es igual. Sólo que es lógico que hace mucho que no nos vemos, y tendremos que vernos más a menudo, así que cuando vuelva te prometo que volverá a ser como siempre.
Me di cuenta de que la canción había acabado, quizás fue un gesto de locura, o tal vez sólo de valentía, levanté la mirada para aguantársela a Leo, movió su cara para adelante, confirmando que estaba de acuerdo, una figura se movió detrás de Leo y perdí toda mi concentración. Geri esperaba con la palma de la mano tendida a que me separase de Leo para bailar conmigo. Obviamente lo hizo a posta. Le miré mal, pero con una sonrisa me costaba mucho enfadarme con él. Leo me soltó la cintura. Se rio.
lm-Aquí te la dejo...
gp-Espero que no hayas sido muy pesado, porque no la gustan los pesados y siempre la acabas enfadando y...
lm-Callate, qué pesado sos, ¡la concha!
da-Estoy perfectamente...sois unos...niños.
gp-¡Puede, pero él más!
Leo se fue con los chicos a la mesa y yo bailé con Gerard y Sara.
Al acabar me senté con Pep, él era como...la paz de todo eso, en un grupo lleno de pasiones, sentimientos y lamentaciones estaba Pep con esa tranquilidad que distribuía.
Leo y yo intentábamos hablar más o menos en privado, pero Alex siempre acababa metido en nuestra conversación, y tres o cuatro más, qué personajillo...
Nos fuimos, Gerard me dejó en casa.
da-Muchas gracias, enano, por lo de la canción.
gp-No sé de qué canción me hablas.
da-No vas a cansarte de disimular...
gp-Soy Gerard Piqué, he nacido para ganar Mundiales, Champions, torneos de pin pong, Óscars, Grammys,...
sa-Vale don perfecto, quieto ahí. ¡Frena!
gp-Oye, que sepas que hacía mucho que no veía a Leo reirse así...
Me encogí de hombros fingiendo no darle importancia.
da-Y yo hacía mucho que no veía a Leo.
gp-Exactamente, a eso me refiero. Tienes su corazón en las manos, y sé muy bien que no lo vas a tirar...esto acabará bien.
da-Dios quiera oirlo...
Gerard se rio, nos abrazamos y se fue con Sara de nuevo.
Aquella noche soñé con Leo, hacía casi dos semanas que eso no me ocurría y sustituyendo a los preciosos sueños que tenía con él sólo me veía a mí en una sala totalmente oscura, y yo gritaba hasta que la angustia misma me despertaba.
Me levanté de buen humor, salí de compras, tres vestidos, bikinis, conjuntos de ropa, sombreros...algo me decía que tenía que comprar, fiebre consumista...
Sin entenderme a mí misma, junté todo lo que había comprado y lo metí en una maleta. Quedé con Sara, salimos a tomar algo y volví pronto a casa.
Al día siguiente me despertó el estrepitoso sonido del timbre, tras sonar cuatro o cinco veces. Me levanté enfadada, pensando que era el cartero. El timbre volvió a sonar.
da-Cabrón insensible...¿no sabe que no son horas de despertar gente?-Dije en voz baja antes de llegar a la puerta.
Abrí la puerta esperando que el horrible sonido del timbre no hiciese explotar mi cabeza.
Era Leo, cerré de golpe.
lm-Dani...
da-Un sengundo.
"Mierda mierda mierda, me ha visto así..." Corrí al baño, me peiné y me lavé los dientes. Sus dedos golpearon en la puerta.
lm-¿Pasa algo? ¿Danielaaaaaaaa?
Abrí la puerta.
da-Siento el retraso.
Sonrió y se abrazó a mí. Me sorprendió.
lm-Que sepas que se te ve linda sin peinar también...
da-Gracias, pero me siento mejor así.
lm-Precioso tu pijama.-Llevaba la camiseta que me regaló.
da-Ya, tu lo sabes bien.
lm-Eso ha sonado latinísimo.
da-Leo Messi inventando adjetivos "latinísimo".-Reí.
lm-Si bueno, yo venía a despedirme.
da-Te voy a echar de menos.
lm-No lo harás, estaré en tu puerta antes de lo que te pensás. Ni notarás que me fui.-Me dio un beso en la mejilla.-Me tengo que ir, o perderé el vuelo...
da-Pásalo bien.-Le deseé cogiéndole la mano.
Pensé en volverme a la cama, pero estaba claro que no conseguiría dormirme con la certeza de que no vería a Leo en lo que a mí se me antojaba como una eternidad.

jueves, 25 de octubre de 2012


Capítulo 31

Una sorpresa, de repente noté que le temía a esa palabra.
da-Sara...te conozco, ¿qué es para ti una sorpresa?
sa-¡Hoy hay merienda de equipo! Me has hecho estropear la sorpresa.
da-Pero...
sa-¿No quieres verles?
da-Sí, ¡por supuesto que quiero! pero a lo mejor ellos no quieren verme a mí.
sa-Por favor, deja de decir paridas y vístete.
da-¿Qué me pongo?
Sara fue a mi habitación, abrió el armario y sacó unos pantalones cortos y una camiseta rosa.
sa-Está. Péinate y arréglate.
Eso hice, me arreglé rápidamente y nos fuimos a donde quedaban siempre.
da-Por cierto, ¿cómo tu por aquí?
sa-Gerard me ha pedido que me mude con él, en plan oficial, y todavía me queda alguna cosilla, así que he venido y me he acordado de que tu estás más sola que Adán el día de la madre y eso, que te vienes conmigo.
Reí, me di cuenta de que hacía muchísimo tiempo que no me reía.
da-¿Y cómo es que es hoy la merienda?
sa-Porque ellos ya han acabado, de aquí a poco se van de vacaciones o con la selección, hay alguno que ya se habrá ido y no vendrá hoy...
Leo siempre era de los primeros en irse, así que di por hecho que no le vería esa tarde. Aunque sí que me apetecía.
Sara me ayudó a ponerme la camisa, por eso de que es difícil abrocharse con una escayola, y bajamos a su piso. Gerard esperaba con una caja en brazos, que soltó al verme.
gp-¡Dani! ¡Cuánto tiempo!
da-Demasiado, rubio.
gp-Jojo, parece que hubieses crecido y todo. Verás lo contento que se pone el enano cuando te vea...
Vale, entonces Leo no se había ido aun, pero seguro que era mi última oportunidad de verle y hablar con él antes de que se fuera. Tenía pensado abrazarle, sentir la fuerza de su espalda presionándome contra él, escuchar la dulzura de su voz... Bueno, a lo mejor era demasiado después de tantos meses sin hablar nos apenas. A lo mejor él no quería.
da-¿Os ireis juntos de vacaciones?
gp-Y con Cesc.
Reí. Siempre como Zippi y Zappe.
gp-¿Nos vamos señoritas?-Sonrió con esa carita suya que te anima el resto del día, por muy horrible que sea.
Fuimos a casa de Gerard a dejar las cosas, se cambiaron de ropa rápido y nos fuimos al local que cerraron expresamente para la merienda del club.
Entramos, junto a la puerta estaban Isaac, Marc y Dani. Isaac vino corriendo.
ic-¿Cómo estás Dani?-Preguntó abrazándome.
da-Pues...podríamos decir que estoy.-Puntualicé.
ic-Bueno, ¿pero bailar puedes? No me negarás eso...
da-Claro que no te voy a negar eso chiquitín-Sonreí.
ic-Que ya tengo veintiún años.
da-Pues eso, no se te ocurra pedir alcohol, tú batido de choco.
ic-Sigues igual de cabrona.
da-Oye niño, esa boca, que te la lavo con jabón.
Me sacó la lengua, se acercó Alves.
alv-¡Dani!
da-¡Dani!
alv-¿Cómo llevas ese bracito?
da-Va mejorando, despacio pero para arriba.
alv-¡Así me gusta!
da-Oye, ¿bailas luego conmigo? Siempre ha sido mi sueño bailar con un brasileño...
alv-Bueno, pero cuando no haya ningún celoso por aquí cerca...que soy brasileño.-Arqueó las cejas.
da-Mira que eres...
alv-Guapo.
da-No iba a decir eso...pero también.
alv-I'm sexy and I know it (8)
mb-Oye, tú, matado, deja de acaparar a la chiquilla...-Dani se fue a saludar al resto.
da-Hola peque.
mb-Muy buenas Dani, me he fijado en que vas a bailar ya con mucha gente, resérvame un hueco...si te parece bien...
da-Me parece bien.
Alexis entró en la discoteca, saludó con las manos a todos y corrió a darme dos besos.
alex-¿Cómo estás Daniela?
da-Muy bien, y tú ¿qué tal andas chileno?
alex-Ah pues yo muy bien, primero avanzo un pie y luego otro, lo que pasa es que estaba triste porque hacía mucho que no te veía y .............(ininteligible) pero ya bien.
da-Esto...ya, claro, para no perder la costumbre...¿Bailas luego conmigo, no?
alex-¿Eso cómo le voy a negar yo a una señorita?
da-Ahora entiendo para qué sirven las clases de sintáxis...
alex-¿El qué?
da-No importa, tu luego baila conmigo.
alv-Pero ven acá tocaya que me pido primer...
Estuve bailando con Dani, bueno, más bien él bailaba y yo hacía monería delante de él, porque no conseguí seguirle el ritmo ni un poquito.
Alex vino después corriendo a por Dani y por mí.
alex-Pero ¿qué hiciste 'güevón' amazónico, ahora está esto muy arriba, vamos a quedar todos mal...
alv-Me has llamado huevón amazónico...¡Eso es racista hermano!
alex-Pero ¿eres tonto? ¿Cómo va a ser racista eso si soy de Chile?
alv-Nada, os aguantáis, ella quería un baile con un brasileño...ha quedado satisfecha.
Mi pokerface se exageraba por momentos.
alex-Bueno, ahora me pido yo entonces.
Bailé con Alexis y entonces, al acabar, mi perdición apareció por la puerta.
Primero entró Pep, se acercó y me dio dos besos, y al poco tiempo apareció Leo, se había dejado crecer el pelo y llevaba su preciosa media melena, una camiseta blanca con imágenes de Queen, unos vaqueros y unas convers. Se quitó las gafas de sol y echó una ojeada al local, entonces me vio, parada mirándole sin saber qué hacer, y vino directamente hacia mí en un camino en línea recta que se me hacía a cada paso más eterno. Paró a tan sólo treinta centímetros de mí. Mi nerviosismo iba en aumento, y eso lo sabía él, así que habló primero.
lm-Hola.
da-Ho-hola.-Tartamudeé.
lm-¿Cómo estás?
da-Bien.-Mentí.-¿Tú?
lm-Bien.-Mintió también, y desde luego a ninguno se nos daba bien.
Había olvidado mi guión preparado, qué hacer, qué decirle...simplemente le tenía delante y no sabía cómo podría reaccionar a eso, de pronto lo recordé todo.
Salté a su cuello y lo abracé, él tardó un poco en reaccionar, primero sonrió con ternura y luego llevó sus manos a mi cintura para abrazarme con fuerza.
lm-Te he echado de menos.
da-Y yo a ti.-Involuntariamente suspiré al decirlo, quedando como una completa idiota, enamorada de la idea de tenerle, pero a él no pareció incomodarle mi suspiro.
Acarició mi espalda de arriba a abajo.
lm-¿Has ido al médico últimamente?
da-Estoy ya bien, lo único que queda por recuperar es el brazo, los golpes ya están curados...pienso acabar de recuperarme pronto.
lm-Confío en ello.
Le di un beso en la mejilla y él a mí uno en la frente.
lm-Entonces si estás bien los médicos no se enfadarán conmigo si te propongo un baile.
da-No lo creo, además se enfadarían también con Alves, Alex, Cuenta y Marc...-Me miró raro.-Claro, que contigo me daría igual lo que dijesen los médicos.
lm-Pues bailemos.-Por primera vez desde que estaba allí Leo, separé la vista de él, todos los demás se habían sentado y nos miraban con una estúpida sonrisa en la cara.-Son todos boludos, no les hagas caso.
Empezamos a bailar como podíamos al ritmo de la música, vi como detrás de Leo, Gerard corría a decirle algo al DJ.



