domingo, 14 de octubre de 2012
Capítulo 29
Cogió mi mano y la besó.
Estuvimos toda la hora que nos quedaba retozando y abrazándonos.
Una hora tan melosos que desde fuera debíamos dar mucho asco.
Una hora, hasta que la realidad se dio la vuelta y vino a buscarnos en forma de despertador.
Me dio un beso en la frente y saltó de la cama.
Empezó a vestirse y yo hice lo mismo, él había comprado un montón de ropa de mi talla, e incluso había pedido al club uniformes de mi talla, lo cual agradecí mucho.
Me duché, me vestí y salimos directos al entreno.
Estábamos ya de camino y no sé lo que pasó, sólo recuerdo ver un camión venirse hacia nosotros en dirección prohibida, cada vez acercándose más a nuestro coche, pero casi todo iba para el lado de Leo. Sólo recuerdo que él se quedó completamente paralizado, y que yo apreté su mano con mucha fuerza.
[.........................]
Abrí los ojos poco a poco, pensé que había sido todo un sueño al principio, el techo de la habitación donde me encontraba era y blanco, y la ventana muy amplia, olía a hospital, no había sido un sueño...
La luz casi me cegaba, enfoqué la vista a un lado, de donde provenía un pitido intermitente al que yo estaba conectada.
Incliné la cabeza, el pitido aceleró, llevaba un tubo metido en la nariz, y otro en el brazo, vendado, me dolía, era difícil moverme.
Una mujer con una camisa y un pantalón horriblemente verdoso entró en la habitación.
e-Veo que por fin te has despertado, ¿cómo se puede dormir tanto?-Sonrió.-¿Cómo te encuentras?
Iba a contestarla cuando una pregunta me saltó a la cabeza, casi me ahogaba al no encontrar la respuesta en aquella agobiante habitación, el pitido aceleró mucho más.
e-Tranquila, respira hondo y túmbate.
Me senté e intenté arrancarme los tubos, pero no lo conseguí. Me mareé.
e-¡Por favor, túmbate!-Pidió viniendo hacia mí con rapidez.
da-¿Dónde está?
e-Tranquilízate por favor. ¡Te va a dar algo! ¡Doctor!-Gritó pidiendo ayuda y dándole al botón de detrás de mi cabeza, refiriéndose a mis constantes, que cada vez parecían menos regulares.
da-¿Dónde está Leo?-Pregunté gritando, intentando liberarme de la enfermera y los tubos.
Una exagerada angustia se concentró en mi garganta y mi pecho, respirar me dolía, y hablar también, un médico entró en la habitación, me sentí muy mareada, me sujetó antes de caerme desplomada contra el suelo. Perdí el conocimiento.
Al despertar temía abrir los ojos, y volver a estar sola en la habitación, volver a encontrarme con la misma enfermera que lo único que haría sería mandarme tumbarme, y no responder a aquello que tanto me angustiaba, ¿dónde se había metido Leo? ¿Por qué no estaba conmigo cuando me levanté? ¿Estaría bien? ¿Reaccionó e hizo girar el coche? ¿Estaría en ese hospital acaso...? O quizás yo simplemente me hubiese vuelto loca, barajé todas esas posibilidades en mi cabeza en un par de segundos, y aun sin haber abierto los ojos, noté calidez en mi mano buena, la que no me dolía, entonces sí, giré la cabeza y abrí los ojos despacio.
Leo parecía perfectamente, no parecía tener ni una venda, ni un hematoma, nada, absolutamente, más que un arañazo curado con betadine en el pómulo.
Miré sus piernas, tampoco llevaba ninguna venda. Aún así, dormía sobre el sillón verde que había colocado pegado a mi cama.
Acaricié su mano. Abrió los ojos, y la sonrisa.
lm-Buenos días dormilona.
da-¿Estás bien?-Mi voz sonó más grave y baja de lo que me esperaba.
lm-Estás llena de enchufes, escayolada, tienes todo el cuerpo lleno de moretones, y llevas casi dos días durmiendo, y me preguntas si yo estoy bien...y yo estoy sentado con nada más que un arañazo, y se supone que cuidando de ti.
da-Yo ya sé cómo estoy, no me hace falta preguntártelo, pero tu, ¿cómo te encuentras?
Leo se rio.
lm-Muy bien ahora que has despertado.
da-¿Dónde estabas cuando me levanté?
lm-Me dijeron que te levantarías en menos de una hora, pensé que estarías hambrienta y como es tan horrible la comida del hospital, bajé a un chino.-Señaló unas bolsas de las que venía un olor más que apetecible.
da-Me asusté mucho.-Le conté algo avergonzada.
lm-Lo sé, y no deberías preocuparte tantísimo por mí, sino por ti.
da-Qué estupidez, siempre me importará más tu salud que la mía, es mi trabajo...
lm-Me di cuenta de eso en el coche...-No lo entendí.
da-No recuerdo muy bien qué pasó, sólo que venía para nosotros un camión.
lm-Venía y me quedé parado, y tu al ver que el camión venía para mí, te desabrochaste el cinturón y saltaste encima mío, y pusiste tu brazo en mi cabeza, y ahora...mira cómo está tu brazo. Los médicos dijeron que un poco más de tiempo y lo hubieran tenido que amputar. Así que no está de más decir, que me salvaste la vida.
da-Y tú...¿te dolió?
lm-Me dolió más que te doliera a vos.-Me besó la mano.
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