domingo, 16 de septiembre de 2012


Capítulo 24
lm-¿Sabes qué? Vos sos más dulce que cualquier desayuno que fueras a traerme...-Me dio un toquecito en la nariz y me besó.
Me alzó un poco y yo apoyé la cara sobre su pecho, me sujeté a él mientras él palpaba mi cuerpo con sus manos, que me acariciaban de arriba a abajo y de abajo a arriba intentando hacerme cosquillas con la yema de sus dedos.
Una risa tonta me apareció de repente y Leo se dio cuenta, levantando la cabeza me pidió una explicación a mis risas...
da-Nada...sólo es que a penas hace una semana que te conozco, y lo volvería a repetir, es una locura...
lm-Te sentís como yo.-Sonrió.
Cogió mi mano y la besó. Pasaron unos minutos hasta que volvimos a hablar.
lm-Oye...anoche...¿no te haría daño? Porque si me lo hubieses dicho yo...
da-¡Leo por favor! Todo fue perfecto... además no es necesario comentarlo...
Respiró tranquilo y su cuerpo experimentó un orgullo varonil sólo comparable con el que yo sentía por tener delante y desnudo, no sólo al mejor jugador del mundo sino también al hombre al que quería. Esbozó una tímida sonrisa.
da-Oye, ¿desayunamos juntos y nos vamos a casa de Gerard, a ver cómo está?
lm-No hay prisa, que estará con Sara...-Me guiñó un ojo.
da-Guau, es cierto, y ¿qué habrán hecho?-Arqueé las cejas.
Me puse depié, Leo se sentó al borde de la cama y abrió las piernas para dejarme sitio entre ellas. Me agarró de la cintura para atraerme hacia él.
lm-Pues...te lo puedo definir con palabras, pero la práctica es muchísimo más satisfactoria.-Él también arqueó las cejas. Rugió. Rio después. Qué pena, sólo estaba bromeando.
Bajé las escaleras un momento para ver la hora que era. Las once de la mañana, volví a subir a la azotea, al llegar arriba Leo ya se había puesto sus calzoncillos, me quedé paralizada ante aquella perfecta visión.
lm-¿Qué pasó? ¿No te acercas?
da-Sólo es que, si no te hubiese visto desnudo, diría que no hay nada más increíble en el mundo que tu con esos calzoncillos.
Empezó a reirse mientras me miraba a los ojos, su sonrisa me maravillaba. Vino hacia mí y me empezó a acercarse, me cogió de la cintura y empezó a girar.
lm-¡Me encanta bailar contigo!
Bajamos al salón, desayunamos juntos y nos vestimos, Leo me llevó corriendo a casa de Gerard, yo tenía muchas ganas de ir porque no había estado nunca, y tenía mucha curiosidad, era un enorme ático en la zona más lujosa de la ciudad.
Llamamos al timbre y Gerard tardó un poco (bastante) en dar señales de vida, cuando nos abrió Leo y yo no podíamos parar de reir. Estaba en calzoncillos, despeinado y tenía todo el cuerpo lleno de manchas de chocolate. Tenía un bote de nata en la mano.
da-¿Molestamos?-Pregunté sabiendo la respuesta.
lm-Seguro que no.-Respondió Leo, quien empezaba a llorar de la risa.
gp-¡Ei!
da-¿No es un poco pringoso el caramelo para eso?
gp-Sólo estaba haciéndola el desayuno.
lm-No te lo crees ni tu.
gp-Vale, es cierto, no sé hacer ni un colacao...
da-Bueno, vale, pues nosotros sólo queríamos ver cómo te había ido, te llamo luego y me cuentas.
gp-Hasta luego.-Cerró la puerta con mucha prisa.
Leo me miró raro.
lm-Una pregunta, ¿No estamos saliendo, verdad?
da-Supongo que no...
lm-¿Te enfadas...?
da-No me enfadaré si...
lm-¿Si...?
da-Si me das un beso...-Temí pasarme con eso del cariño.
Corrió a sujetarme, me levantó por la cintura y me besó con intensidad mientras yo acariciaba sus mejillas.
Escuchamos la voz de Gerard a través de la puerta.
gp-¡Alguien lleva un buen rato mirando por la mirilla!
Nos reimos pero aun continuamos con el beso.
Gerard abrió la puerta.
gp-¡Eh! ¡Que no me ignoreis! Os he visto.
