miércoles, 3 de octubre de 2012


Capítulo 25

lm-Te voy a llevar a un sitio muy especial, se llama "mi casa".
Poco a poco se me dibujó una sonrisa en la cara, Leo no era de confianzas suficientes como para llevar a su casa a cualquiera a la primera de cambio.
Llegamos a su casa, era un enorme chalette de dos pisos, aunque en el de arriba sólo había una enorme habitación.
Un jardín precioso que se asemejaba a una selva tropical, donde en medio lucía la gran piscina, un cenador, y un sofá de esos que tienen columpio.
lm-La cocina...el baño...la habitación de invitados, ahí está la cama...-Arqueó una ceja.
Subimos las escaleras.
lm-Y esta es mi habitación...pero la conocerás más intensamente.-Era tan poco sutil a veces...
En cuanto acabamos de ver la casa, bajamos al jardín a sentarnos en el sofá-columpio, bueno, en realidad no fue así, él se sentó y yo aproveché para tumbar la cabeza sobre su regazo, mientras él me acariciaba el pelo
con tanta dulzura que me hacía sentirme frágil en sus brazos, yo empezaba a temer que me rompiese si apretaba más...me contemplaba cariñoso, como nunca antes lo había estado y yo me estaba adormilando.
Todo parecía perfecto cuando de repente estropeé la escena...no fue a propósito, pero algo así sí.
lm-¿Soy yo o tu estómago acaba de pedirme que no le deje morir de esta manera tan horrible?
da-¡No le escuches, estoy muy a gusto!¡Mis tripas son bobas!
lm-A las princesas hay que tratarlas como tal.-Sonrió, tanteando mi reacción.
"Ahora se nos pone cursi, una de cal y otra de arena".
Se levantó con cuidado de no tirarme y me ayudó a levantarme del sofá-columpio.
Fuimos de la mano a la nevera pero la verdad es que ninguno éramos un gran cheff. Comida prefabricada y tuppers de mamá era de lo que Leo sobrevivía a menudo, por suerte, muchas veces se quedaban a comer en el club. La comida de Sara era la única explicación por la cual Leo está vivo.
Comimos y luego me senté en la encimera a debatir con Leo, con las piernas abiertas un poco, siempre dejándolo espacio para abrazarme y darme calor cuando lo necesitaba.
lm-¿Por qué no se nos ocurrió a nosotros lo del chocolate que hizo Gerard...?
da-No me hacían falta florituras, sabías muy bien.-Se rió intentando contenerse con la boca cerrada.
lm-Ya me di cuenta anoche...-Levantó las cejas dos veces.
da-Pero vamos...que si quieres chocolate la próxima vez... no me importará. Lo único que luego hay que darse una ducha, ¿sabes? porque no me vestiría con todo el pringue...
lm-Eso es...-Se le abrieron los ojos.-...lo más tentador que he oído nunca.
Me miró a los ojos mordiéndose el labio, premeditando lo que pensaba hacer.
Me zarandeó con fuerza tirándome de la encimera y agarrándome a él, corrió conmigo en brazos a la nevera.
l-Ábrela.-Gritó muy decidido. Lo hice, señaló un bote de nata con los ojos y lo cogí mientras me entraba la risa.-No tiene gracia, me va a dar una taquicardia...
Cerré la nevera y salimos corriendo a la primera habitación que vimos aparecer a lo largo del pasillo y lo que vino es otra historia.
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Sobre las seis nos fuimos al sofá a echarnos la siesta (hacía muchísima falta reponer fuerzas después de tanto tranqueteo) Leo se tumbó ignorando sus volúmenes corporales, o quizás los míos, y ocupó todo el espacio del sofá, sin ningún problema, me tumbé sobre él, lo abracé con brazos y piernas, como un bebé y me quedé dormida...
Cuando me levanté, Leo cogía mi mano derecha con su izquierda, la otra estaba muy ocupada, rodeando mi cintura
para que no me cayese del sofá. Me miraba con cuidado, estaba muy despierto. Puso mala cara cuando abrí los ojos y le miré.
da-¿Qué te pasa?-Le pregunté apretando mi mano contra la suya.
lm-Te has despertado...
da-¿Y eso te enfada porque...?-Me sorprendían bastante sus reacciones.
lm-Pareces tan buena cuando duermes...no como cuando te despiertas, que eres un diablo...que me come por dentro...pero me gusta mirarte.
Algo se movió dentro de mí al escuchar sus palabras. Le besé. Yo...no sabía nada de mis sentimientos, estaba muy confusa...y él también parecía estarlo...
da-¿Has estado...mirándome...una hora?-Pregunté mirando al reloj.
lm-Sí, y si no te importa, tumba la cabeza, porque voy a seguir haciéndolo. Me da paz.
Apreté su mano y agaché la cabeza.
da-Como sigas diciéndome esas cosas, y siendo tan bueno conmigo, vas a tener muchas siestas para mirarme.
lm-Espero que sean muchas más.
Sonreí para mis adentros y él acarició mi cuerpo de arriba a abajo, con cuidado, paseaba la yema de sus dedos por mi cuerpo con delicadeza, era hasta ridículo.
Estuvimos así casi una hora más, hasta que decidimos arreglarnos, no por ganas, sino por obligación.
Era un poco lioso porque Leo tenía que vestirse allí en su casa y yo tenía que ir a la mía a por mis cosas y arreglarme allí, así que me puse a prepararle, por suerte, ya estábamos duchados.

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