sábado, 15 de diciembre de 2012
Capítulo 35:
Rosario bajo mis pies.
Ya que no sabía cómo entretenerme para que no me diese un ataque de ansiedad, empecé a prestarle atención a la película que había puesta, trataba de un hombre y una adolescente que se enamoraban. Al principio se ignoraban porque la diferencia de edad era demasiada. Después de esto se daban cuenta de que nada importaba, el chico buscaba a la chica que se había mudado para olvidarle, y la encontraba. Aquello me hizo sonreír, quizás detrás de mi paranoia quedaba algo de esperanza.
Por fín, después de tantísimas horas, en micrófono del avión se abrió.
"Atención viajeros, les habla su cuarto piloto, abróchense los cinturones, vamos a aterrizar, espero que el viaje les haya resultado placentero y corto, y que vuelvan a viajar con la compañía".
jai-Espera mal ése capullo, no sabe ni despegar sin desviar el ala izquierda.-Me reí, Jairo enfadado era muy divertido.
da-¿Te ha gustado la película?
jai-No, pero supongo que a vos sí como eres chica.-Reí de nuevo, decía lo que pensaba sin callarse nada, y aquello era realmente simpático en ciertas situaciones.
La azafata gritó.
az-Señores pasajeros, ahora sí vamos a proceder a la maniobra de aterrizaje, por favor, siéntense y abróchense los cinturones.
Hicimos caso.
jai-Bueno, esto parece nuestro final, mucha suerte con eso de tu chico, o lo que sea, y espero que volvamos a vernos.
da-Sí, gracias, seguro que nos veremos por ahí.
jai-El mundo es un pañuelo.
Lo abracé, el avión comenzó a inclinarse.
da-Gracias por haber estado veinte horas intentando entretenerme.
jai-¿Te diste cuenta?
da-No has utilizado la sutileza como arma que digamos.
El avión paró, Jairo miró por la ventanilla, estábamos en el suelo.
jai-Ha sido todo un placer.
Todo el mundo salió deprisa excepto yo, puesto que todo el mundo tenía un verdadero destino, o una familia que le esperaba abajo, mientras tanto yo pasearía por Rosario durante horas sin saber dónde meterme, o cómo llegar a lo que un día fue mi hogar.
Bajé del avión y esperé la última la cola que me devolvería mi maleta. Esperaba que no me la hubieran perdido porque entonces... Esperé casi un hora a que mi maleta llegase, al salir con ella rodando, era completamente de noche, y el aeropuerto estaba prácticamente tan vacío como el Prat, claro que siendo día de diario, y de noche, no me pareció raro.
Todas las personas de mi avión ya se había ido o esperaban un taxi en la puerta. Salí a la puerta, una silueta saltó buscando a alguien, detrás de ese chico moreno y nervioso seguían unas diez personas.
"¿Qué hace él ahí?"-Me pregunté.-"¿No debería estar en su casa, durmiendo?"
Me quedé quieta porque no sabía cómo reaccionar, quizás esperaba para llevar a algún familiar, o amigo. Se hizo fotos lo más rápido posible con las personas que le seguían y luego corrió a la puerta mientras buscaba con la mirada, me vio. Sonrió y corrió más rápido, driblando todo lo que tenía delante. Avancé lo más rápido que mi maletas y mis entumecidas piernas me permitieron.
Una vez estuvimos uno frente a otro frenamos.
lm-Lo sabía. Tenías que venir.
da-Y yo sabía que no me había podido volver loca.
Leo reprimió una risa frunciendo el labio hacia un lado.
Levantó la mano y me acarició la mejilla con suavidad, le sonreí lo mejor que pude.
lm-¿puedo...?
Asentí sabiendo qué se refería, llevó sus manos a mi cintura y me besó, mientras, yo me agarraba con fuerza a el cuello de su camiseta.
Tardamos tiempo en separarnos.
lm-No sabes cuánto echaba esto de menos.-Confesó al separarse, y me miró a los ojos, parpadeando varias veces.
da-Podrías haberme besado antes de irte.
lm-No lo supe...que me querías tanto como para venir sin saber...-Intentó aclararse a sí mismo las ideas.
Me cogió la maleta y se dio la vuelta.
Estaba tenso, fuimos a su coche y una vez dentro se relajó por fín.
lm-Llevo esperando en el parking durante casi dos horas.
da-Llevo volando durante casi un día.
lm-Vos al menos habrás dormido bien. Yo en cuando lleguemos tengo que irme a la cama.
da-No he dormido, es que estaba demasiado nerviosa, porque no sabía que haría al llegar.
Me miró el brazo escayolado, llevaba un rato doliéndome y se fijó.
lm-¿Estás bien?
da-Sólo es el cansancio.
Tardamos muy poco en llegar al hotel, en completo silencio.
Al llegar me puse el pijama y él un chandal y nos echamos a dormir, aunque a mí me costó un poco porque estaba muy emocionada, iba a despertarme a su lado como si nada, podría abrazarle mientras dormía, mirarle, sentir su respiración acompasada. Hacía demasiado que no conocía esa adorada sensación.
Claro que yo veía cómo mi felicidad llegaba con demasiada prisa, y dicen que lo que rápido viene, rápido se va.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario