martes, 28 de agosto de 2012


Capítulo 18  0--',---<
Al día siguiente me levanté de los nervios, incluso pensé que había perdido dos kilos de tanto moverme por la noche. Era mi primer partido y no sabía cómo tomármelo. Nunca había entrado en un estadio y mucho menos visto un gol tan de cerca como los tres que confiaba en meter Leo.
Podía resultar complicado de creer, pero ya estában todos acostumbrados, y yo le creía firmemente.
Estuve dando vueltas por la casa toda la mañana sin saber qué hacer, o dónde meterme, ¡o qué hacer!
Realmente era aburrido y no tenía más que mirar a mi alrededor para darme cuenta de que la casa estaba muy sola, más de lo normal.
Me duché, comí y empecé a prepararme para por la noche, me alisé el pelo, me puse la camiseta del Barça, me maquillé un poco y esperé sentada haciendo zapping a que llegase la hora de salir.
Después de mucho esperar, llegaron las siete. Salí, cogí el coche y me fui directa al estadio, muy nerviosa, me temblaban los pies y tenía miedo de ir dando acelerones y frenazos, pero canalicé mi energía apretando con más fuerza el volante.
Una vez en el estadio, saqué mi carnet y me dejaron pasar por la puerta del túnel de vestuarios, la oficial.
Me indicaron qué hacer, dónde ubicarme etc.
Cuando salieron y le vi fue como...como beber agua helada en el desierto, es una emoción tan intensa que no tiene nombre. Llevaba más de veinticuatro horas sin verle, cosa que no había ocurrido desde que llegué a Barcelona. Me sonrió al verme y acercándose y tapándose la boca para que no le leyesen los labios las cámaras me dijo:
lm-Tengo un regalo para vos.
da-Y...¿No vas a dármelo ahora?-Pregunté impaciente.
lm-Luego.-Respondió contento.
da-Suerte.
lm-No la necesito, te tengo aquí. No hay más.
da-No te pongas tan chulo que te lesionará el karma.
lm-Pues juego a la pata coja. Pero hoy se llevarán tres goles. Lo necesito.
da-No me parece mal del todo.-Sonreí y se adelantaron al terreno de juego.
Busqué a Pep para que me indicara qué hacer, con la altura de los jugadores, no fue difícil ya que él es de los más altos.
da-Mister, y yo ¿qué hago?
pg-Pues ponerte al lado mío y de Tito, Daniela.
Los chicos se saludaron con los jugadores del Getafe y salieron al campo a calentar.
A mí los minutos de calentamiento se me pasaron infinitamente rápidos porque aquello era tan colosal, tan lleno...me producía hasta ansiedad, me hacía sentir minúscula.
Empezó el partido y todos se colocaron en sus posiciones, hasta Leo que estaba muy nervioso se colocó y mantenía la cabeza girada hacia detrás, espectante a la espera de que le llegase un buen balón, pero había algún problema en el centro, quizás porque no jugaba Iniesta, y no le llegaba ese balón.
Cuando llevaban ya veinte minutos, aún seguían empate a cero, hasta que algo en el cerebro de Leo dijo "basta", y corrió a la carrera hacia la portería, se dejó atrás a dos defensas y regateó al portero en una de esas que se le dan tan bien a él, y por supuesto, no iba a fallar después de eso, solo tuvo que empujarla.
Primero miró al banquillo para encontrar su mirada con la mía, después a Pep para asegurar su aprobación en la cara y luego vaciló un instante antes de girarse a abrazar a los chicos, Gerard estaba serio pero finalmente no pudo evitar reírse. Cogió a Leo y lo levantó lo más alto que pudo.
Siguió el partido, todos un poco más tranquilos por ese gol de Leo que nos daba la victoria por la mínima, Leo miró a Pep esperando un asentimiento que le indicase que podía torturarse hasta conseguir mil goles, y Pep, riéndose, asintió.
pg-Ahí va el pichichi.-Comentó a Tito con entusiasmo, como si aquella fuese una frase clave, ¿quién no querría serlo?
En unos segundos vi a lo que se refería Pep, Leo regateaba a la gente como si fuesen farolas, parecía estar llevando todo el equipo a sus espaldas, y no le pesaba. Fue una de esas inéditas demostraciones que dejaban a la grada con la boca abierta, e hizo unas cuantas más en la primera parte, pero no llegó más a la portería.
En el descanso entraron al tunel y se sentaron, Leo no dejaba de reírse y se sentó junto a Gerard y junto a mí.
lm-Pues ya me queda uno menos para llevar tres.
No hablaron más, entraron al vestuario y yo esperé en la puerta a que saliesen, salieron diez minutos después, bantante nerviosos, seguramente por el rapapolvo que Pep les debió dar.


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