miércoles, 10 de octubre de 2012


Capítulo 28

lm-Te quiero.-Susurró sin que yo pudiera verle, quizás por eso lo hizo, es más fácil sin mirar a los ojos. Me confundió, no queríamos nada serio, ¿no debería agobiarnos acaso un te quiero tan firme como aquel?
da-Leo, no quiero una relación...
lm-Yo tampoco.
Sin quitarme el chaleco fluorescente de los ojos, desabrochó mi abrigo y metió sus manos en mi cintura. Estaban heladas. No me quejé.
Me besó, con suavidad, pero fue un largo beso, que quería que hubiese durado eternamente, fue el beso perfecto.
Escondí mis manos en los bolsillos traseros de su pantalón, gimió una risa tonta.
da-Es que tengo frías las manos-Me excusé.
lm-Sí, ya...claro.
da-Quiero poder verte ya...
Me quitó el chaleco, tenía las mejillas rojas.
da-Tienes frío.-Reí.-Te vas a resfriar, luego te dolerá la tripa y...
lm-¡Deja mi panza!-Reí de nuevo.
Volví a besarle.
Me dio la mano y salimos andando a donde quisiese llevarme. Era un pueblo que yo hubiese descrito como típicamente andaluz, con casitas blancas de cal, y todo lleno de macetas con preciosas flores, a lo lejos había una gran casa de piedra, era un restaurante y ahí era a donde íbamos.
da-¿No cierran los martes?
lm-...Es la clarísima ventaja de ser Messi, no nos cierran los martes.
Leo abrió la puerta sin si quiera llamar, un hombre trajeado vino a recibirnos.
lm-Ché, ¿Cómo te va?-Se le puso el acento fuerte, y habló rápido, eso significaba que el otro hombre era argentino, le pasaba siempre.
se-Bien bien, Lio, y ¿esta muchacha? ¿La amiga que me dijiste el otro día?
lm-Ella es, pero si no llega a serlo...hubiese sido bastante incómodo...
se-¡Me faltaron los modales Lio!-Rieron a la vez. Ni de coña me estaba enterando...-Encantado, soy Sergio.-Me dijo.
da-Sí, soy Daniela...
se-Hermoso nombre.
Leo se rio intentando no mirarme cuando se reía.
lm-En verdad no la gusta mucho su nombre...
Sergio nos acompañó a una mesa centrada, lejos de las ventanas con las que podrían intentar entrar los que nos vieran pasar, aunque no parecía vivir mucha gente en el pueblo, una pena.
da-Oye ¿qué fue lo que le dijiste el otro día? ¿Cuándo fue eso?
lm-Es una tontería, Dani...
da-Pues cuéntamela, por favor.-Puse pucheritos, y a eso no se me resistía nadie, menos mi padre.
lm-Vine aquí a comer el martes pasado, y le dije que estuviese atento porque traería una chica en poco tiempo...
da-¿Y era yo?
lm-¡Claro! ¿Quién si no vos?
da-Pero el martes fue el día en el que nos conocimos, ¿no?
lm-Sí, pero tenía que avisarle, para que estuviese preparado, a demás, nadie sabe en verdad qué día nos conocimos, sólo que hace mucho tiempo...allá por Rosario.-Me guiñó un ojo.-Una cosita tengo yo que avisarte, cuando nos casemos, el convite tendrá que celebrarse aquí...
da-¿Cuando qué?
lm-Por mí ahora...
da-Eres raro.
lm-Era una broma, pero que no se te olvide que tiene que ser aquí.
da-No, tranquilo, si yo me voy a acordar de esto por mucho tiempo...
Acabamos de comer, Leo pagó porque en un gesto más machista que caballeroso, me negó pagar, claro que no estoy segura de que con mi presupuesto yo hubiese podido pagar aquello.
Salimos de la mano y me enseñó todo el pueblo.
A la vuelta, ya al llegar a su casa, pasó, encendió las luces y volvió a recogerme en brazos al umbral de la puerta, y besándonos, llegamos a la habitación. [............................................................]
Me desperté a su lado, abrazada a él con tanta fuerza que es posible que le estuviese dificultando la respiración, me despegué un poco y él sonrió, estaba despierto.
lm-Siempre haces lo mismo, despiertas muy pronto, y queda una hora para que suene el despertador.
da-Pero es que nos dormimos a las ocho. ¿Cómo pretendes que siga durmiendo?
lm-No hace falta que duermas, puedes fingirlo...
da-Me niego en rotundidad.-Se rió, siempre se reía de mí.
Me senté sobre la cama y él delante, me abrazó con brazos y piernas.
da-No puedo moverme.
lm-Y eso es porque yo no quiero que te puedas mover.
Me giré con fuerza y le empujé en el pecho, cayó con fuerza sobre la cama.
Me tumbé sobre él.
lm-Bruta...a partir de ahora nos podemos ir a dormir todos los días a las ocho, menos cuando tenga partido, claro...
da-Vale.-Dije abrazándole con fuerza.
Me gustaba como sonaba que pensase dormir más días conmigo.
Me sostuvo con firmeza, como si no me fuese a soltar nunca.
lm-¿Te he dicho alguna vez que te quiero?
da-Unas cuantas...
lm-Pues te quiero más aún.
da-No, yo más.
lm-No, no puedes imaginar lo que te quiero yo...
da-Ya, pero yo por más tiempo.
Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.







No hay comentarios:

Publicar un comentario