viernes, 11 de enero de 2013


Capítulo 39:
La familia.

ser-¿Estás completamente segura de que quiéres hacerlo?
da-Segurísima.-Dije algo asustada, mirando la aguja que Sergio sujetaba en la mano derecha.
ser-Bueno, pues te va a doler un poquito.
Me moví la camiseta para dejar en su disposición completamente el hueso de mi cadera.
ser-Uf, ahí te va a joder bien eh!
Acercó la máquina y me ofreció su mano para que apretase.
ser-Uno. Dos y tres.
Una vez empezó, por mucho que me doliese, no me quejé, quería tener tiempo suficiente como para dar una última vuelta a solas por mi ciudad.
Notaba como la aguja atravesaba mi piel con velocidad, y cómo me ardía cuanto más se acercaba al hueso. Acabó, me echó un spray para desinfectar y un gran parche.
ser-Quitate el parche en dos dias, y ponte crema cada noche. Levantó los ojos y me pasó un tubo de crema.
Saqué cincuenta euros y se los di.
da-Cámbialos mejor en el banco, porque no creo que puedas pagar en muchos sitios en euros.
ser-No, pero gracias igual.
Miré el reloj, quedaban cuarenta minutos para tener que volver.
da-¿Quién queda por aquí?
ser-Sabía que me ibas a preguntar eso. Levanta con cuidado y cerramos y nos vamos a ver a los abuelos. Llama a Leo, le dices que te vas a retrasar, quedais en una hora o así en la fuente del ciervo, él sabrá llegar.
da-Sé hasta yo, y me fui antes que él, y nunca había vuelto.
Caminé junto a Sergio hasta la casa de mis abuelos. Sergio se colocó delante de mí y llamó.
Abrió la puera el abuelo.
ser-Traje a alguien.-Abrazó al abuelo.
Al principio él me miró con desconfianza, pero luego se quedó mirando mis ojos, y su cara fue cambiando, y sus comisuras se tornaron hacia arriba.
ab-¡Dani!-Me abrazó y empezó a darme besos por toda la cara.-¡Marta!-Gritó, llamando a mi abuela. Se acercó caminando mi abuela, ella estaba peor que el abuelo, tenía el pelo completamente blanco y un bastón la ayudaba a caminar. Tenía un millón de arrugas y los párpados caídos. La abuela soltó el bastón que cayó con fuerza al suelo, y recorrió toda mi cara con las manos, como si no pudiese verme. Sonrió. Sergio que estaba a mi lado, también se rio por lo rápido que la abuela me había reconocido.
Abracé a la abuela alzándola un poco del suelo. Cuando la bajé me pellizcó el labio.
mar-Daniela se ha enamorado.-Sonrió intensamente, dejando ver una dentadura grande pero bien conservada, para la edad que tenía.
da-¿Cómo os va?
ab-Bien, bien...-Respondió el abuelo, despacio.-¿Vas a quedarte?
mar-¡Qué poco se nota la experiencia, Carlos! ¿Cómo va a quedarse, no te das cuenta de que tiene novio?
ab-¡Ella no lo dijo nada! ¿Cómo me voy a dar cuenta vieja?
mar-Hombres...
Sergio soltó un par de carcajadas.
ab-¿Y quién es el novio?
ser-Es Messi.
Miré a Sergio con rabia, se rio.
ab-¿Ése quién es?
mar-Es ese chico que venía de chiquito a pedirme la pelota al jardín, porque la colaba jugando.
Al verles así hablando de Leo me di cuenta de lo realmente mayores que estaban, ya que no lo tenían como un orgullo nacional como el resto, ni como alguien medianamente respetable, sólo por un chiquillo que de pequeño colaba la pelota en su jardín.
ab-¡Ah! Ya recuerdo, era buen chico, le fue bien.
ser-¿Bien dices, loco? Dudo que a ese chico se le colase la pelota en el jardín, es un maestro, no perdió una pelota en la vida...
mar-No entiendes, Sergio, claro que no la perdía, la colaba a propósito para entrar y que Daniela saliese a jugar con él.
da-Está desvariando.-Le dije a Sergio en un susurro.
ab-Es cierto, ése chico cuando entraba la daba un abrazo, la quería mucho, eran muy muy amigos.
ser-Si lo dice el abuelo quizás no desvaríe como crees...-Me dijo Sergio, en voz muy baja.
Me tomé un mate con ellos mientras les contaba cómo estaba todo por España, y luego me fui corriendo a la fuente del ciervo.
Leo me esperaba con la mano sobre la cara, se ponía el sol y le daba el reflejo. Al verme se levantó y vino hacia mí.
da-Siento esto, es que he ido a ver a mis abuelos, porque me he encontrado con mi primo y...me han contado una cosita de ti.-Comenté guiñándole el ojo.
lm-Ay, miedo me estás dando.
da-Mis abuelos me han dicho que tu de pequeño colabas los balones en mi jardín para entrar en casa y que yo saliese a jugar contigo.
lm-Es muy posible.-Rio.-Pero que conste que no lo hacía con nadie más, a los demás les pegaba un grito, por si querían salir a jugar al fútbol.-Me guiñó un ojo burlón.
Cenamos fuera y luego volvimos al hotel.
lm-Que duermas bien, que mañana vamos a ir a un sitio que te va a gustar muchísimo.
Me abrazó y a mí, el olor de su pelo me hizo recordar algo.

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