Capítulo primero:
Se escuchaba el goteo de la lluvia a través de la ventana, Daniela observaba la calle, oscurecida por una espesa niebla que rodeaba la ciudad aquella triste mañana de abril. Daniela estaba sentada en el sillón, sola. En una mano, sostenía su matutina taza de café, y en la otra tenía su peluche favorito. Lo tenía desde que era muy pequeña, no era una adolescente más bien adulta, reprimida ni nada parecido, pero cuando estaba sola, hacía mal tiempo y quería compañía se abrazaba a aquel perrito desde que nació la había acompañado en su soledad: Dody. A sus veintiún años, acababa de terminar sus estudios y en muy pocos días, tendría que prepararse para ir a su nueva casa, nueva ciudad e incluso nueva provincia. Ella era argentina, nacida en Rosario, pero a sus ocho años se había mudado a Aragón (Teruel, concretamente). Todo fue por su padre, los problemas económicos les habían perseguido por muchísimo tiempo, pero cuando murió Mercedes, su madre, todo empeoró y lo que hasta entonces había sido una idea para la humilde familia argentina, se había convertido en un hecho para ella y Rafael, su padre, que necesitó año para superar por completo la pérdida de su bella esposa, la única mujer de la que había estado enamorado, pero no tuvo tiempo de lamentaciones, apenas un mes después de la muerte de Mercedes, cogieron un avión a España, dispuesto a perderse por completo, olvidar y separarse de todo lo que le recordase a Mercedes.
Su hija Daniela, sí, ella fue la que hizo que adoptara la idea de irse por completo, él sabía que en su país y sin madre, no tendría un futuro muy prometedor, ¿y qué si no tenía trabajo? Allí tendrían una vida mucho más digna.
Bueno, al grano, Daniela estaba a poco de contarle a su padre que se iba por, quizás, mucho tiempo, que debería coger un tren para verla. Así es la vida, se había ganado un buen puesto un muy buen puesto que no podía desperdiciar porque era una gran oportunidad que le daba la vida.
Después de tantos años de sacrificio, al fin conseguía esos resultados tan esperados.
A las doce su padre llegó del trabajo. Ella seguía acurrucada en el sillón admirando la lluvia, aunque ahora no con la taza de café.
da-Buenos días papi, ¿qué tal el turno de noche?
ra-Bien hija, bien. He tenido que operar dos urgencias...nada demasiado grave.
da-Me alegro.-Respondió, se levantó y dio un beso a su padre.-Papi, tengo dos noticias, una buena y otra mala.
ra-Empieza por la mala.
da-Me voy.
ra-¿A dónde?
da-A Barcelona.
ra-No sabes Catalán! Además...¿Dónde vas a vivir?
da-No te preocupes, me las arreglaré sola.
ra-Dame la buena noticia anda...
da-Me voy porque he conseguido un trabajo en el que cobro casi tres mil euros al mes.
ra-¿Entonces....cuándo dices que te vas?.-Sonreí.
da-El lunes me voy, el martes empiezo y...
ra-¿De profesora de gimnasia en un colegio privado o algo así?
da-No, de preparadora física de futbolistas lesionados, ¡en el Barça!
ra-De verdad...¿te contrataron?
da-Papá, no he estudiado preparación física medicinal para ser profesora en un colegio.
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