sábado, 29 de diciembre de 2012

Capítulo 38.
Un millón de rayadas.

Cuando salimos a flote, me goteó todo el agua de la melena de Leo en la nariz, me di cuenta así de lo desmesuradamente cerca que estábamos y lo nerviosa que eso me ponía, de forma tan radical.
Separé los labios esperando un beso, él acarició mi labio inferior con el pulgar, se rió de mi cara de tonta y volvió a hundirse conmigo boqueando.
Entonces sí tragué agua.
lm-¿Qué, está rica el agua?
da-¡Ahora verás!-Grité a la vez que me desprendía de él para atacarle.
lm-Si esperabas otra cosa no tienes más que decirlo para recibirlo.-Sonrió acercándose a mí de nuevo.
Sentí que, quizás, yo ni siquiera era la propietaria de ese beso, que me creía más de lo que debía y eso volvió a abrir la herida que cicatrizaba en mi interior.
da-No esperaba precisamente que me hundieras.
lm-Ven tonta.-Puso morritos. No me moví, no esperaba ceder como una idiota a que me volviese a coger en brazos y volver a creerme quien realmente yo no era.-¿Eh, no vas a venir?-Preguntó avanzando hacia mí.
Con toda mi fuerza, le salpiqué en la cara.
Empezamos una gran guerra y cuando, oficialmente le hube dado una paliza histórica, por fin le dejé acercarse a mí.
lm-¿Sabes qué hora es? ¡La hora de quitarse el top?
da-Tu lo que eres es tonto de nacimiento, ¿o ensayas en tu tiempo libre golpeándote la cabeza y esas cosas?
Soltó una carcajada.
lm-Y me quito en bañador.
da-¿Y el calzoncillo que llevas debajo?
lm-No ha colado, ¿no?
da-Ni un poquito.
Comimos y salimos a la calle a dar una vuelta.
Paseamos por un mercadillo medieval, Leo llevaba una careta, hasta que nos encontramos una notaría.
da-¿Sabes lo tonto que pareces así con una careta por la calle?
lm-Lo supongo. Tengo que hacer unos trámites, ¿quiéres darte un paseo por aquí? Y en una hora y media vuelves...
da-Me parece bien.
lm-¿No te perderás?
da-¿Me consideras estúpida? He vivido aquí ocho años.
lm-Bastante.-Le saqué la lengua.
Entró en la notaría, esa fue la última vez que le vi antes de empezar a cumplir la lista de locuras que tenía en la cabeza y que irían en cadena aquella ruinosa semana. 
Me alejé de la notaría y me hice un plano mental de la ciudad, estaba en la parte rica, solamente tenía que bajar un par de callejuelas para llegar a la otra zona, donde yo nací, donde me había criado. Empecé a correr, quería llegar porque sabía que allí no habría un rincón que no recordara, allí seguro que me encontraría como en casa. Llegué incluso a recordar la dirección de aquella que, catorce años atrás había sido mi casa, y allí es a donde me dirigí.
Fue para mí una sorpresa ver que no había cambiado nada en la fachada, sólo que ahora tenía un serio problema de humedades, y que se había convertido en una tienda de tatuajes. Me senté junto a la puerta un momento. Lo pensé dos veces y ...tuve un arranque de coraje, me levanté y empecé a leer en la puerta la hoja que exponía los horarios de apertura de la tienda. Cuando estaba a punto de leer "los viernes" la puerta se abrió, me encontré frente a frente con un chico de mi edad, muy alto, delgado y con el cuerpo plagado de tatuajes. Tenía el pelo muy largo, con rastas recogidas en una coleta baja, los ojos verdes, una perilla que en absoluto le favorecía, y un pircing en la ceja. 
ser-¿Querés algo?
da-¿Cuánto puedes tardar en hacerme un tatuaje pequeño, casi todo en negro...?
ser-Media hora como mucho. Si no te quejás, claro...
Miré mi reloj, me quedaba una hora y veinte minutos para tener que reunirme de nuevo con Leo.
Entré en "mi casa"/tienda de tatuajes. 
ser-Sentate allá.-Señaló una silla medio destartalada.
Me senté y llevé la mano al monedero.
da-¿Cuánto me va a costar?
ser-A vos nada, Danielita...-Sonrió y dejó ver una dentadura verdaderamente perfecta. Para las pintas que tenía, no debía de haber probado un cigarro en la vida.
Recorrí catorce años con la mente, con siete/ocho años sólo conocía dos personas que me llamaran así, mi madre, y un niño alto, poco mayor que yo, que adoraba meterse conmigo para que le persiguiera y jugáramos al escondite, mi primo Sergio. No me lo creía.
da-¿Sergio?
ser-Me halaga que no me reconocieras antes.
Le abracé.
da-Hace catorce años, Sergio, estás cambiadísimo.
ser-Y vos guapísima...Dicen que allá te volviste a encontrar con Leo. ¡Y ahora hablas como todos los gallegos!
da-Españoles.
ser-Como sea.-Sonrió.
da-Es cierto, volví a encontrarme con Leo.
Empezó a abrir las agujas y me pasó una crema parecida a la vaselina para que me la fuese echando.
da-En realidad eso quería que me tatúes  un diez, y la palabra sueño, en negro.
ser-Es mi deber como familiar que no te va a cobrar preguntarte si estás segura, que si la cosa no sale bien...
da-Diré que lo admiro como futbolista.







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