Leo apartó la mano de mi cintura y se la colocó en la cara a Gerard para evitar que siguiese hablando. Por un momento funcionó, eso hasta que Gerard mordió el dedo de Leo...
lm-¡La concha de tu madre!
gp-Te falta el "pelotudo".
lm-Calla.
gp-Venid esta noche a cenar, y ya me contais.-Guiñó el ojo.
lm-¿Sobre las nueve?
gp-Sí, y seguid a lo vuestro.
Cerró la puerta.
lm-¡Ten cuidado con el piquetón, algún día sacarás un ojo a alguien...!-Gritó, se rio.
Riéndonos volvimos a irnos al coche.

jueves, 6 de septiembre de 2012


Capítulo 23
Nos sentamos a hablar sobre la cama de la azotea, de Rosario, nuestra infancia, sus valles, sus habitantes, su vida, mi vida. Como cualquier otro juego tonto, acabamos escribiendonos cosas en la espalda con el dedo, muy despacio se me ocurrió qué decirle, mientras nos acabábamos el vino que trajo la otra noche.
da: "PATO"-Escribí yo.
lm-¡Estás loca!-Respondió él en voz alta. Riéndose.
da:"Por ti"-Creo que es lo más alocado que había hecho hasta el momento...darle esa respuesta.
lm-¿Me querés?-Preguntó alarmado.
da:"Sí".-Escribí de nuevo sobre su espalda.
lm:"PUES-BÉSAME"
Lo escribió muy claro y con fuerza sobre la parte más centrada de mi espalda, y yo...¿cómo iba yo a negarle eso a Leo? Le tenía demasiadas ganas.
Coloqué mi frente sobre la suya y respiré hondo esperando a que me llegara su olor, a miel y romero, no podía evitar todo aquello, y es que su cuello estaba tan cerca que no me quedó otra opción que morderlo.
lm-¡Ah! ¡Qué obsesión tenés eh!
Tenía razón, desde el momento en que le vi le prestaba más atención de la que en alguna ocasión había requerido o incluso merecía.
Volví a colocar la frente sobre la de Leo.
da-Te voy a comer.-Susurré.
Me aferré a su pelo de detrás de la nuca, enmarañado con mis manos entrelazadas, y con ansia, tiré de él hacia mí.
Le miré a los ojos y fue como si todo se hubiese reseteado por un momento, mi vida entera, desaparecí perdida en el profundo y negro infinito de su mirada.
Leo asintió confirmando mi movimiento, o dándome permiso para continuarlo, esta vez fue él el que se acercó un poco más a mí, abrí las piernas y me senté sobre sus piernas cruzadas, rodeándolo por la cadera con sensualidad.
Sus manos buscaron refugio en la zona más estrecha de mi torso y y por fín nuestros labios se juntaron en ese beso eterno del que ninguno quería salir, ese esperado beso que no había sido imaginado ni como la mitad de bonito de lo que en realidad fue.
Leo cerró sus ojos al volver a besarme, yo no lo hice, no podía, mantuve la mirada fija en él para acordarme de sus detalles, tan vez no volviese a tenerle tan cerca.
Sin dejar en ningún momento de besarle, ya que hubiese sido una patraña y una absurda pérdida de tiempo, me recliné sobre él, haciendo que se tumbase y le empecé a levantar la camiseta del pijama.
lm-No tenemos que hacer nada si no quieres.-Me dijo nervioso entre pequeños picos que cortaban las palabras sílaba por sílaba. Me puse un poco seria con el tema.
da-No hay nada que me niegue a hacer contigo.
lm-Me alegro mucho...-Dijo mientras volvía a besarme.
Me faltaban manos para abarcarle a él y todas las partes de su cuerpo que quería acariciar, si le estaba tocando el torso, necesitaba sentir su cuello, su cara, su espalda, sus manos...sujetarle los brazos y a la vez ayudarle a desvestirse, necesitaba un todo en uno. Lo quería todo con él, pero lo más claro es que todo lo que con tanta fuerza había deseado, era mío en ese momento, y me iba a aprovechar de la vida, porque ella se aprovecharía de mí en una situación así.
Le quité la camiseta y los pantalones y él me empezó a desnudar mientras sus manos paseaban moldeando mi cuerpo, y pulía los detalles con la yema de sus dedos.
Sus brazos protegían mi cuerpo, y sus labios lo embadurnaban en perfectos besos de pasión.
