sábado, 14 de julio de 2012
Capítulo 4 :)
da-Os voy a echar de menos, os quiero mucho...-A todos, incluso a ella se le escapó una lágrima.
Daniela dejó su maleta y entró en el área de su avión, saludando a través del cristal gruso y firme que les separaba, acompañado de la distancia que iba aumentando.
Se veían sus lágrimas, a la carrera por encontrarse con el suelo, finalmente subió al avión, intentando mostrar más valentía de la que realmente tenía. Sus amigos dejaron de verla, y ella a sus amigos.
Se sentó donde la indicó la azafata, se relajó lo máximo que pudo, que no fue mucho.
Sabía que iba a ser envidiada por mucha gente. El miedo continuaba en ella por mucho que se autoconsolara, no creía en sí misma.
En media hora estaba aterrizando, a la salida, ya con su maleta recogida, la esperaba un taxi, la habían comunicado que un taxi la acompañaría a su aparcamiento, y que por la mañana, mientras la encontraban un coche de empresa, otro la llevaría al gimnasio donde trabajaría.
tax-Bon dia.
da-Bon dia.-Repitió.
tax-¿Daniela Piatti?
da-Sí.
tax-Suba, la llevo a su apartamento.-Y la entregó unas llaves.
Su apartamento resultó estar a menos de treinta minutos del Prat, era un enorme ático con vistas al mar, muy moderno y bien equipado. Los muebles en rojo metalizado y negro.
Revisó todo su apartamento. Había luz, agua, y los electrodomésticos funcionaban, todo estaba perfecto.
Cuando se fijó en la mesa del salón se dio cuenta de que había un cuaderno sobre ella. Aunque era poco curiosa, generalmente, se percató de que si aquel cuaderno estaba allí era por algo.
Se sentó en el sofá y lo abrió.
Se equivocaba, no era un cuaderno, era un archivador con los datos de trabajo. En él se encantraban las fichas de todos los lesionados de sus primeros días. La lesión, gravedad, tiempo de recuperación máximo...
Ninguno más de diez días, y un nombre, el nombre de cada uno de los jugadores. Entre los cuatro que tendría que tratar hubo uno que la llamó más la atención que los demás:
Messi, Lionel.
Los otros tres nombres eran:
Piqué, Gerard; Bartra, Marc y Cuenca, Isaac.
El que más tenía era Piqué, ocho días si la cosa salía bien.
Eran las dos de la tarde, y el hambre me llamó con un caractarístico sonido estomacal.
Se levantó y abrió la nevera, no había nada que la apeteciese aquel día.
Cogió las llaves y bajó a probar el bar de enfrente, una hora después salió bastante contenta, todo hay que decirlo.
Volvió a casa y decidió colocar su maleta, pero no era un armario lo que abrió. Tras aquella puerta había unas estrechas escaleras, sintió que no debía subir, no sin preguntar...¿Pero a quién? ¡La casa era suya! Podía hacer lo que quisiera.
Despacio, tras las escaleras lo único que vio era una puerta, se escuchaba el silvido del viento a través de ella. ¡Era una terraza! Subió el pequeño tramo que quedaba de escaleras corriendo y abrió.
Era una gran terraza. Había un gran toldo rodeado de macetas con rosas rojas y...¿Una cama? ...un jacuzzi y una mesa de cristal, con sus sillas a juego...Aunque no fue nada de aquello lo que más la impresionó.
Se asomó a la terraza, sentía que estaba viendo absolutamente toda la ciudad condal, era increíble, pero desde luego era cierto, a lo lejos, aunque no más que otras cosas, vio la inmensa silueta del Camp Nou, y hacia el otro lado, los picos de las torres más altas de la Sagrada Familia.
Se fijó en el cielo, ya comprendía para qué estaba la cama. Era más cómodo que una tumbona y...segura estaba que desde allí, por encima de las farolas y de las luces de casi todos los edificios, las estrellas se veían
impresionantemente bonitas, y pasó allí un par de horas. Ya estaba convencida, había perdido el miedo, se encontraba en la ciudad de sus sueños.
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