viernes, 19 de octubre de 2012


Capítulo 30

Se levantó un rato después y cogió las bolsas de comida china que me había comprado.
lm-Tienes que estar MUERTITA de hambre.
Si no me lo hubiese dicho no me habría dado ni cuenta.
Me abrió los tuppers porque yo no podía con la escayola, cogí un tenedor y empecé a comer, pollo frito, creo.
da-¿Cuándo podremos irnos?
lm-Como tarde mañana, tienen que hacerte unas pruebas y comprobarlas, si todo está bien, esta misma tarde te darán el alta. Y todo saldrá bien así que...-Me guiñó el ojo.
Salió al pasillo a llamar a una enfermera, por suerte no trajo a la misma de antes.
Al acabar de comer me llevaron a una sala llena de focos, me desvestí y una médica me estuvo examinando, tenía el brazo no escayolado y las piernas amoratadas, me toqué la cara, no parecía tener nada puesto que yo debí de estar de espaldas al camión y no me tocó la cara.
dca-Estás muy bien, al principio no pensamos que esto fuese a salir tan bien, viniste llena de sangre, casi pierdes el brazo, pero ya está bien, hemos reconstruido lo mejor posible el hueso y llevas dentro un hierro, para que se coloque bien. Y qué suerte, porque le salvaste la vida...eso hará feliz a mucha gente...
da-No quiero que nadie lo sepa...
dca-¡Pero eres una heroína!
da-Me da igual, yo sólo quería que no le pasase nada, pero no quiero llevarme ningún reconocimiento por hacer lo que debía hacer.
lm-¿Segura?-Preguntó desde la otra punta de la habitación.
da-Segura.-Asentí.
lm-No diremos nada entonces. Si me preguntan, me caí en el jardín...
da-Y lo del brazo, doctora, ¿cuándo tardará...?
dca-Al menos cinco meses chiquilla...Te darán más de baja de todos modos...
da-Pero yo no quiero baja.
dca-Me ha dicho Leo que eres fisioterapeuta, ¿no pretenderás hacer masajes así, hija?
Miré a Leo triste y él se encogió de hombros.
Me dieron el alta unas horas después y salimos abrazados de allí, más que nada porque me costaba moverme por el dolor y podría caerme...pedimos un taxi (no hace falta mencionar que obviamente el coche quedó mucho peor que Leo y yo), y que además Leo había cogido un poco de miedo a conducir, aunque esas cosas no suelan pasar y no tuviese él la culpa.
Había sido una experiencia realmente traumática y resultado de esto fue que Leo y yo dejamos de vernos a menudo, él no tenía que venir a buscarme para el trabajo y yo no tenía que encargarme de sus músculos, así que perdimos razones para seguir viéndonos, y ganamos excusas, como esa de que queríamos olvidar el accidente.
Nos hablábamos si nos cruzábamos, pero cada vez menos.
Como se dice, no hay mal que por bien no venga, yo retomé el contacto con mis amigos, a los que invité un par de semanas a mi casa, lo pasaron bien...
Llamaba cada día a mi padre para hablar con él y cada semana me conectaba al Skype para hablar con mi abuela Melisa, la que vivía en Argentina.
Todo cambió, las pocas veces que volvimos a cruzarnos en dos meses fue en el Camp Nou, cuando yo iba a entregar el informe de mi estado de salud y a hablar con mi sustituto. Ambos estábamos hartos de esa situación, pero en el fondo, separarme de él, volver a lo que en algún momento llamé "mi rutina" me hacía bien, pero claro, aquello se encontraba demasiado en el fondo como para que yo lo llegase a notar.
En los momentos tan aburridos de soledad acababa pensando en todas las personas a las que allí encerrada echaba de menos, Gerard, Sara, Marc, Isaac, Dani, Pep, y sobretodo a Leo, y él era de quien más me acordaba, a todo le sacaba alguna excusa para acordarme de Leo, cada vez que veía un chino me acordaba de cuando Leo llamó al chino y subió a casa, o cuando echaban crackovia, y ya sin mencionar los partidos de fútbol o cualquier cosa en la que metieran al Barça de por medio.
En uno de esos deprimentes momentos, por suerte para mí, sonó el timbre. Abrí.
sa-¡Hola guarra! Hace mucho que no sé de ti...-Cambió su semblante y me miró enfadada.
da-Lo siento es que he estado ocupada...
sa-¿Comiendo helado de chocolate a cucharadas de la tarrina?
da-Pues ya ves...-Me hizo un poco de gracia.
sa-¿Qué haces en pijama un sábado a las cinco de la tarde?
da-Es que ayer estuve de marcha y claro, tengo resaca.
sa-Es mentira.
da-Sí, es mentira.
sa-¿Cuando fue la última vez que saliste a la calle?
da-Hará dos...¿tres días?
Sara se golpeó la frente contra la puerta a propósito.
sa-Guarda el helado y vístete que te tengo una sorpresa preparada. ¡Corre!-Pidió contenta.