Metió las manos en los pequeños bolsillos traseros de mi pantalón corto y empezó a juguetear bajándolos despacio, con el objetivo, no solo de que me pusiera nerviosa, sino de relajarse él, tal vez era una cuestión de orgullo, el mero hecho de poder decir "Si quiero, puedo parar" pero se engañaba a sí mismo, porque su  consuelo más inmediato eran mis labios y su fetiche, el roce de su piel con mi piel, esa consolación implacada por el deseo de continuar juntos, aunque fuese sin energía, sin fuerza, aunque pasaran los días, esa vitalidad desgarradora se apoderaría de él a la hora de besarme. [..............................]
Por la mañana me levanté y él aún seguía muy dormido, estábamos completamente desnudos, tapados con un enorme edredón, yo estaba de espaldas a él y él se abrazaba a mi pecho como un niño pequeñito a su oso.
Me liberé de su abrazo de oso con cuidado, me puse la ropa interior y me peiné con los dedos sentada al borde de la cama. Me levanté despacio pensando en el enorme desayuno que iba a hacerle.
Cuando estuve a punto de llegar a la puerta, carraspeó fuertemente, me giré, estaba despierto.
Me miraba con cara de "buenos días" y unos morritos muy sugerentes. Hizo un gesto con la mano indicándome que volviese con él, lo hice y me senté en el borde de la cama a observarle.
lm-¿Te ibas...? ¿Te arrepientes?
da-Yo...no, ¿Tu te arrepientes?-Pregunté nerviosa por cuál podría ser su respuesta.
lm-Me arrepentiré mucho si esto no vuelve a pasar. Porque ya te he probado y...
da-Ya...claro.
lm-¿Y a dónde te maschabas?
da-Te iba a hacer el desayuno, pero si estás despierto la sorpresa pierde absolutamente todo su sentido...
De entre sus colmillos salió una sonrisa irónica que se dejó ver pocas milésimas de segundo.
Abrió el edredón con un brazo invitándome a tumbarme de nuevo a su lado, dejándome de fondo la imagen perfecta de su escultural cuerpo desnudo. Tardé un par de segundos en asimilar tantísima hermosura y finalmente me tumbé con él. Estábamos tan pegados que no dejábamos espacio ni para el aire.
Yo miré sus ojos y me quedé tranquila después de haberme vuelto a perder en su mirada. Me dio la mano y estuvimos ahí casi una hora.


martes, 4 de septiembre de 2012


Capitulo

En apenas veinte segundos escuché un puño aporreando la puerta de mi casa. Ahí se encontraba Leo, tan perfecto como siempre, tan nervioso como siempre...tan silencioso como siempre, y sin embargo, se expresaba tan bien como siempre, pero claro, con la mirada.
da-No has llamado al telefonillo, y hace menos de un minuto que te dije que vinieses, ...¿qué eres? ¿Un extraterrestre? ¿Debería asustarme o...?
lm-Llevaba más de media hora sentado en el rellano del cuarto piso, el portal me lo abrió Antonia, 1ºB...le dije que era el cartero...-Se rio solo.
Me dio muchísima felicidad verlo bromear como si no hubiese sucedido nada, y para mí todo seguía igual, lo abracé con más fuerza de la que solía utilizar. Las lágrimas empezaron a brotar. Leo se burló de mí con muchas ganas.
lm-¡No seas pava! Si he venido, no debes llorar...
da-Es que estoy muy contenta de que hayas venido...-Balbuceé.
lm-Todavía me tienes que explicar alguna cosilla.
da-¡Claro! Sí, ¡todo lo que quieras...!
lm-Pues primera pregunta, y que sepas que no aceptaré un no por respuesta. ¿Bailas conmigo?
Me sujetó por la cintura y y jugueteó con mi muñeca antes de sujetar mi mano. Le seguí el juego con el que trataba de animarme y coloqué mi mano libre sobre su hombro. Cerramos la puerta, nos pusimos a dar vueltas al rededor de nosotros mismos, apoyé mi cara sobre su hombro y giramos en dirección al sofá, donde acabamos cayéndonos, Leo encima de mí. Indecentemente, se sentó a mi lado casi tirado y por fín se atrevió a preguntar.
lm-¿Y de qué zona de Argentina es tu papá?
da-Somos.
lm-¿Vos también?-Le tembló la voz.
Asentí.
da-De Rosario.-Me miró a los ojos mientras en su rostro se abría una enorme y lúcida sonrisa.
lm-¡Si es que cada día te descubro algo mejor! Sos argentina.
da-¡Y tu un idiota!-Le di un pequeño puñetazo en el brazo.
Leo miró a la mesa y señaló los álbumes.
lm-¿Son fotos?
da-Soy yo de pequeñita...
lm-¡Eso no lo pierdo de vista!-Saltó del sofá como un ninja a coger mis álbumes.
