miércoles, 3 de octubre de 2012


Capítulo 26

Le busqué la ropa, unos vaqueros y una camisa preciosa de color rosa.
Pensé un rato lo que hacerle en el pelo mientras se cambiaba, cuando salió de la habitación no pude evitar reírme.
Llevaba el cinturón mal puesto y un cuello para arriba y otro para abajo.
da-Ven aquí, Ronaldo, que no sabes vestirte.
lm-¡Eh! No me acostumbro a la camisa y...¡los pantalones de la equipación tienen goma, no hay que poner cinturón...!
Le coloqué con propiedad el cinturón y le bajé los cuellos mientras él me miraba a los ojos. Sonrió cuando me acerqué para besarle con suavidad.
lm-No soy tan tonto...lo había hecho a posta.-Me guiñó el ojo.
da-Pues peínate solito.
lm-Eso sí que no sé.-Giró la sonrisa.
Saqué el secador y el peine.
da-Perfecto has quedado.
lm-Eso vos.-Dijo girándose para besarme.
da-Vámonos a mi casa...que son las ocho y media, y la chica soy yo...y me tengo que arreglar.
Fuimos a mi casa, me puse un vestido beige de tirantes, me hice un moño y me maquillé un poco.
Me miré en el espejo, Leo vino desde detrás y cruzó sus brazos en mi estómago. Me besó un hombro aprovechando que se me había caído el tirante, y luego lo subió cuidadosamente.
da-¿Cómo estoy?
lm-Como siempre, relinda, hermosa...-Susurró en mi oído.
Mi giré para que me dijese eso mirándome a los ojos, pero cuando yo le miré, se me olvidó lo que le iba a decir... Me perdí en su mirada, hasta que sus manos se colocaron en mi cintura, y las mías en sus hombros, me besó.
Compramos una tarta de camino a casa de Gerard, porque por suerte Sara se encargaba de hacer la comida, el
resto éramos bastante inútiles en el campo de la cocina, Gerard incluído.
Al llegar Sara y Gerard estaban perfectamente arreglados, y la comida olía a gloria...sé que no soy objetiva, pero Leo iba más guapo.
Fuimos todos a la cocina para no dejar marginada a Sara.
Cuando Gerard la miraba, sonreía, con esa risita suya de siempre, le brillaban los ojos, se le veía muy feliz.
Pusimos todo en la mesa, menos Gerard, que se encargó de llevar en brazos a Sara.
Leo y yo nos pusimos a un lado de la mesa y Gerard y Sara al otro.
Gerard se meaba de la risa cuando Leo y yo nos dábamos de comer, parecíamos tontos del culo, desde cualquier punto de vista.
Al acabar de cenar nos tumbamos en los sofás y empezamos a hablar.
lm-Dani ...una duda...¿cuántos años tenés?
Sara y Geri se empezaron a reír, muy normal que Leo no supiese mi edad...claro.
da-¿Qué hora es?
gp-Las doce y ocho.
da-Veintidós.
sa-¿Es tu cumpleaños?
da-Sí...eso parece.
sa-¡Muchas felicidades!
gp-¡Oh, pero si Dani se nos hace mayor! ¡Feliz cumpleaños!
lm-No me habías dicho nada...
da-No me lo habías preguntado.
lm-Ya, pero no es justo.
da-Sí lo es. Tu tampoco me has dicho nunca cuando es tu cumpleaños.
lm-¿Cuándo es?
da-El veinticuatro de junio.
lm-¿Ves? No es justo, tu ya sabías el mío.
da-Es que está en wikipedia. Además, ya te sabes el mío...
lm-Me he enfadado.
gp-Se ha enrabietado, se le pasa mañana, verás.-Rio.
Nos fuimos no muy tarde porque al día siguiente sí había entreno.
Leo me dejó en casa y no se quedó a dormir porque se había enrabietado seriamente.
Por la mañana cogí el coche y me fui a trabajar, como cada día. Desayuné en la mesa de Gerard y Sara, Leo se había ido con los chicos y yo me sentía un poco sujetavelas. Leo parecía contento sin mí, eso me hizo sentir mal.
Gerard se levantó y se subió en la silla gritando.
gp-Chicos, hoy es el cumple de Daniela, la muy viejuna tiene ya veintidós años.
da-Idiota, me sacas tres.-Grité nerviosa intentando bajarle de la silla de un empujón.
Los chicos aplaudieron y empezaron a cantar el cumpleaños feliz, menos Leo.
Ya en la sesión, ayudé a Andresque tenía una pierna agarrotada y le dolía estirar. Luego corrí a hablar con Pep.
da-Oye...veo a Leo cojear un pelín, mándamelo para abajo.
pg-Ahora mismo va.
Entré en el vestuario y pensé en qué decirle, aunque, como siempre, acabaría siendo espontánea porque no iba a saber qué decirle.
De todas formas, yo no había hecho nada malo, pero eso sí, no iba a perderle por no querer olvidar una idiotez, si le tenía que pedir perdón por nada, lo haría.
Leo entró mirando al suelo...
da-Quítate el zapato.
lm-Estoy perfectamente, gracias por preocuparte. Me voy.
da-No, espera por favor.-Dije sujatándole del brazo. Me miró a los ojos muy nervioso.-Explícame razonablemente por qué te has enfadado conmigo.
lm-No me avisaste de esto...¡nadie me dijo que iba a sentirme así cuando te conociera!...ya te odié por cómo me
haces sentir, pero no puedo evitar estar contigo...y no me dijiste nada del cumpleaños, y no pude comprarte
nada...y...-Miró para la puerta, estaba tan nervioso que me hizo sentir mejor.

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