domingo, 14 de octubre de 2012


Capítulo 29

Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.
Una hora tan melosos que desde fuera debíamos dar mucho asco.
Una hora, hasta que la realidad se dio la vuelta y vino a buscarnos en forma de despertador.
Me dio un beso en la frente y saltó de la cama.
Empezó a vestirse y yo hice lo mismo, él había comprado un montón de ropa de mi talla, e incluso había pedido al club uniformes de mi talla, lo cual agradecí mucho.
Me duché, me vestí y salimos directos al entreno.
Estábamos ya de camino y no sé lo que pasó, sólo recuerdo ver un camión venirse hacia nosotros en dirección prohibida, cada vez acercándose más a nuestro coche, pero casi todo iba para el lado de Leo. Sólo recuerdo que él se quedó completamente paralizado, y que yo apreté su mano con mucha fuerza.
[.........................]
Abrí los ojos poco a poco, pensé que había sido todo un sueño al principio, el techo de la habitación donde me encontraba era y blanco, y la ventana muy amplia, olía a hospital, no había sido un sueño...
La luz casi me cegaba, enfoqué la vista a un lado, de donde provenía un pitido intermitente al que yo estaba conectada.
Incliné la cabeza, el pitido aceleró, llevaba un tubo metido en la nariz, y otro en el brazo, vendado, me dolía, era difícil moverme.
Una mujer con una camisa y un pantalón horriblemente verdoso entró en la habitación.
e-Veo que por fin te has despertado, ¿cómo se puede dormir tanto?-Sonrió.-¿Cómo te encuentras?
Iba a contestarla cuando una pregunta me saltó a la cabeza, casi me ahogaba al no encontrar la respuesta en aquella agobiante habitación, el pitido aceleró mucho más.
e-Tranquila, respira hondo y túmbate.
Me senté e intenté arrancarme los tubos, pero no lo conseguí. Me mareé.
e-¡Por favor, túmbate!-Pidió viniendo hacia mí con rapidez.
da-¿Dónde está?
e-Tranquilízate por favor. ¡Te va a dar algo! ¡Doctor!-Gritó pidiendo ayuda y dándole al botón de detrás de mi cabeza, refiriéndose a mis constantes, que cada vez parecían menos regulares.
da-¿Dónde está Leo?-Pregunté gritando, intentando liberarme de la enfermera y los tubos.
Una exagerada angustia se concentró en mi garganta y mi pecho, respirar me dolía, y hablar también, un médico entró en la habitación, me sentí muy mareada, me sujetó antes de caerme desplomada contra el suelo. Perdí el conocimiento.
Al despertar temía abrir los ojos, y volver a estar sola en la habitación, volver a encontrarme con la misma enfermera que lo único que haría sería mandarme tumbarme, y no responder a aquello que tanto me angustiaba, ¿dónde se había metido Leo? ¿Por qué no estaba conmigo cuando me levanté? ¿Estaría bien? ¿Reaccionó e hizo girar el coche? ¿Estaría en ese hospital acaso...? O quizás yo simplemente me hubiese vuelto loca, barajé todas esas posibilidades en mi cabeza en un par de segundos, y aun sin haber abierto los ojos, noté calidez en mi mano buena, la que no me dolía, entonces sí, giré la cabeza y abrí los ojos despacio.
Leo parecía perfectamente, no parecía tener ni una venda, ni un hematoma, nada, absolutamente, más que un arañazo curado con betadine en el pómulo.
Miré sus piernas, tampoco llevaba ninguna venda. Aún así, dormía sobre el sillón verde que había colocado pegado a mi cama.
Acaricié su mano. Abrió los ojos, y la sonrisa.
lm-Buenos días dormilona.
da-¿Estás bien?-Mi voz sonó más grave y baja de lo que me esperaba.
lm-Estás llena de enchufes, escayolada, tienes todo el cuerpo lleno de moretones, y llevas casi dos días durmiendo, y me preguntas si yo estoy bien...y yo estoy sentado con nada más que un arañazo, y se supone que cuidando de ti.
da-Yo ya sé cómo estoy, no me hace falta preguntártelo, pero tu, ¿cómo te encuentras?
Leo se rio.
lm-Muy bien ahora que has despertado.
da-¿Dónde estabas cuando me levanté?
lm-Me dijeron que te levantarías en menos de una hora, pensé que estarías hambrienta y como es tan horrible la comida del hospital, bajé a un chino.-Señaló unas bolsas de las que venía un olor más que apetecible.
da-Me asusté mucho.-Le conté algo avergonzada.
lm-Lo sé, y no deberías preocuparte tantísimo por mí, sino por ti.
da-Qué estupidez, siempre me importará más tu salud que la mía, es mi trabajo...
lm-Me di cuenta de eso en el coche...-No lo entendí.
da-No recuerdo muy bien qué pasó, sólo que venía para nosotros un camión.
lm-Venía y me quedé parado, y tu al ver que el camión venía para mí, te desabrochaste el cinturón y saltaste encima mío, y pusiste tu brazo en mi cabeza, y ahora...mira cómo está tu brazo. Los médicos dijeron que un poco más de tiempo y lo hubieran tenido que amputar. Así que no está de más decir, que me salvaste la vida.
da-Y tú...¿te dolió?
lm-Me dolió más que te doliera a vos.-Me besó la mano.



miércoles, 10 de octubre de 2012


Capítulo 28

lm-Te quiero.-Susurró sin que yo pudiera verle, quizás por eso lo hizo, es más fácil sin mirar a los ojos. Me confundió, no queríamos nada serio, ¿no debería agobiarnos acaso un te quiero tan firme como aquel?
da-Leo, no quiero una relación...
lm-Yo tampoco.
Sin quitarme el chaleco fluorescente de los ojos, desabrochó mi abrigo y metió sus manos en mi cintura. Estaban heladas. No me quejé.
Me besó, con suavidad, pero fue un largo beso, que quería que hubiese durado eternamente, fue el beso perfecto.
Escondí mis manos en los bolsillos traseros de su pantalón, gimió una risa tonta.
da-Es que tengo frías las manos-Me excusé.
lm-Sí, ya...claro.
da-Quiero poder verte ya...
Me quitó el chaleco, tenía las mejillas rojas.
da-Tienes frío.-Reí.-Te vas a resfriar, luego te dolerá la tripa y...
lm-¡Deja mi panza!-Reí de nuevo.
Volví a besarle.
Me dio la mano y salimos andando a donde quisiese llevarme. Era un pueblo que yo hubiese descrito como típicamente andaluz, con casitas blancas de cal, y todo lleno de macetas con preciosas flores, a lo lejos había una gran casa de piedra, era un restaurante y ahí era a donde íbamos.
da-¿No cierran los martes?
lm-...Es la clarísima ventaja de ser Messi, no nos cierran los martes.
Leo abrió la puerta sin si quiera llamar, un hombre trajeado vino a recibirnos.
lm-Ché, ¿Cómo te va?-Se le puso el acento fuerte, y habló rápido, eso significaba que el otro hombre era argentino, le pasaba siempre.
se-Bien bien, Lio, y ¿esta muchacha? ¿La amiga que me dijiste el otro día?
lm-Ella es, pero si no llega a serlo...hubiese sido bastante incómodo...
se-¡Me faltaron los modales Lio!-Rieron a la vez. Ni de coña me estaba enterando...-Encantado, soy Sergio.-Me dijo.
da-Sí, soy Daniela...
se-Hermoso nombre.
Leo se rio intentando no mirarme cuando se reía.
lm-En verdad no la gusta mucho su nombre...
Sergio nos acompañó a una mesa centrada, lejos de las ventanas con las que podrían intentar entrar los que nos vieran pasar, aunque no parecía vivir mucha gente en el pueblo, una pena.
da-Oye ¿qué fue lo que le dijiste el otro día? ¿Cuándo fue eso?
lm-Es una tontería, Dani...
da-Pues cuéntamela, por favor.-Puse pucheritos, y a eso no se me resistía nadie, menos mi padre.
lm-Vine aquí a comer el martes pasado, y le dije que estuviese atento porque traería una chica en poco tiempo...
da-¿Y era yo?
lm-¡Claro! ¿Quién si no vos?
da-Pero el martes fue el día en el que nos conocimos, ¿no?
lm-Sí, pero tenía que avisarle, para que estuviese preparado, a demás, nadie sabe en verdad qué día nos conocimos, sólo que hace mucho tiempo...allá por Rosario.-Me guiñó un ojo.-Una cosita tengo yo que avisarte, cuando nos casemos, el convite tendrá que celebrarse aquí...
da-¿Cuando qué?
lm-Por mí ahora...
da-Eres raro.
lm-Era una broma, pero que no se te olvide que tiene que ser aquí.
da-No, tranquilo, si yo me voy a acordar de esto por mucho tiempo...
Acabamos de comer, Leo pagó porque en un gesto más machista que caballeroso, me negó pagar, claro que no estoy segura de que con mi presupuesto yo hubiese podido pagar aquello.
Salimos de la mano y me enseñó todo el pueblo.
A la vuelta, ya al llegar a su casa, pasó, encendió las luces y volvió a recogerme en brazos al umbral de la puerta, y besándonos, llegamos a la habitación. [............................................................]
Me desperté a su lado, abrazada a él con tanta fuerza que es posible que le estuviese dificultando la respiración, me despegué un poco y él sonrió, estaba despierto.
lm-Siempre haces lo mismo, despiertas muy pronto, y queda una hora para que suene el despertador.
da-Pero es que nos dormimos a las ocho. ¿Cómo pretendes que siga durmiendo?
lm-No hace falta que duermas, puedes fingirlo...
da-Me niego en rotundidad.-Se rió, siempre se reía de mí.
Me senté sobre la cama y él delante, me abrazó con brazos y piernas.
da-No puedo moverme.
lm-Y eso es porque yo no quiero que te puedas mover.
Me giré con fuerza y le empujé en el pecho, cayó con fuerza sobre la cama.
Me tumbé sobre él.
lm-Bruta...a partir de ahora nos podemos ir a dormir todos los días a las ocho, menos cuando tenga partido, claro...
da-Vale.-Dije abrazándole con fuerza.
Me gustaba como sonaba que pensase dormir más días conmigo.
Me sostuvo con firmeza, como si no me fuese a soltar nunca.
lm-¿Te he dicho alguna vez que te quiero?
da-Unas cuantas...
lm-Pues te quiero más aún.
da-No, yo más.
lm-No, no puedes imaginar lo que te quiero yo...
da-Ya, pero yo por más tiempo.
Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.







