miércoles, 4 de julio de 2012
Capítulo 42 :D
Al contrario de lo común, no hubo "boy" aquella noche, sólo fuimos a un karaoke y luego Shaki nos enseñó a bailar el Waka Waka.
Volví a las tres, me metí en internet, la prensa no hacía más que baticinar bodas, por un lado, la de Geri y Shaki, y por otro, la mía con Leo, y obviamente, no se equivocaban, a demás de que había imágenes de Leo poniéndome el anillo en el Camp Nou, lo cual evidenciaba lo evidente. Leo y Rò llegaron a casa después de que yo me duchase, con los ojos entrecerrados por efecto del sueño, en el caso de Leo y con las pupilas dilatadas por efecto del alcohol, Roberto...
Leo tumbó a Roberto en el sofá y este intentó levantarse, pero se desviaba demasiado.
i-¿Qué le habeis...?
l-Se ha empezado que decir que ganaba a chupitos a Puyol...y no está acostumbrado...
ro-Aún así he ganado.
Leo empezó a reirse y asintió...
i-Roberto, te has pasado.-Le abronqué, aunque pronto supe que a la mañana siguiente su propio cuerpo le daría una buena charla...lo dejé estar.
Algo celosa me acerqué a preguntarle algo a Leo que me picaba bastante.
i-¿Ha habido chicas?
Leo rio con picardía para asustarme un segundo y después colocó de nuevo un semblante más serio y adecuado a la pregunta.
l-¿Por quién me tomas? Con una tengo de sobra...-Me guiñó el ojo. Suerte...se refería a mí.-¿Y chicos?
i-Tu eres un chico...y que sepas que eres el más guapo que he visto esta noche...Hemos ido a un karaoke.-Cambié de tema.
l-Nosotros a los cars y luego de copas, y le hemos disfrazado de hada.-Inhaló aire para soltar más tarde una grave carcajada, estaba algo afónico.
Empezamos a acaramelarnos y Roberto se levantó del sofá y tambaleándose, hizo mutis por el pasillo, no sin antes decir alguna de sus frasecitas...
ro-Vale, no miro, buenas noches.-Gritó tapándose los ojos. Entró en la habitación de color azul de la casa de Leo, donde había decidido instalarse hacía ya unos días.
Leo y yo nos dormimos tran un ratito de "mimos".
Me levanté tan pronto como el sol, Sara y yo habíamos quedado con Gerard para ver cómo le quedaba su traje y que descargase sus chorradas con amigas, que era lo que necesitaba antes de la boda.
Llegué a casa de Ibrahim, me abrió el la puerta.
ia-¿Vienes a secuestrar a mi niña?-Tartamudeó un poco ante la complejidad de la palabra "secuestrarla".
i-Espero no tardar mucho en devolvértela.-Asintí con una sonrisa.
Sara apareció por detrás de él con una camiseta blanca unas mayas grises y el bolso colgado del hombro.
sa-¿Nos vamos?
La saludé con bastante efusividad a pesar de que apenas llevaría cinco horas sin verla. Ibrahim la besó antes de cerrar la puerta.
Nos dirigimos andando a la playa, que no estaba lejos, donde Gerard nos esperaba bastante ansioso, mirando al mar sentado sobre su toalla, ya extendida, sólo estábamos nosotros porque eran las ocho menos cuerto de la mañana.
Sara y yo nos sentamos a su lado sin hablar, Gerard se mantuvo un minuto serio, mirando al horizonte con un brillo apagado y muerto en los ojos.
El silencio desaparecía cada vez que una ola rompía contra la orilla y cada vez lo hacías con más fuerza, pero Gerard seguía sin inmutarse.
Decidí ser yo la primera en hablar puesto que la tensión ya se podía cortar con tijeras.
i-¿Te vas a afeitar?
Gerard me dedicó una sonrisa traviesa que rozaba lo malévolo.
gp-Me caso mañana y a ti lo que más te preocupa es mi barba. Nunca cambiarás.-Rio con ironía y yo le miré afendida, él leyó la ofensa en mis ojos y muy cortés respondió antes de que le mandase a la mierda.-Ni quiero que lo hagas.-Terminó la frase pellizcándome la barbilla.
sa-Entonces...¿Vas a afeitarte?-Gerard se rio por fín y esta vez sin ironías.
gp-No, pero he pensado en cortarme el pelo mucho, como cuando...
sa-Cuando llegaste de Manchester.-Gerard asintió en respuesta.
i-Estás más guapo así.-Agachó la mirada como si hubiese visto una moneda en el suelo.-¿Qué te preocupa?
gp-Me voy a casar...no es eso lo que me preocupa pero...¿tu crees que ella quiere?
sa-Nunca he visto a nadie tan emocionado con la idea de casarse, como a ella.-Sara le sonrió tranquilizadoramente, y él respiró tranquilo.
Yo me reí de la afirmación de Sara, sabiéndome la mujer más feliz del mundo, por el hecho de ir a casarme, una boda que por cierto, aún no habíamos anunciado más que a Roberto, mi madre y sus padres.
De la manera más racional posible, concienciamos a Gerard de que Shaki le quería tanto como él a ella y de ahí sacó fuerzas para recoger la toalla.
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