viernes, 19 de octubre de 2012


Capítulo 30

Se levantó un rato después y cogió las bolsas de comida china que me había comprado.
lm-Tienes que estar MUERTITA de hambre.
Si no me lo hubiese dicho no me habría dado ni cuenta.
Me abrió los tuppers porque yo no podía con la escayola, cogí un tenedor y empecé a comer, pollo frito, creo.
da-¿Cuándo podremos irnos?
lm-Como tarde mañana, tienen que hacerte unas pruebas y comprobarlas, si todo está bien, esta misma tarde te darán el alta. Y todo saldrá bien así que...-Me guiñó el ojo.
Salió al pasillo a llamar a una enfermera, por suerte no trajo a la misma de antes.
Al acabar de comer me llevaron a una sala llena de focos, me desvestí y una médica me estuvo examinando, tenía el brazo no escayolado y las piernas amoratadas, me toqué la cara, no parecía tener nada puesto que yo debí de estar de espaldas al camión y no me tocó la cara.
dca-Estás muy bien, al principio no pensamos que esto fuese a salir tan bien, viniste llena de sangre, casi pierdes el brazo, pero ya está bien, hemos reconstruido lo mejor posible el hueso y llevas dentro un hierro, para que se coloque bien. Y qué suerte, porque le salvaste la vida...eso hará feliz a mucha gente...
da-No quiero que nadie lo sepa...
dca-¡Pero eres una heroína!
da-Me da igual, yo sólo quería que no le pasase nada, pero no quiero llevarme ningún reconocimiento por hacer lo que debía hacer.
lm-¿Segura?-Preguntó desde la otra punta de la habitación.
da-Segura.-Asentí.
lm-No diremos nada entonces. Si me preguntan, me caí en el jardín...
da-Y lo del brazo, doctora, ¿cuándo tardará...?
dca-Al menos cinco meses chiquilla...Te darán más de baja de todos modos...
da-Pero yo no quiero baja.
dca-Me ha dicho Leo que eres fisioterapeuta, ¿no pretenderás hacer masajes así, hija?
Miré a Leo triste y él se encogió de hombros.
Me dieron el alta unas horas después y salimos abrazados de allí, más que nada porque me costaba moverme por el dolor y podría caerme...pedimos un taxi (no hace falta mencionar que obviamente el coche quedó mucho peor que Leo y yo), y que además Leo había cogido un poco de miedo a conducir, aunque esas cosas no suelan pasar y no tuviese él la culpa.
Había sido una experiencia realmente traumática y resultado de esto fue que Leo y yo dejamos de vernos a menudo, él no tenía que venir a buscarme para el trabajo y yo no tenía que encargarme de sus músculos, así que perdimos razones para seguir viéndonos, y ganamos excusas, como esa de que queríamos olvidar el accidente.
Nos hablábamos si nos cruzábamos, pero cada vez menos.
Como se dice, no hay mal que por bien no venga, yo retomé el contacto con mis amigos, a los que invité un par de semanas a mi casa, lo pasaron bien...
Llamaba cada día a mi padre para hablar con él y cada semana me conectaba al Skype para hablar con mi abuela Melisa, la que vivía en Argentina.
Todo cambió, las pocas veces que volvimos a cruzarnos en dos meses fue en el Camp Nou, cuando yo iba a entregar el informe de mi estado de salud y a hablar con mi sustituto. Ambos estábamos hartos de esa situación, pero en el fondo, separarme de él, volver a lo que en algún momento llamé "mi rutina" me hacía bien, pero claro, aquello se encontraba demasiado en el fondo como para que yo lo llegase a notar.
En los momentos tan aburridos de soledad acababa pensando en todas las personas a las que allí encerrada echaba de menos, Gerard, Sara, Marc, Isaac, Dani, Pep, y sobretodo a Leo, y él era de quien más me acordaba, a todo le sacaba alguna excusa para acordarme de Leo, cada vez que veía un chino me acordaba de cuando Leo llamó al chino y subió a casa, o cuando echaban crackovia, y ya sin mencionar los partidos de fútbol o cualquier cosa en la que metieran al Barça de por medio.
En uno de esos deprimentes momentos, por suerte para mí, sonó el timbre. Abrí.
sa-¡Hola guarra! Hace mucho que no sé de ti...-Cambió su semblante y me miró enfadada.
da-Lo siento es que he estado ocupada...
sa-¿Comiendo helado de chocolate a cucharadas de la tarrina?
da-Pues ya ves...-Me hizo un poco de gracia.
sa-¿Qué haces en pijama un sábado a las cinco de la tarde?
da-Es que ayer estuve de marcha y claro, tengo resaca.
sa-Es mentira.
da-Sí, es mentira.
sa-¿Cuando fue la última vez que saliste a la calle?
da-Hará dos...¿tres días?
Sara se golpeó la frente contra la puerta a propósito.
sa-Guarda el helado y vístete que te tengo una sorpresa preparada. ¡Corre!-Pidió contenta.

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