domingo, 7 de octubre de 2012


Capítulo 27

da-Pero yo no quiero ningún regalo.-Le solté el brazo.-Lo único que quería por mi cumpleaños era pasar el día a tu lado. Levantarme y verte antes que a nadie...y no has estado. Todo hubiese sido más fácil si me hubieses felicitado anoche y me hubieses levantado esta mañana...con un beso muy fuerte y...
Leo miró al suelo avergonzado.
lm-¿Me perdonarás ahora si te doy un beso muy fuerte?
Me reí, había sido muy fácil, y a la vez muy difícil, no me salía hablar así cuando no estaba llorando...así que me toqué la cara. Sí, lo estaba. Asentí a su pregunta.
Subió su mano de mi mano a mi hombro, luego fue al cuello y apartó mi pelo de la cara, para poderme besar. Se acercó despacio esperando a que yo también quisiese, y tocándole las manos, me acerqué mientras me besaba.
Me rodeó por el hombro y salimos al pasillo, mientras me seguía besando.
da-No creo que sea buena idea que vallas besando a tu fisio por los pasillos del trabajo.
lm-Sólo te estoy animando para que dejes de llorar...y felicitandote, así que en este caso no es malo.
Pep entró en el pasillo y vio a Leo besándome contra un pared, mientras yo me agarraba a sus hombros.
pg-Leo...
lm-La estoy felicitando, ya salgo.
pg-Sí, termina de felicitarla y date diez vueltas al campo.
lm-¡Mister!
pg-Poco castigo es, Leo...no puedo hacer excepciones contigo...que te me aficionas a estas cosas de llegar tarde...
Pep salió.
lm-Sigo siendo su favorito.-Rio antes de volver a besarme.
Salimos y Leo, después de dar diez vueltas al campo, se unió al partido del grupo.
Yo no paraba de mirarle, y bien se dieron cuenta Gerard y Pep, que se reían de mí cada vez que me veían.
pg-Chicos, hay una nueva pareja entre nosotros...
Eso era raro, porque aunque no fuésemos oficialmente pareja porque habíamos dejado claro que no queríamos nada serio, no me molestó..y a Leo tampoco.
Los chicos me miraron a mí directamente... como no.
gp-Sí, yo ya lo sabía, Leo es que es un ligón...
lm-Pijo de mierda sos vos...
pg-¡Leo!
lm-¡Fue con cariño! Vaya día llevo...
cp-Uy sí, qué cariño, se nota mucho.
Gerard le tiró del pelo a Leo y todo zanjado.
Acabó en entrenamiento, cogimos las cosas y salimos al aparcamiento, estaba todo lleno de periodistas, por "suerte", esa mañana Leo no me había llevado, así que para no levantar más sospechas, cada uno fue en su coche.
Ambos sabíamos que si había esa cantidad de gente en el parking, en su casa habría muchas más gente esperándole en la puerta.
Contábamos con la ventaja de que todos los coches del parking eran prácticamente iguales. Llegué antes a casa y aparqué muy cerca de la puerta, había un par de fotógrafos allí, me tapé la cara y entré, había dejado el parking para que Leo aparcase.
Subí a casa y esperé sentada a que Leo llamase a la puerta muy rápido, como siempre que andaba nervioso.
Tardó. Dejó las llaves del coche junto a la mesita de la puerta.
da-Qué curioso...llevas las iniciales de Gerard en tus llaves.-Le miré con cara interrogatoria.
lm-Nos hemos cambiado coches con la plantilla para confundir a la prensa, ha sido muy divertido.
da-¿Y por qué has tardado tanto? Te echaba de menos...
Sacó de su bolsillo un pin que decía "para la más linda".
lm-Antes de ir a entrenar estaba todo cerrado...y como no querías nada...pues...es un detalle.
Me dio una hoja arrugada que sacó de su otro bolsillo. La abrí y leí.
lm-Es una tontería pero...a lo mejor te gusta.
"Vale por un beso y lo que vos quieras".
da-¿Lo que yo quiera?
lm-Eso pone...
da-¿Se pueden pedir dos cosas?
lm-Anda que la que no quería regalo...-Rio.-Lo que quieras.
da-Quiero...más de un beso, y una tarde contigo.
lm-No se hable más. Arréglate que nos vamos.-Dijo recogiendo las llaves del coche de Gerard.
Me puse una camisa ajustada de cuadros y unos vaqueros.
Bajamos al coche y buscó una bufanda o algo así en el coche de Gerard, como no había, cogió un chaleco fluorescente y me tapó los ojos con él.
da-¿Te puedo hacer una pregunta...?
lm-Eso ya lo era.
da-¿Te puedo hacer más de una pregunta?
lm-Es tu cumpleaños...no te lo voy a negar.
da-Antes has dicho que me odiabas por cómo te hago sentirte...¿cómo es eso?
Tardó un poco en contestarme...
lm-¿Has sentido alguna vez mariposas en el estómago?
da-Sí.-Me gustaba que hablase de eso.
lm-Las mías son tan fuertes, y van tan rápido, que me parece que fuera a vomitar.
da-Perdón.-Sonreí.
lm-Nada, me siento mejor así que si no lo sintiese...-Acarició mi mano un momento y devolvió la suya al volante.
Estuvimos treinta minutos en el coche hasta que me ayudó a bajar dándome la mano. Olía a hierva mojada...y pueblo, se puso delante de mí, hasta que estuvo tan cerca que pude notar como su aliento se mezclaba con el mío, quería besarle, pero no le veía...












miércoles, 3 de octubre de 2012


Capítulo 26

Le busqué la ropa, unos vaqueros y una camisa preciosa de color rosa.
Pensé un rato lo que hacerle en el pelo mientras se cambiaba, cuando salió de la habitación no pude evitar reírme.
Llevaba el cinturón mal puesto y un cuello para arriba y otro para abajo.
da-Ven aquí, Ronaldo, que no sabes vestirte.
lm-¡Eh! No me acostumbro a la camisa y...¡los pantalones de la equipación tienen goma, no hay que poner cinturón...!
Le coloqué con propiedad el cinturón y le bajé los cuellos mientras él me miraba a los ojos. Sonrió cuando me acerqué para besarle con suavidad.
lm-No soy tan tonto...lo había hecho a posta.-Me guiñó el ojo.
da-Pues peínate solito.
lm-Eso sí que no sé.-Giró la sonrisa.
Saqué el secador y el peine.
da-Perfecto has quedado.
lm-Eso vos.-Dijo girándose para besarme.
da-Vámonos a mi casa...que son las ocho y media, y la chica soy yo...y me tengo que arreglar.
Fuimos a mi casa, me puse un vestido beige de tirantes, me hice un moño y me maquillé un poco.
Me miré en el espejo, Leo vino desde detrás y cruzó sus brazos en mi estómago. Me besó un hombro aprovechando que se me había caído el tirante, y luego lo subió cuidadosamente.
da-¿Cómo estoy?
lm-Como siempre, relinda, hermosa...-Susurró en mi oído.
Mi giré para que me dijese eso mirándome a los ojos, pero cuando yo le miré, se me olvidó lo que le iba a decir... Me perdí en su mirada, hasta que sus manos se colocaron en mi cintura, y las mías en sus hombros, me besó.
Compramos una tarta de camino a casa de Gerard, porque por suerte Sara se encargaba de hacer la comida, el
resto éramos bastante inútiles en el campo de la cocina, Gerard incluído.
Al llegar Sara y Gerard estaban perfectamente arreglados, y la comida olía a gloria...sé que no soy objetiva, pero Leo iba más guapo.
Fuimos todos a la cocina para no dejar marginada a Sara.
Cuando Gerard la miraba, sonreía, con esa risita suya de siempre, le brillaban los ojos, se le veía muy feliz.
Pusimos todo en la mesa, menos Gerard, que se encargó de llevar en brazos a Sara.
Leo y yo nos pusimos a un lado de la mesa y Gerard y Sara al otro.
Gerard se meaba de la risa cuando Leo y yo nos dábamos de comer, parecíamos tontos del culo, desde cualquier punto de vista.
Al acabar de cenar nos tumbamos en los sofás y empezamos a hablar.
lm-Dani ...una duda...¿cuántos años tenés?
Sara y Geri se empezaron a reír, muy normal que Leo no supiese mi edad...claro.
da-¿Qué hora es?
gp-Las doce y ocho.
da-Veintidós.
sa-¿Es tu cumpleaños?
da-Sí...eso parece.
sa-¡Muchas felicidades!
gp-¡Oh, pero si Dani se nos hace mayor! ¡Feliz cumpleaños!
lm-No me habías dicho nada...
da-No me lo habías preguntado.
lm-Ya, pero no es justo.
da-Sí lo es. Tu tampoco me has dicho nunca cuando es tu cumpleaños.
lm-¿Cuándo es?
da-El veinticuatro de junio.
lm-¿Ves? No es justo, tu ya sabías el mío.
da-Es que está en wikipedia. Además, ya te sabes el mío...
lm-Me he enfadado.
gp-Se ha enrabietado, se le pasa mañana, verás.-Rio.
Nos fuimos no muy tarde porque al día siguiente sí había entreno.
Leo me dejó en casa y no se quedó a dormir porque se había enrabietado seriamente.
Por la mañana cogí el coche y me fui a trabajar, como cada día. Desayuné en la mesa de Gerard y Sara, Leo se había ido con los chicos y yo me sentía un poco sujetavelas. Leo parecía contento sin mí, eso me hizo sentir mal.
Gerard se levantó y se subió en la silla gritando.
gp-Chicos, hoy es el cumple de Daniela, la muy viejuna tiene ya veintidós años.
da-Idiota, me sacas tres.-Grité nerviosa intentando bajarle de la silla de un empujón.
Los chicos aplaudieron y empezaron a cantar el cumpleaños feliz, menos Leo.
Ya en la sesión, ayudé a Andresque tenía una pierna agarrotada y le dolía estirar. Luego corrí a hablar con Pep.
da-Oye...veo a Leo cojear un pelín, mándamelo para abajo.
pg-Ahora mismo va.
Entré en el vestuario y pensé en qué decirle, aunque, como siempre, acabaría siendo espontánea porque no iba a saber qué decirle.
De todas formas, yo no había hecho nada malo, pero eso sí, no iba a perderle por no querer olvidar una idiotez, si le tenía que pedir perdón por nada, lo haría.
Leo entró mirando al suelo...
da-Quítate el zapato.
lm-Estoy perfectamente, gracias por preocuparte. Me voy.
da-No, espera por favor.-Dije sujatándole del brazo. Me miró a los ojos muy nervioso.-Explícame razonablemente por qué te has enfadado conmigo.
lm-No me avisaste de esto...¡nadie me dijo que iba a sentirme así cuando te conociera!...ya te odié por cómo me
haces sentir, pero no puedo evitar estar contigo...y no me dijiste nada del cumpleaños, y no pude comprarte
nada...y...-Miró para la puerta, estaba tan nervioso que me hizo sentir mejor.