Empezó a pasar fotos rápidamente.
lm-Eras muy mona...yo jugaba en este parque al fútbol...¡Ahí al lado está la fuente del ciervo!-Se emocionaba al ver los paisajes de su ciudad...
Empezaron a salir fotos de esas que te hacen en las funciones del colegio y yo, muerta de vergüenza, empecé a pasarlas rápidamente.
lm-¡Espera, pasa dos páginas atrás!-No le hice caso.-Por favor.-Colocó sus manos sobre las mías para pararme, su calor fundió mis sentidos. Paré de pasar hojas. Leo las pasó para atrás.
Sacó una de las fotos de debajo del plástico protector, salía yo con unos siete años, sonriendo, me faltaban los dos paletos, a mi lado había un niño poco mayor que yo al que también le faltaban unos cuantos dientes, miré al niño y luego a Leo.
lm-¡Joder!-Le brillaban los ojos.
da-Eras muy guapo de pequeño, ¿no?
lm-Vos lo seguís siendo, ¿no?
da-Pues tu...tu estás mil veces más guapo.-Dije tirándole del moflete.
Apoyó la cabeza sobre mi regazo y se abrazó a mi cintura, mientras respiraba con fuerza, le costaba.
da-¡Levanta de ahí anda! Que nos vamos a preparar la cena.
Levantó la cabeza, se secó los ojos, húmedos y se puso en pie.
lm-¡Podemos hacer una barbacoa argentina!
da-Sí, de sartén.-Bromeé.
Hicimos pasta. Cenamos en el sofá acurrucados el uno sobre el otro. Eran ya las diez cuando se levantó del sofá.
lm-Bueno, yo me tengo que ir.-Dijo con un poco de pena, aunque intentando disimularla.
da-No tienes por qué irte. Quédate a dormir.-Le pedí.
lm-No, no quiero molestar, a demás, luego te enfadarías conmigo por haber dormido en un sofá.
Leo cruzó el umbral de la puerta y yo me aferré a mi última esperanza, la que me hacía pensar que esa noche no tendría que alejarme de Leo, pero esa esperanza sólo se haría realidad si cumplía cierta antigua promesa.
da-Podemos dormir arriba, en la cama de la azotea.
lm-¿En serio? ¿Te refieres a tu y yo juntos? ¿En la misma cama?
da-Tienes aire de prensa hoy, ¡Cuántas preguntas! Y sí, juntos, te lo había prometido.
lm-Sí, es verdad...-Dijo antes de que a mí se me quitasen las ganas.
da-¿Te quedas entonces?
lm-Sí, pero porque se te da bien esto de ser chantajista profesional.-Rio.
Busqué en mi habitación el pantalón de chandal más ancho que vi y se lo di, acompañado de la camiseta que él me regaló, seguro que le valía ;).
lm-No voy a ponerme el pantalón de chica.
da-No tengo otra cosa.
lm-Pues dormiré con la camiseta y ya...
da-Bueno, voy a ponerme el pijama.
Entré en la habitación y me puse mi pantalón corto y mi camiseta de tirantes.
Salí de la habitación.
lm-Eso que llevas puesto...es tentación. Lo juro.
da-No, es un pijama. Pi-ja-ma.
lm-Pues me encanta tu pijama.-Sonrió pícaramente.






sábado, 1 de septiembre de 2012


Capítulo 21 :-D
Leo estiró el brazo y le cogí la mano para poder movérselo bien.
Se lo doblé y estiré varias veces para poder contraer sus músculos.
da-Sé que quieres hacerte el machote, pero esto te debe estar doliendo, grita si quieres...
lm-¡Aaaaaaaah!-Gritó, y su grito hizo eco en las paredes.
da-Sé que se pasa mal si te haces el duro...
Con suavidad y muy despacio le hice un masaje en el hombro, me puse nerviosa, le recorrió un escalofrío y otro a mí, el silencio era incómodo.
Acabamos y le mandé no hacer más ejercicios de choque, y mucho menos con Puyol que tenía mucha fuerza.
Salimos fuera y él se sentó a mi lado, esperando que llegase la hora de irnos. Tuve que ayudar también a Dani que se dolía de un golpe en la pierna derecha.
pg-¡Vamos a casa chicos, que estáis agotados...! Buen trabajo.
Cogimos las bolsas, los chicos se ducharon y corrimos al aparcamiento, a lo lejos, apoyado en una valla, distinguí una figura muy familiar, y tanto, claro. Casi no lo recirdaba.
da-¡Papi!-Grité.
