miércoles, 4 de julio de 2012
Capítulo 43 :)
Recogimos todo, fuimos juntos a un restaurante para desayunar y más tarde fuimos a ver cómo le quedaba el traje.
i-¿Pero cómo se puede ser tan guapo?-Salté en cuanto salió del probador.
Gerard al ver mi reacción se irguió con exceso de orgullo, se puso de puntillas, levantó los cuellos de la camisa y arrugó los labios, a la vez que se concentraba en poner su mirada más seductora, y creedme, le salió.
Sara y yo empezamos a reirnos al unísono mientras él, contento de haber causado nuestras risas, volvió a colocar los cuellos en su sitio.
i-Estás muy guapo, para que lo sepas, Geri. ¿Te pinto los labios?
gp-¿No?
sa-Es una de las opciones.-Rio ella con él.
Gerard nos acompañó a casa y entró para hablar con Leo y Rò.
gp-No duermas con esa víbora.-Me señaló.-Te quiere maquillar, y mañana tienes que estar guapo que no quiero que vallas dando el cante.
l-Pues, lo siento, pero no tengo tanta fuerza de voluntad como para no dormir con ella...lo intentaré.-Rio Roberto, que esa misma tarde sería mi objetivo de pruebas estilísticas, aunque él no lo sabía.
i-Rober, cariño, no te rias tanto.-Gerard y Leo retrocedieron compadeciéndose del pobre chico, Sara se rio a mi lado.
Gerard se fue y llevó a Sara a casa, cosa que hizo mucha ilusión a Ibi porque empezaba a preocuparse.
Por la tarde, después de comer, até a Roberto a una silla y le maquillé, me quedó perfecto, así me haría yo al día siguiente, a todo esto debemos sumarle a Leo haciéndole fotos.
l-Cuando seas balón de oro...subiré estas fotos a twitter...te va a encantar.
Después de desmaquillarse se fue a la cama. Leo y yo nos quedamos hablando.
Mientras cenábamos temblaba y me daba respuestas lacónicas "sí, no ...no lo sé..." entonces creí entender lo que le ocurría.
i-¿Te ha pedido Gerard que hables en la boda?
l-No, él no me haría algo así, pero es mi amigo, y ...ya sabes, quiero hacerlo.-Se le daba tan mal mentirme que supe que me ocultaba algo, pero preferí esperar. Le miré como se mira a los niños pequeños, con esa mezcla de ilusión por lo que les queda por vivir y compasión, obviamente por la misma razón. Él me contestó con una risita nerviosa.
i-Lo harás perfecto, como siempre.
Leo se fue a la cama también, aunque no a la nuestra porque no le "apetecía" ser maquillado...aunque yo no tenía ninguna intención de maquillarle mientras dormía.
Por la noche, no podía dormir así que le busqué por las habitaciones hasta que él me oyó y salió al pasillo a mi encuentro. Todo estaba oscuro y no veía nada, me cogió en brazos y grité, aunque me tapó la boca, chitó en mi oído.
l-Soy yo.-Susurró. Mi corazón se relajó y le abracé.-¿Qué te pasa?-Preguntó sin dejar de abrazarme.
i-Quería estar contigo...y no te encontraba...estaba asustada.-Hizo un esfuerzo horroroso por no reirse.
l-Podrías haber dado la luz.-Me encogí de hombros ante mi despiste.
Me apretó entre sus brazos y volvió a la cama conmigo. Cuando nos tumbamos me aferré a él como si fuese un osito, él se rio, le encantaba que me asustase, dadas las ya sabidas consecuencias de aquello, el hecho de abrazarle con tanta fuerza como mis brazos y piernas me permitiesen y después, el hecho de que me quedase dormida junto a él, que era mi héroe, y me sacaba de todas las pesadillas a base de besos por las mañanas.
l-Te quiero.-Susurró el mi oido poco antes de que me quedase profundamente dormida, y yo nunca supe si era un sueño, y aún estaba despierta, aunque sentí la calidez de sus palabras en mi oreja.
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l-Baja ya.-Gritó por la tarde.-Son menos cuarto.-Volvió a gritar mientras yo acababa de colocarme los pendientes, y Roberto tiraba de mi vestido cual niño pequeño, sin darse cuenta de que así solamente me retrasaba aun más.
Por fín acabé, y cuenta de ello me di al echarle la última ojeada a la mujer del espejo.
i-Voy.-Grité con suficiente fuerza como para saber que mi grito llegaba a oídos de Leo, atravesando la distancia de la casa.
l-Bueno, si llegamos al desayuno de mañana en lugar de a la cena de esta noche, al menos te nutrirás de algo que no sea de maquillaje.-Se burló.
i-O te como a ti.-Me había hecho gracia, pero evité reirme, cuando Leo no me veía risueña se esforzaba más para que le sonriese...
Los dos iban impecables y yo...divina (?). Anduvimos hasta la iglesia en un paseo que se hizo muy largo, cuando llegamos una concentración de famosos, aguardecidos por una hambrienta jauría de paparazzis nos esperaban.
Entramos dentro para resguardarnos y nos sentamos a la espera de la novia. Me senté con Sara a un lado y Leo al otro, para poder comentar con Sara el vestido, nos sentamos en la séptima fila, al otro lado de Sara, estaba Ibrahim, como siempre, aunque de algún modo, teníamos a ambos marginados porque Sara y yo nos interponíamos a sus conversaciones de hombres como una gran muralla. La música comentó y todos nos pusimos de pie, me fijé en Gerard, le temblaban las piernas y la nuez.
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