Capítulo 25

lm-Te voy a llevar a un sitio muy especial, se llama "mi casa".
Poco a poco se me dibujó una sonrisa en la cara, Leo no era de confianzas suficientes como para llevar a su casa a cualquiera a la primera de cambio.
Llegamos a su casa, era un enorme chalette de dos pisos, aunque en el de arriba sólo había una enorme habitación.
Un jardín precioso que se asemejaba a una selva tropical, donde en medio lucía la gran piscina, un cenador, y un sofá de esos que tienen columpio.
lm-La cocina...el baño...la habitación de invitados, ahí está la cama...-Arqueó una ceja.
Subimos las escaleras.
lm-Y esta es mi habitación...pero la conocerás más intensamente.-Era tan poco sutil a veces...
En cuanto acabamos de ver la casa, bajamos al jardín a sentarnos en el sofá-columpio, bueno, en realidad no fue así, él se sentó y yo aproveché para tumbar la cabeza sobre su regazo, mientras él me acariciaba el pelo
con tanta dulzura que me hacía sentirme frágil en sus brazos, yo empezaba a temer que me rompiese si apretaba más...me contemplaba cariñoso, como nunca antes lo había estado y yo me estaba adormilando.
Todo parecía perfecto cuando de repente estropeé la escena...no fue a propósito, pero algo así sí.
lm-¿Soy yo o tu estómago acaba de pedirme que no le deje morir de esta manera tan horrible?
da-¡No le escuches, estoy muy a gusto!¡Mis tripas son bobas!
lm-A las princesas hay que tratarlas como tal.-Sonrió, tanteando mi reacción.
"Ahora se nos pone cursi, una de cal y otra de arena".
Se levantó con cuidado de no tirarme y me ayudó a levantarme del sofá-columpio.
Fuimos de la mano a la nevera pero la verdad es que ninguno éramos un gran cheff. Comida prefabricada y tuppers de mamá era de lo que Leo sobrevivía a menudo, por suerte, muchas veces se quedaban a comer en el club. La comida de Sara era la única explicación por la cual Leo está vivo.
Comimos y luego me senté en la encimera a debatir con Leo, con las piernas abiertas un poco, siempre dejándolo espacio para abrazarme y darme calor cuando lo necesitaba.
lm-¿Por qué no se nos ocurrió a nosotros lo del chocolate que hizo Gerard...?
da-No me hacían falta florituras, sabías muy bien.-Se rió intentando contenerse con la boca cerrada.
lm-Ya me di cuenta anoche...-Levantó las cejas dos veces.
da-Pero vamos...que si quieres chocolate la próxima vez... no me importará. Lo único que luego hay que darse una ducha, ¿sabes? porque no me vestiría con todo el pringue...
lm-Eso es...-Se le abrieron los ojos.-...lo más tentador que he oído nunca.
Me miró a los ojos mordiéndose el labio, premeditando lo que pensaba hacer.
Me zarandeó con fuerza tirándome de la encimera y agarrándome a él, corrió conmigo en brazos a la nevera.
l-Ábrela.-Gritó muy decidido. Lo hice, señaló un bote de nata con los ojos y lo cogí mientras me entraba la risa.-No tiene gracia, me va a dar una taquicardia...
Cerré la nevera y salimos corriendo a la primera habitación que vimos aparecer a lo largo del pasillo y lo que vino es otra historia.
[....................................................................]
Sobre las seis nos fuimos al sofá a echarnos la siesta (hacía muchísima falta reponer fuerzas después de tanto tranqueteo) Leo se tumbó ignorando sus volúmenes corporales, o quizás los míos, y ocupó todo el espacio del sofá, sin ningún problema, me tumbé sobre él, lo abracé con brazos y piernas, como un bebé y me quedé dormida...
Cuando me levanté, Leo cogía mi mano derecha con su izquierda, la otra estaba muy ocupada, rodeando mi cintura
para que no me cayese del sofá. Me miraba con cuidado, estaba muy despierto. Puso mala cara cuando abrí los ojos y le miré.
da-¿Qué te pasa?-Le pregunté apretando mi mano contra la suya.
lm-Te has despertado...
da-¿Y eso te enfada porque...?-Me sorprendían bastante sus reacciones.
lm-Pareces tan buena cuando duermes...no como cuando te despiertas, que eres un diablo...que me come por dentro...pero me gusta mirarte.
Algo se movió dentro de mí al escuchar sus palabras. Le besé. Yo...no sabía nada de mis sentimientos, estaba muy confusa...y él también parecía estarlo...
da-¿Has estado...mirándome...una hora?-Pregunté mirando al reloj.
lm-Sí, y si no te importa, tumba la cabeza, porque voy a seguir haciéndolo. Me da paz.
Apreté su mano y agaché la cabeza.
da-Como sigas diciéndome esas cosas, y siendo tan bueno conmigo, vas a tener muchas siestas para mirarme.
lm-Espero que sean muchas más.
Sonreí para mis adentros y él acarició mi cuerpo de arriba a abajo, con cuidado, paseaba la yema de sus dedos por mi cuerpo con delicadeza, era hasta ridículo.
Estuvimos así casi una hora más, hasta que decidimos arreglarnos, no por ganas, sino por obligación.
Era un poco lioso porque Leo tenía que vestirse allí en su casa y yo tenía que ir a la mía a por mis cosas y arreglarme allí, así que me puse a prepararle, por suerte, ya estábamos duchados.

domingo, 16 de septiembre de 2012


Capítulo 24
lm-¿Sabes qué? Vos sos más dulce que cualquier desayuno que fueras a traerme...-Me dio un toquecito en la nariz y me besó.
Me alzó un poco y yo apoyé la cara sobre su pecho, me sujeté a él mientras él palpaba mi cuerpo con sus manos, que me acariciaban de arriba a abajo y de abajo a arriba intentando hacerme cosquillas con la yema de sus dedos.
Una risa tonta me apareció de repente y Leo se dio cuenta, levantando la cabeza me pidió una explicación a mis risas...
da-Nada...sólo es que a penas hace una semana que te conozco, y lo volvería a repetir, es una locura...
lm-Te sentís como yo.-Sonrió.
Cogió mi mano y la besó. Pasaron unos minutos hasta que volvimos a hablar.
lm-Oye...anoche...¿no te haría daño? Porque si me lo hubieses dicho yo...
da-¡Leo por favor! Todo fue perfecto... además no es necesario comentarlo...
Respiró tranquilo y su cuerpo experimentó un orgullo varonil sólo comparable con el que yo sentía por tener delante y desnudo, no sólo al mejor jugador del mundo sino también al hombre al que quería. Esbozó una tímida sonrisa.
da-Oye, ¿desayunamos juntos y nos vamos a casa de Gerard, a ver cómo está?
lm-No hay prisa, que estará con Sara...-Me guiñó un ojo.
da-Guau, es cierto, y ¿qué habrán hecho?-Arqueé las cejas.
Me puse depié, Leo se sentó al borde de la cama y abrió las piernas para dejarme sitio entre ellas. Me agarró de la cintura para atraerme hacia él.
lm-Pues...te lo puedo definir con palabras, pero la práctica es muchísimo más satisfactoria.-Él también arqueó las cejas. Rugió. Rio después. Qué pena, sólo estaba bromeando.
Bajé las escaleras un momento para ver la hora que era. Las once de la mañana, volví a subir a la azotea, al llegar arriba Leo ya se había puesto sus calzoncillos, me quedé paralizada ante aquella perfecta visión.
lm-¿Qué pasó? ¿No te acercas?
da-Sólo es que, si no te hubiese visto desnudo, diría que no hay nada más increíble en el mundo que tu con esos calzoncillos.
Empezó a reirse mientras me miraba a los ojos, su sonrisa me maravillaba. Vino hacia mí y me empezó a acercarse, me cogió de la cintura y empezó a girar.
lm-¡Me encanta bailar contigo!
Bajamos al salón, desayunamos juntos y nos vestimos, Leo me llevó corriendo a casa de Gerard, yo tenía muchas ganas de ir porque no había estado nunca, y tenía mucha curiosidad, era un enorme ático en la zona más lujosa de la ciudad.
Llamamos al timbre y Gerard tardó un poco (bastante) en dar señales de vida, cuando nos abrió Leo y yo no podíamos parar de reir. Estaba en calzoncillos, despeinado y tenía todo el cuerpo lleno de manchas de chocolate. Tenía un bote de nata en la mano.
da-¿Molestamos?-Pregunté sabiendo la respuesta.
lm-Seguro que no.-Respondió Leo, quien empezaba a llorar de la risa.
gp-¡Ei!
da-¿No es un poco pringoso el caramelo para eso?
gp-Sólo estaba haciéndola el desayuno.
lm-No te lo crees ni tu.
gp-Vale, es cierto, no sé hacer ni un colacao...
da-Bueno, vale, pues nosotros sólo queríamos ver cómo te había ido, te llamo luego y me cuentas.
gp-Hasta luego.-Cerró la puerta con mucha prisa.
Leo me miró raro.
lm-Una pregunta, ¿No estamos saliendo, verdad?
da-Supongo que no...
lm-¿Te enfadas...?
da-No me enfadaré si...
lm-¿Si...?
da-Si me das un beso...-Temí pasarme con eso del cariño.
Corrió a sujetarme, me levantó por la cintura y me besó con intensidad mientras yo acariciaba sus mejillas.
Escuchamos la voz de Gerard a través de la puerta.
gp-¡Alguien lleva un buen rato mirando por la mirilla!
Nos reimos pero aun continuamos con el beso.
Gerard abrió la puerta.
gp-¡Eh! ¡Que no me ignoreis! Os he visto.
Leo apartó la mano de mi cintura y se la colocó en la cara a Gerard para evitar que siguiese hablando. Por un momento funcionó, eso hasta que Gerard mordió el dedo de Leo...
lm-¡La concha de tu madre!
gp-Te falta el "pelotudo".
lm-Calla.
gp-Venid esta noche a cenar, y ya me contais.-Guiñó el ojo.
lm-¿Sobre las nueve?
gp-Sí, y seguid a lo vuestro.
Cerró la puerta.
lm-¡Ten cuidado con el piquetón, algún día sacarás un ojo a alguien...!-Gritó, se rio.
Riéndonos volvimos a irnos al coche.