Corrí hacia él como si llevase años sin verle, y él, vino a paso ligero, dejé la bolsa tirada en el suelo y lo abracé.
ra-Mi pequeña...¡Qué guapa estás! Pero, ¿para qué tenés el movil? ¡Tuve que estar por ahí preguntando por una técnico linda!-Los chicos con los que mejor me llevaba se acercaron para conocer a mi padre, se quedaron quietos, rodeándonos a un par de metros.
Abracé a mi padre.
da-Papi, tengo que presentarte a bastante gente.-Reí. Estaban Dani, Leo, Gerard, Mascherano, Isaac y Pep.
ra-Soy Rafa...
Mi padre les miró a todos asombrado, y lo primero que hizo fue ofrecer su mano a Leo y Mascherano, que era a los que más admiraba por ser argentinos.
ra-Los mejores de la albiceleste...sin ustedes...no sería nada.-Luego se dirigió a Pep.-Y vos...¡El mejor entrenador del mundo!-Le ofreció su mano con mucho respeto.
Después ya les dio la mano a Isaac, Dani y Gerard con picaresca.
ra-Daniela, te veo tan bien acompañada...
da-Pues ya ves papi...
ra-Es que...cuando eras así de chiquita,-puso la mano a la altura de su cintura.-no imaginaba que vos fueses a ser amiga de los mejores jugadores del mundo y... ¡Hacías cosas de niña!
Leo y Javi llevaban un buen rato mirándose de reojo, Dani le había ofrecido su brazo a Leo para sujetarse, y Leo parecía sujetarse con fuerza. Se le veía muy nervioso.
lm-Bueno...yo tengo que marchar... encantado.-Le dio la mano a mi padre y salió corriendo sin decir nada más. Hubo un momento incómodo de esos que se resuelven con esa risa que te alegra el día que tiene Gerard.
gp-Bueno Dani, ya sabes que tengo un plan importante, me tengo que ir.-Se despidió y se fue.
El que más tiempo estuvo con mi padre fue Pep, con el que pareció hacer muy buenas migas. Acabaron hablando de política, para mi sorpresa.
da-Bueno papi, nos tenemos que ir.-Cogí su mochila y la mía, él se despidió de Pep y nos fuimos al coche, que yo había dejado allí cerca a propósito el día anterior.
Le llevé a mi casa, se la enseñé entera, sobretodo fue la azotea lo que le encantó...como a todos.
Hablamos, comimos y finalmente sacó de su mochila unos álbumes de fotos.
da-Son...¿de cuando era pequeña?
ra-Prefiero que los tengas vos...hay muchas fotos de mamá, te dará fuerza.-Papá, nunca la olvidó.-Sin embargo a mí a penas me venía su imagen a la cabeza, sólo deseaba que papá la olvidara, pero eso era imposible.
Entré en la habitación, emocionada y cogí la bolsa con su regalo.
da-Yo también tengo algo para ti, menos bonito, pero es mucho más caro.-Reí y le lancé su regalo mientras él empezaba a gritar.
ra-¡La concha de la lora!-Ahora sí que me reí.-¿Cuánto te costó esto?
da-No te preocupes papi, que llego a fin de mes.-Le guiñé el ojo.
ra-Más te vale...
Llevaba un pañuelo en el cuello para que no me viera el chupetón, y claro está, yo esperaba que Leo viniese a verme por eso de que  yo estaba "enferma" y por eso llevaba el pañuelo...
Sobre las seis y media mi padre se fue, y yo no entendía nada, ¿por qué no había venido Leo? ¿Lo habría olvidado? ¿Por qué miraba de reojo a Javi cuando estaba mi padre delante? ¿Por qué sujetaba a Dani con fuerza el brazo? Entonces sí me di cuenta de que se sentía engañado, no llevaba con él ni una semana y yo ya sabía lo que le ocurría, cogí el móvil y le llamé, casi llorando, tenía miedo a su reacción, a una mala contestación, a que no me cogiese el teléfono e incluso a que me lo cogiese una chica.
El teléfono dio tres pitidos y no me lo había cogido aún, empecé a temblar y me aparté el móvil de la oreja para colgar, pero entonces escuché su voz, cálida y tímida como siempre.
lm-¿Sí?
da-Leo, soy yo, es que...no has venido...
lm-No, no he ido, ¿Querés que valla?
da-Sí, ¡estaba muy preocupada!
lm-Bien, voy para allá.