jueves, 6 de septiembre de 2012


Capítulo 23
Nos sentamos a hablar sobre la cama de la azotea, de Rosario, nuestra infancia, sus valles, sus habitantes, su vida, mi vida. Como cualquier otro juego tonto, acabamos escribiendonos cosas en la espalda con el dedo, muy despacio se me ocurrió qué decirle, mientras nos acabábamos el vino que trajo la otra noche.
da: "PATO"-Escribí yo.
lm-¡Estás loca!-Respondió él en voz alta. Riéndose.
da:"Por ti"-Creo que es lo más alocado que había hecho hasta el momento...darle esa respuesta.
lm-¿Me querés?-Preguntó alarmado.
da:"Sí".-Escribí de nuevo sobre su espalda.
lm:"PUES-BÉSAME"
Lo escribió muy claro y con fuerza sobre la parte más centrada de mi espalda, y yo...¿cómo iba yo a negarle eso a Leo? Le tenía demasiadas ganas.
Coloqué mi frente sobre la suya y respiré hondo esperando a que me llegara su olor, a miel y romero, no podía evitar todo aquello, y es que su cuello estaba tan cerca que no me quedó otra opción que morderlo.
lm-¡Ah! ¡Qué obsesión tenés eh!
Tenía razón, desde el momento en que le vi le prestaba más atención de la que en alguna ocasión había requerido o incluso merecía.
Volví a colocar la frente sobre la de Leo.
da-Te voy a comer.-Susurré.
Me aferré a su pelo de detrás de la nuca, enmarañado con mis manos entrelazadas, y con ansia, tiré de él hacia mí.
Le miré a los ojos y fue como si todo se hubiese reseteado por un momento, mi vida entera, desaparecí perdida en el profundo y negro infinito de su mirada.
Leo asintió confirmando mi movimiento, o dándome permiso para continuarlo, esta vez fue él el que se acercó un poco más a mí, abrí las piernas y me senté sobre sus piernas cruzadas, rodeándolo por la cadera con sensualidad.
Sus manos buscaron refugio en la zona más estrecha de mi torso y y por fín nuestros labios se juntaron en ese beso eterno del que ninguno quería salir, ese esperado beso que no había sido imaginado ni como la mitad de bonito de lo que en realidad fue.
Leo cerró sus ojos al volver a besarme, yo no lo hice, no podía, mantuve la mirada fija en él para acordarme de sus detalles, tan vez no volviese a tenerle tan cerca.
Sin dejar en ningún momento de besarle, ya que hubiese sido una patraña y una absurda pérdida de tiempo, me recliné sobre él, haciendo que se tumbase y le empecé a levantar la camiseta del pijama.
lm-No tenemos que hacer nada si no quieres.-Me dijo nervioso entre pequeños picos que cortaban las palabras sílaba por sílaba. Me puse un poco seria con el tema.
da-No hay nada que me niegue a hacer contigo.
lm-Me alegro mucho...-Dijo mientras volvía a besarme.
Me faltaban manos para abarcarle a él y todas las partes de su cuerpo que quería acariciar, si le estaba tocando el torso, necesitaba sentir su cuello, su cara, su espalda, sus manos...sujetarle los brazos y a la vez ayudarle a desvestirse, necesitaba un todo en uno. Lo quería todo con él, pero lo más claro es que todo lo que con tanta fuerza había deseado, era mío en ese momento, y me iba a aprovechar de la vida, porque ella se aprovecharía de mí en una situación así.
Le quité la camiseta y los pantalones y él me empezó a desnudar mientras sus manos paseaban moldeando mi cuerpo, y pulía los detalles con la yema de sus dedos.
Sus brazos protegían mi cuerpo, y sus labios lo embadurnaban en perfectos besos de pasión.
Metió las manos en los pequeños bolsillos traseros de mi pantalón corto y empezó a juguetear bajándolos despacio, con el objetivo, no solo de que me pusiera nerviosa, sino de relajarse él, tal vez era una cuestión de orgullo, el mero hecho de poder decir "Si quiero, puedo parar" pero se engañaba a sí mismo, porque su  consuelo más inmediato eran mis labios y su fetiche, el roce de su piel con mi piel, esa consolación implacada por el deseo de continuar juntos, aunque fuese sin energía, sin fuerza, aunque pasaran los días, esa vitalidad desgarradora se apoderaría de él a la hora de besarme. [..............................]
Por la mañana me levanté y él aún seguía muy dormido, estábamos completamente desnudos, tapados con un enorme edredón, yo estaba de espaldas a él y él se abrazaba a mi pecho como un niño pequeñito a su oso.
Me liberé de su abrazo de oso con cuidado, me puse la ropa interior y me peiné con los dedos sentada al borde de la cama. Me levanté despacio pensando en el enorme desayuno que iba a hacerle.
Cuando estuve a punto de llegar a la puerta, carraspeó fuertemente, me giré, estaba despierto.
Me miraba con cara de "buenos días" y unos morritos muy sugerentes. Hizo un gesto con la mano indicándome que volviese con él, lo hice y me senté en el borde de la cama a observarle.
lm-¿Te ibas...? ¿Te arrepientes?
da-Yo...no, ¿Tu te arrepientes?-Pregunté nerviosa por cuál podría ser su respuesta.
lm-Me arrepentiré mucho si esto no vuelve a pasar. Porque ya te he probado y...
da-Ya...claro.
lm-¿Y a dónde te maschabas?
da-Te iba a hacer el desayuno, pero si estás despierto la sorpresa pierde absolutamente todo su sentido...
De entre sus colmillos salió una sonrisa irónica que se dejó ver pocas milésimas de segundo.
Abrió el edredón con un brazo invitándome a tumbarme de nuevo a su lado, dejándome de fondo la imagen perfecta de su escultural cuerpo desnudo. Tardé un par de segundos en asimilar tantísima hermosura y finalmente me tumbé con él. Estábamos tan pegados que no dejábamos espacio ni para el aire.
Yo miré sus ojos y me quedé tranquila después de haberme vuelto a perder en su mirada. Me dio la mano y estuvimos ahí casi una hora.


martes, 4 de septiembre de 2012


Capitulo

En apenas veinte segundos escuché un puño aporreando la puerta de mi casa. Ahí se encontraba Leo, tan perfecto como siempre, tan nervioso como siempre...tan silencioso como siempre, y sin embargo, se expresaba tan bien como siempre, pero claro, con la mirada.
da-No has llamado al telefonillo, y hace menos de un minuto que te dije que vinieses, ...¿qué eres? ¿Un extraterrestre? ¿Debería asustarme o...?
lm-Llevaba más de media hora sentado en el rellano del cuarto piso, el portal me lo abrió Antonia, 1ºB...le dije que era el cartero...-Se rio solo.
Me dio muchísima felicidad verlo bromear como si no hubiese sucedido nada, y para mí todo seguía igual, lo abracé con más fuerza de la que solía utilizar. Las lágrimas empezaron a brotar. Leo se burló de mí con muchas ganas.
lm-¡No seas pava! Si he venido, no debes llorar...
da-Es que estoy muy contenta de que hayas venido...-Balbuceé.
lm-Todavía me tienes que explicar alguna cosilla.
da-¡Claro! Sí, ¡todo lo que quieras...!
lm-Pues primera pregunta, y que sepas que no aceptaré un no por respuesta. ¿Bailas conmigo?
Me sujetó por la cintura y y jugueteó con mi muñeca antes de sujetar mi mano. Le seguí el juego con el que trataba de animarme y coloqué mi mano libre sobre su hombro. Cerramos la puerta, nos pusimos a dar vueltas al rededor de nosotros mismos, apoyé mi cara sobre su hombro y giramos en dirección al sofá, donde acabamos cayéndonos, Leo encima de mí. Indecentemente, se sentó a mi lado casi tirado y por fín se atrevió a preguntar.
lm-¿Y de qué zona de Argentina es tu papá?
da-Somos.
lm-¿Vos también?-Le tembló la voz.
Asentí.
da-De Rosario.-Me miró a los ojos mientras en su rostro se abría una enorme y lúcida sonrisa.
lm-¡Si es que cada día te descubro algo mejor! Sos argentina.
da-¡Y tu un idiota!-Le di un pequeño puñetazo en el brazo.
Leo miró a la mesa y señaló los álbumes.
lm-¿Son fotos?
da-Soy yo de pequeñita...
lm-¡Eso no lo pierdo de vista!-Saltó del sofá como un ninja a coger mis álbumes.
Empezó a pasar fotos rápidamente.
lm-Eras muy mona...yo jugaba en este parque al fútbol...¡Ahí al lado está la fuente del ciervo!-Se emocionaba al ver los paisajes de su ciudad...
Empezaron a salir fotos de esas que te hacen en las funciones del colegio y yo, muerta de vergüenza, empecé a pasarlas rápidamente.
lm-¡Espera, pasa dos páginas atrás!-No le hice caso.-Por favor.-Colocó sus manos sobre las mías para pararme, su calor fundió mis sentidos. Paré de pasar hojas. Leo las pasó para atrás.
Sacó una de las fotos de debajo del plástico protector, salía yo con unos siete años, sonriendo, me faltaban los dos paletos, a mi lado había un niño poco mayor que yo al que también le faltaban unos cuantos dientes, miré al niño y luego a Leo.
lm-¡Joder!-Le brillaban los ojos.
da-Eras muy guapo de pequeño, ¿no?
lm-Vos lo seguís siendo, ¿no?
da-Pues tu...tu estás mil veces más guapo.-Dije tirándole del moflete.
Apoyó la cabeza sobre mi regazo y se abrazó a mi cintura, mientras respiraba con fuerza, le costaba.
da-¡Levanta de ahí anda! Que nos vamos a preparar la cena.
Levantó la cabeza, se secó los ojos, húmedos y se puso en pie.
lm-¡Podemos hacer una barbacoa argentina!
da-Sí, de sartén.-Bromeé.
Hicimos pasta. Cenamos en el sofá acurrucados el uno sobre el otro. Eran ya las diez cuando se levantó del sofá.
lm-Bueno, yo me tengo que ir.-Dijo con un poco de pena, aunque intentando disimularla.
da-No tienes por qué irte. Quédate a dormir.-Le pedí.
lm-No, no quiero molestar, a demás, luego te enfadarías conmigo por haber dormido en un sofá.
Leo cruzó el umbral de la puerta y yo me aferré a mi última esperanza, la que me hacía pensar que esa noche no tendría que alejarme de Leo, pero esa esperanza sólo se haría realidad si cumplía cierta antigua promesa.
da-Podemos dormir arriba, en la cama de la azotea.
lm-¿En serio? ¿Te refieres a tu y yo juntos? ¿En la misma cama?
da-Tienes aire de prensa hoy, ¡Cuántas preguntas! Y sí, juntos, te lo había prometido.
lm-Sí, es verdad...-Dijo antes de que a mí se me quitasen las ganas.
da-¿Te quedas entonces?
lm-Sí, pero porque se te da bien esto de ser chantajista profesional.-Rio.
Busqué en mi habitación el pantalón de chandal más ancho que vi y se lo di, acompañado de la camiseta que él me regaló, seguro que le valía ;).
lm-No voy a ponerme el pantalón de chica.
da-No tengo otra cosa.
lm-Pues dormiré con la camiseta y ya...
da-Bueno, voy a ponerme el pijama.
Entré en la habitación y me puse mi pantalón corto y mi camiseta de tirantes.
Salí de la habitación.
lm-Eso que llevas puesto...es tentación. Lo juro.
da-No, es un pijama. Pi-ja-ma.
lm-Pues me encanta tu pijama.-Sonrió pícaramente.






sábado, 1 de septiembre de 2012


Capítulo 21 :-D
Leo estiró el brazo y le cogí la mano para poder movérselo bien.
Se lo doblé y estiré varias veces para poder contraer sus músculos.
da-Sé que quieres hacerte el machote, pero esto te debe estar doliendo, grita si quieres...
lm-¡Aaaaaaaah!-Gritó, y su grito hizo eco en las paredes.
da-Sé que se pasa mal si te haces el duro...
Con suavidad y muy despacio le hice un masaje en el hombro, me puse nerviosa, le recorrió un escalofrío y otro a mí, el silencio era incómodo.
Acabamos y le mandé no hacer más ejercicios de choque, y mucho menos con Puyol que tenía mucha fuerza.
Salimos fuera y él se sentó a mi lado, esperando que llegase la hora de irnos. Tuve que ayudar también a Dani que se dolía de un golpe en la pierna derecha.
pg-¡Vamos a casa chicos, que estáis agotados...! Buen trabajo.
Cogimos las bolsas, los chicos se ducharon y corrimos al aparcamiento, a lo lejos, apoyado en una valla, distinguí una figura muy familiar, y tanto, claro. Casi no lo recirdaba.
da-¡Papi!-Grité.
Corrí hacia él como si llevase años sin verle, y él, vino a paso ligero, dejé la bolsa tirada en el suelo y lo abracé.
ra-Mi pequeña...¡Qué guapa estás! Pero, ¿para qué tenés el movil? ¡Tuve que estar por ahí preguntando por una técnico linda!-Los chicos con los que mejor me llevaba se acercaron para conocer a mi padre, se quedaron quietos, rodeándonos a un par de metros.
Abracé a mi padre.
da-Papi, tengo que presentarte a bastante gente.-Reí. Estaban Dani, Leo, Gerard, Mascherano, Isaac y Pep.
ra-Soy Rafa...
Mi padre les miró a todos asombrado, y lo primero que hizo fue ofrecer su mano a Leo y Mascherano, que era a los que más admiraba por ser argentinos.
ra-Los mejores de la albiceleste...sin ustedes...no sería nada.-Luego se dirigió a Pep.-Y vos...¡El mejor entrenador del mundo!-Le ofreció su mano con mucho respeto.
Después ya les dio la mano a Isaac, Dani y Gerard con picaresca.
ra-Daniela, te veo tan bien acompañada...
da-Pues ya ves papi...
ra-Es que...cuando eras así de chiquita,-puso la mano a la altura de su cintura.-no imaginaba que vos fueses a ser amiga de los mejores jugadores del mundo y... ¡Hacías cosas de niña!
Leo y Javi llevaban un buen rato mirándose de reojo, Dani le había ofrecido su brazo a Leo para sujetarse, y Leo parecía sujetarse con fuerza. Se le veía muy nervioso.
lm-Bueno...yo tengo que marchar... encantado.-Le dio la mano a mi padre y salió corriendo sin decir nada más. Hubo un momento incómodo de esos que se resuelven con esa risa que te alegra el día que tiene Gerard.
gp-Bueno Dani, ya sabes que tengo un plan importante, me tengo que ir.-Se despidió y se fue.
El que más tiempo estuvo con mi padre fue Pep, con el que pareció hacer muy buenas migas. Acabaron hablando de política, para mi sorpresa.
da-Bueno papi, nos tenemos que ir.-Cogí su mochila y la mía, él se despidió de Pep y nos fuimos al coche, que yo había dejado allí cerca a propósito el día anterior.
Le llevé a mi casa, se la enseñé entera, sobretodo fue la azotea lo que le encantó...como a todos.
Hablamos, comimos y finalmente sacó de su mochila unos álbumes de fotos.
da-Son...¿de cuando era pequeña?
ra-Prefiero que los tengas vos...hay muchas fotos de mamá, te dará fuerza.-Papá, nunca la olvidó.-Sin embargo a mí a penas me venía su imagen a la cabeza, sólo deseaba que papá la olvidara, pero eso era imposible.
Entré en la habitación, emocionada y cogí la bolsa con su regalo.
da-Yo también tengo algo para ti, menos bonito, pero es mucho más caro.-Reí y le lancé su regalo mientras él empezaba a gritar.
ra-¡La concha de la lora!-Ahora sí que me reí.-¿Cuánto te costó esto?
da-No te preocupes papi, que llego a fin de mes.-Le guiñé el ojo.
ra-Más te vale...
Llevaba un pañuelo en el cuello para que no me viera el chupetón, y claro está, yo esperaba que Leo viniese a verme por eso de que  yo estaba "enferma" y por eso llevaba el pañuelo...
Sobre las seis y media mi padre se fue, y yo no entendía nada, ¿por qué no había venido Leo? ¿Lo habría olvidado? ¿Por qué miraba de reojo a Javi cuando estaba mi padre delante? ¿Por qué sujetaba a Dani con fuerza el brazo? Entonces sí me di cuenta de que se sentía engañado, no llevaba con él ni una semana y yo ya sabía lo que le ocurría, cogí el móvil y le llamé, casi llorando, tenía miedo a su reacción, a una mala contestación, a que no me cogiese el teléfono e incluso a que me lo cogiese una chica.
El teléfono dio tres pitidos y no me lo había cogido aún, empecé a temblar y me aparté el móvil de la oreja para colgar, pero entonces escuché su voz, cálida y tímida como siempre.
lm-¿Sí?
da-Leo, soy yo, es que...no has venido...
lm-No, no he ido, ¿Querés que valla?
da-Sí, ¡estaba muy preocupada!
lm-Bien, voy para allá.




viernes, 31 de agosto de 2012


Capítulo 20

Llegamos bastante tarde porque había algo de atasco en la zona circundante al estadio.
Leo se sentó en el sofá, cansado y yo rápida entré en mi habitación a ponerme el pantalón del pijama. Me quité la chaqueta y me quedé sólo con el pantalón y la camiseta que Leo me había regalado.
Salí de la habitación y Leo expresó todo lo que le fue posible con un "bffff".
lm-Tenés unos pantalones de pijama re-lindos.
da-¡Y la camiseta?
lm-Y los ojos.-Sonrió pícaramente.
da-Y el choffer...
Se acercó con curiosidad.
lm-¿El choffer? ¿Para vos soy "el choffer"?
da-Bueno, el choffer barra mejor amigo.
lm-¿Sólo eso?
da-¡Te quejarás! ¿Qué más quieres?
lm-Un poco más...-Susurró y se acercó a mí. Mucho.
Un ataque de pánico me sacudió y el cerebro empezó a hervir dentro de la cráneo, me palpitaron las sienes,
estaba asustada, le abracé huyendo del beso que estuvo a punto de darme. Hubo un silencio incómodo.
Me dio un beso en la mejilla, irritado.
lm-Me voy, hasta mañana, princesa.-En su voz podía escucharse camuflada la decepción, no quería irse, pero yo casi no podía moverme.
da-Que duermas bien.-Traqué saliva y me dolió, me sentí a punto de llorar.
Leo salió, asomó la cabeza por el umbral, me guiñó un ojo y desapareció por completo.
Me fui a la cama, el corazón aún me palpitaba sobre las sienes y me sentía mareada, aún así, me dormí
muy rápido, esa noche soñé con él.
Me levanté a las siete y me duché, esperé sentada a que llegase mi choffer, que tardó algo más de lo normal, bajé las escaleras corriendo, estuve a poco de rodar escaleras abajo.
Entré en el coche, sin decirnos nada, nos miramos a los ojos, no estaba enfadado, ni yo tampoco aunque sí había cierta tensión, estuvimos callados, arrancó y nos fuimos directos al trabajo.
Entramos al comedor y pasé a la cocina a saludar a Sara. Ella estaba muy muy nerviosa, después de todo era domingo y nada más acabar su jornada había quedado con Gerard, y aquello la ponía realmente
histérica.
Leo se sentó en la mesa con los chicos y sobretodo con Gerard que no dejaba de hacer comentarios extraños, se le veía afectado por los nervios. Su pie tamborileaba sobre el suelo a un ritmo frenético.
La mayoría, sin embargo, no se pusieron en la mesa de Gerard porque sabían que estaba inaguantable.
Me di cuenta de que a partir de aquí a Isaac y Marc les vería más de tarde en tarde, porque ellos aún entrenaban con el filial la mayoría de días, y yo había subido de puesto en mi rango particular.
Salí de la cocina y me senté en la mesa de la mayoría de gente, ya tendría tiempo de estar con Gerard y Leo y con ellos me sobraba la confianza.
pg-¡Bon día Daniela!
gp-¡No la gusta que la llamen Daniela, mejor Dani!-Respondió gritando Gerard, que estaba más atento de lo que hacíamos y decíamos que de su desayuno.
pg-¡Es que ya tenemos un Dani!...chicos, a pensar, buscadla un mote.
viv-No mister, pensar a estas horas no, por fa...
gp-¡La señorita repipi!-Le miré con cara de asesina psicópata, pero eso no evitó que los chicos estuviesen de acuerdo.
da-No no, podeís llamarme Daniela, no me enfado. Mejor Daniela.
Los chicos se rieron.
gp-Jo, pues para una buena idea que tengo...
Nada más acabar, fuimos a entrenar directamente al campo, Leo se acercó con gesto de dolor y la mano
en el hombro a Pep y le dijo algo al oído.
pg-Daniela, entra con él al vestuario y miras a ver qué tiene, si es grave os vais a casa a ver qué recuperas de este chico.-Pep le dio una palmada en el culo y le mandó al vestuario conmigo.
da-Sí.-Estaba muy preocupada, ¿dos lesiones en dos semanas? La situación me indignaba realmente.
Entramos en el vestuario.
da-¡A ver, quítate la camiseta!-Exigí.
lm-¡Qué viciosa! ¿No puedes esperar a llegar a tu casa al menos?-Se rio con fuerza mientras se quitaba lacamiseta.
da-Ni de coña estoy para bromas en este momento.
lm-Lo siento.
da-¿Puedes levartar el brazo y bajarlo despacio?
lm-Sí, pero duele.-Respondió mientras lo hacía.
da-¿Como ha sido?
lm-Una carga contra Carles.
da-Tú lo has dicho, es una sobrecarga, no es grave.
lm-¡Ya sabía lo que era!
da-¿Y por qué no me lo has dicho antes?-Me desesperaba.
lm-Porque me encanta cuando te preocupas así...
Me cabreé un poco, aunque no estaba segura de cómo debía reaccionar.
da-¿Tienes a todos preocupados ahí arriba porque te apetece que yo me preocupe?
lm-No, le he dicho a Pep lo que era para que no se asustaran.
Me di la vuelta enfada. Su mano presionó mi muñeca y la redujo a otro hueso inutil antes de que pudiera quejarme siquiera.
lm-Siento mucho enfadarte, señorita, pero no ha dejado de dolerme.
da-Pues...tumbate ahí.-Señalé una camilla de cuero negro. Me hizo caso, le cogí la mano para moverle el brazo.
lm-Perdóname, pero no sabes lo guapa que te pones cuando te preocupas.-Sonreí, intentando disimularlo.-¡ Sonreíste! Estoy perdonado.
da-Estira el brazo lerdo.-Esta vez saqué la más amplia de mis sonrisas con la que Leo se alegró mucho.

jueves, 30 de agosto de 2012


Capítulo 19

Fue en el sexto minutos de la segunda parte cuando Leo alcanzó un rebote que chutó con potencia, el balón entró a la portería por la escuadra, desde fuera del área.
Corrió y cuando estuvo justo frente a una cámara se levantó la camiseta y la agarró con los dientes, dejando ver lo que ponía en la de debajo. "Gracias Daniela" Luego miró al banquillo y me guiñó el ojo. Pep me dio con el codo en el brazo.
pg-¡Lo tienes loquito eh!
Me reí con un casi gemido nervioso.
Al rato, Leo se quedó sólo contra el portero, miró para atrás y se la pasó a Gerard, que marcó y cogió a Leo en brazos para agradecérselo. Gerard también llevaba una camiseta debajo. "Mañana es domingo" decía.
La mayoría de gente obviamente no lo entendió, pero sí Leo y yo. Era su forma de recordarle a Sara que el día siguiente tenían una cita, aunque seguro que ella nunca se olvidaría de eso.
Ya en el último minuto, Leo no quiso faltar a su promesa, y volvió a marcar, esta vez de cabeza.
El partido terminó con un cómodo 4-1 y unos enormísimos despuntes de calidad.
Entré la primera en el vestuario esperando a Leo, que entró cantando, con el balón en las manos. Buscó un rotulador en su bolsa, firmó el balón y se lo lanzó a Gerard a la cara.
gp-¿Pero qué...?
lm-Te lo dedico.-Se rieron a carcajadas.
Los chicos fueron educados y no se quitaron más que la camiseta delante de mí.
Leo me dio la que llevaba debajo "Gracias Daniela".
da-Ya sabes que no me gusta que me llames Daniela.-Dije casi llorando de la emoción. :')
lm-Es porque si ponía Dani iban a creer que era por ese pavo.-Contestó señalando a Alves.
Dani le dio una colleja al escuchar "ese pavo".
alv-¡Mira cómo ha espabilado el pibe! Si ahora dice hasta insultos.
lm-No era un insulto, era una descripción.
alv-Nada de eso. Soy una persona.
lm-Qué discutible es eso...
Dani se rio y siguió andando.
da-Gracias por todo Leo, ha sido un partido increíble.
Sonreímos a la vez.
gp-¿Estarás contento, no?
lm-Yo mucho, pero me debes una, que lo sepas, te he regalado un gol.
gp-Sí, ¡una colleja!-Le dio y salió corriendo.
Leo corrió detrás saltando bancos y trotando.
lm-Morirás entre terrible sufrimiento.
gp-No no, que te puedo.-Eso decía, pero se escondía.
Todos gritaban.
Pep entró en el vestuario.
pg-A ver, las estrellas del equipo, ¿podeís dejar de pegaros?
da-El término correcto sería "intentar pegaros" porque tu Leo no consigue alcanzar a Gerard.
pg-En realidad es más rápido que él, pero no creo que quiera pelearse con una persona que le saca más de veinte centímetros.
da-Seguro que es eso.
pg-Bueno Daniela, se tienen que duchar y eso, ...
lm-Espérame en la puerta, en dos minutos estoy ahí.
da-Prefiero que te duches bien y salgas en quince minutos.
lm-Ocho y ni para ti ni para mí.
Salí y me senté en el suelo, cercana a la puerta, esperando a que salieran.
cp-Cuidado los que estéis en las duchas que entra el piquetón.-Gritó Puyol y empezaron a gritar los demás.
varios-Cuidadín con el jabón chavales. ¡Que a nadie se le caiga!
Eran un grupo demasiado entrañable y se veía de lejos que llevaban juntos toda la vida.
El mejor amigo de Valdés, era Iniesta, el de Gerard, Cesc, el de Leo, Pinto, de Dani, Adriano...
Puede que ese fuese el secreto del Barça, esa compenetración entre ellos.
Leo salió del vestuario con su mochila en la mano y me buscó con la mirada. Arqueó una ceja y me ofreció una mano para ayudarme a levantarme.
lm-¿Querés despedirte de alguien?-¿De quién narices querría yo despedirme si me voy contigo? Sería como perder el tiempo.
da-¡Adiós!-Grité.-¿Ves, ha sido una despedida rápida e indolora, nos vamos?
Leo parecía cabreado.
lm-¿Y la camiseta?-Buscaba en mis manos la camiseta que me había regalado.
Me desabroché la chaqueta y le enseñé que me había puesto la camiseta encima de la mía.
lm-Vale,...nada malo qué decir.
da-Yo te diré que voy a dormir con ella puesta...si te vale de algo, eso pensando en que consiga quedarme dormida con ella puesta.
lm-Esto, yo creo que antes deberías lavarla.
da-¡No!-¡Sacrilegio! pensé. "Huele a ti".- No voy a lavarla.
lm-Está toda sudada.
da-¡Qué bobaino eres! Huele a tu desodorante y tu colonia. A hombre.
lm-Bueno, eso será por el hecho de que yo sea un hombre, pero lávala.
da-Un hombre normal no huele así de bien.
lm-Pues gracias.-Rio.-¿Nos vamos?
da-¡Vámonos!
Me abroché la chaqueta y salimos andando por el pasillo, bajamos las escaleras del parking y fuimos a su coche.
Fuimos directos a casa.